lunes 18 de agosto de 2008

Acaso un sueño

Por Eduardo Mesa

Termina la Jornada Mundial de la Juventud en Sidney, los jóvenes regresan y la Iglesia se prepara para la próxima cita en Madrid. El Papa Benedicto decidió continuar con estos encuentros que comenzaron en tiempos de su amigo el Papa Juan Pablo II.


Desde entonces, cada dos años, los jóvenes se reúnen con el Papa y es una fiesta para la esperanza; por unos días se olvidan las fronteras y los idiomas, los jóvenes católicos venidos de todos los confines de la tierra testimonian la universalidad de la Iglesia y anticipan con su fraternidad un futuro, quizás no muy lejano, en el que la humanidad se abraza.

En Manila, hace ya algunos años, viví a plenitud la experiencia de estos encuentros; allí escuché testimonios de varios jóvenes que vivían en países de mayoría mulsumana y entonces supe que, a pesar de todo, no me había tocado lo peor.

Fue en Manila donde el Papa me dijo con voz firme que no tuviera miedo, en aquellos días confirmé mi fe y cuando tengo miedo lo recuerdo y mi fragilidad no me espanta.

La Iglesia de Miami celebra misa en diecisiete lenguas, imagino cómo será en New York, en los Ángeles; América anticipa el futuro de una humanidad mestiza y su Iglesia expresa en el presente aquello que vendrá a saludarnos muy pronto.

En Semana Santa, en los oficios del Jueves Santo de una parroquia de Miami Lakes reconocí el espirítu de Manila. Fue una celebración emotiva, hermosa, que entre cantos y oraciones rituales en inglés y español me trajo la esperanza de la comunión. No me fue difícil rezar aquella cena en que el maestro lavó otra vez los pies de unos discípulos que eran de aquí y también de Bombay, de Quito, de Bogotá o Moscú.

No debe extrañarnos que el Papa Benedicto, conocedor de las ideologías que sembraron en el pasado siglo tantos horrores, manifieste su simpatía por este país, fundado en el respeto a la Constitución, a las leyes que emanan de la misma y a valores como la religión, la familia, el trabajo y a un permanente llamado a la responsabilidad personal, valores que propician la bondad y la confianza que distingue a este pueblo, sentimientos arraigados en los hombres y mujeres que han nacido libres.

No debe tampoco extrañarnos que Juan Pablo II intuyera la fuerza de una Iglesia Continental que fuera desdibujando el esquema del Sur hispano y el Norte anglosajón. Benedicto confirma con los gestos de su reciente visita a la Iglesia de Estados Unidos de América que esta Iglesia Continental es casi inevitable y que el español y el portugués tienen gran peso en cualquier futuro.

El Papa Benedicto comprende y respeta al Norte con su escrupulosa división de poderes, su vocación democrática, su solidez ética. El Sur precisa de estos valores para andar por senda segura. El movimiento migratorio de hispanos hacia Estados Unidos y Canadá es imparable, los hispanos traen una familia en donde conviven varias generaciones, una praxis pastoral misionera y grandes, y a veces desordenados, deseos de triunfar. Son muchos los que llegarán en los próximos cincuenta años y somos muchos los que ya estamos aquí.

Sueño que esto que hoy ocurre ha de ser un bien en ambas direcciones, los inmigrantes hispanos influirán positivamente en el devenir de una democracia real para los pueblos latinoamericanos y traerán al Norte la fuerza de los hombres y mujeres que desean para ellos y para sus hijos un futuro mejor.

No quisiera terminar este sueño sin pensar que nosotros, los cubanos, tenemos parte activa en ese futuro que, sin lugar a dudas, supera el ámbito de cualquier proyecto eclesial. Mucho han de aportar los cubanos del exilio y sus hijos cubanoamericanos con su experiencia de integración, que no es asimilación, y que participa de la política, la economía, la ciencia y la cultura a unos niveles que siempre me enorgullecen y a menudo me asombran. Mucho pueden aportar los que viven en Cuba, que a pesar de cincuenta años de dictadura "marxista y antimperialista" ven con gran simpatía y admiración al coloso del Norte, quizás como ningún otro pueblo de América Latina.

Los católicos cubanos de la Isla y del exilio y en un modo privilegiado sus respectivos obispos pueden informar positivamente un proyecto eclesial continental; nuestra singular relación con Estados Unidos de América y nuestro conocimiento del mismo no deben desdeñarse.

El jueves fue el open house en la escuela del niño que comienza este curso su kindergarten. La lista con los nombres de sus compañeros de clase y un juego que han ganado los Marlins me ha hecho pensar otra vez en estas cosas. No importa que esto sea al fin y al cabo un sueño, ¿acaso un sueño no es el preludio de las mejores cosas?

viernes 25 de julio de 2008

Soliloquio

Por Eduardo Mesa


Qué será de la vida de Arsenio el chivatón… El otro día soñé que me encontraba con él, estaba en un parqueo en Hialeah cuando de pronto me saludó un sonriente Arsenio, aquello era una pesadilla y no un sueño.

Arsenio el trompeta colgó el uniforme del MININT y se fue en una balsa, en la cuadra nos quedamos locos, vino para Miami y aquí está. Nunca me he tropezado con él y me alegro, pero sé por los socios del barrio que vive en Miami y conociendo a Arsenio debe andar por ahí haciendo de las suyas porque el que chivatea tantos años no abandona el oficio.

A lo mejor es dueño de una agencia de viajes y envíos y el dinero que le mando a la vieja lo cuenta Arsenio, cualquiera sabe quién es quién en Miami. Si me lo encuentro, no le puedo meter ni una galleta porque llama al 911 y tengo que pagarle las vacaciones en Cancún.

Si lo veo, a lo mejor lo invito a una frita y a una malta con leche para decirle: ¡Arsenio caray, qué chivatón tú eras mi hermano!, ¿te acuerdas de chevrolet del 52 que te compraste o le quitaste a alguien? Fui yo el que lo abollé, por los noches me subía a la azotea del 510 y le metía a tu almendrón del 52 una tanda de piedras y papas viejas y una pilas de radio que tenían el dibujo de un elefantico blanco, hasta que lo abollé y eso que todavía no habían apagones. Sé que le va a costar comerse la frita porque él estaba enamorado de su carrito pero yo le diré: traga, toma malta y traga, que lo que nos jodiste daba pa’ abollarte la cabeza y diez carros.

En la Habana de los ochenta se respiraba socialismo eterno, había más de un Arsenio y la arrogancia verde olivo paseaba por las calles. Sabíamos que aquello no servía, pero no sabíamos nada más, yo me encaramaba en el tanque del agua del edificio para ver trabajar mis palomos al robo y la vista se me perdía en el mar. Si vinieran los yankis, si la bahía se llenara de barcos y la Habana de americanos rubios y grandes que le cayeran a patadas a Arsenio. Creo que tuve mil veces ese sueño y dulces fueron los días de la primera guerra de Irak cuando Sadam perdía a regañadientes en el Granma y en el noticiero.

Pero los yankis nunca invadieron y mi socio el Válvula no pudo estrenar una bandera americana que hizo con retazos, y tuvimos que seguir oyendo la cantaleta de los que regresaban del Servicio Militar hablando de la supremacía del armamento ruso, mientras la Unión Soviética se desmoronaba.

Cuando Kennedy embarcó a los cubanos en Girón yo no había nacido, de lo que viví en Cuba los viajes de la Comunidad es lo más parecido a una invasión. Fue en el 78 cuando los “gusanos” regresaron convertidos en mariposas con el éxito de la libertad a cuestas y dejaron la isla repleta de preguntas que todavía no tienen respuesta. Era un niño y recuerdo el olor de las maletas que traía mi abuelo, el sabor de los primeros chicles que probé y los relatos sobre su vida en un lugar distinto, donde podías comprar los juguetes en cualquier mes del año y tomarte un jugo de melocotón en el almuerzo. Los cuentos del abuelo me dejaron una inquietante certeza: vivíamos en el lugar equivocado.

Quizás Arsenio compartía en secreto esa certeza, por eso aquel afán de tener un carro y esa fuga en balsa que nos dejó atónitos. Él, aunque enfundado en su escafandra verde, conoció también el descontento que dejaron los viajeros del 78 y conoció el Mariel, la primera estampida de hombres nuevos que no querían ser como el Che.

La última invasión que ha llegado a la Isla es la de los pollos. Los pollos que se venden en Cuba son de Texas y han invadido los mercaditos en divisas. Los turistas románticos y los diputados izquierdistas que visitan la Isla comen pollos yanquis. A lo mejor la sopa que le dan al cadáver de Fidel es de un pollo grande de Ohio.

Los americanos no mandaron sus aviones en Bahía de Cochinos, ni los marines que esperé tanto tiempo, pero ahora mandan pollos grandes que viajan solos, que es mejor que mandar los marines a repartirlos. Seguro que en Cuba hay muchachos decepcionados por esta invasión de pollos pelados, muchachos que esperan ver la bahía cubierta por los barcos del Navy. Nadie lo va a decir, pero yo estoy seguro que muchos lo desean. Es mejor que no sueñen milagros.

El otro día fui a ver al abuelo, tiene el pelo muy blanco y ronda los noventa, no he podido contarle las cosas que pensé después de su viaje, me fui de Cuba en julio del 2000, veintidós años después de su visita. No imagina lo que significó en mi vida su corta estancia del 78, no sabe que es en buena medida el responsable de un anhelo de libertad que, desde entonces, me acompaña siempre.

miércoles 9 de julio de 2008

Desde Cuba

Un portal interesante: http://www.desdecuba.com/

miércoles 18 de junio de 2008

Guevara


nunca visitaré la tumba que te guarda

no me conmueve tu valor
me apena
el peso del morral
lleno de odio

y no importaba matar
ni morir

esa liturgia que han hecho de tu ausencia
es un insulto a la virtud

nuestros hijos acercan el tiempo de olvidarte

en mi cronología eres un fantasma
que disgrega
que espanta

procuraré no hablar de ti jamás

(Eduardo Mesa, La Habana, 1998)

viernes 23 de mayo de 2008

Arden los Everglades

Por Eduardo Mesa

Arden los Everglades, huele a quemado, Mayo termina sin aguaceros y los candidatos se dan cita en Miami. McCain se reúne con expresos políticos, Obama preside un almuerzo de la muy poderosa Fundación Cubano Americana; el voto cubano bien vale un café o un pastel de guayaba, pero los acuerdos y las alianzas no se cocinan en Versailles.

Coinciden los augurios en que la ley de ajuste tiene los días contados, si usted quiere venir no se abandone, los nuevos exiliados no tardan en regresar a la Isla y el congresista Linconl Díaz-Balart advierte que es difícil de explicar esta ley a sus colegas. Si gana Obama puede que se evaporen las restricciones, si Mcain gana puede que se diluyan, con uno u otro aumentará la ayuda humanitaria en “alimentos” que valorada en miles de millones incluye hasta el papel del Granma.


Aquí dicen que la ayuda humanitaria se la cobran en efectivo al gobierno de Cuba, un gobierno que no tiene efectivo porque lo gasta en mantener activas sus cuentas secretas y su policía.

Obama y McCain terminan por decir las mismas cosas, para Cuba todo dependerá de la agenda de cincuenta estrellas, nosotros no tenemos agenda común, ni libreta, ni cartucho. Nosotros tenemos una dictadura que se reinventa con la mentira y una rana que invade los cuartos eléctricos de la Florida, provocando cortocircuitos porque se mete donde cabe y no debe. Por suerte Fidel Castro está muerto sino estaría clamando por estas ranas "héroes" que llegaron a finales del XIX o principios del XX.

Hoy el cielo era azul y olía a quemado, no me siento extranjero a pesar de todo, da lo mismo que ande por Fort Lauderdale o por Broward, voy por la 8 Avenida del West oyendo a Alvarez Guedes y es que los cubanos sólo nos ponemos de acuerdo en tres cosas:

En que no hay mujer como la cubana.

En restituir la Constitución del 1940.

En los chistes de Alvarez Guedes.

Yo no estoy de acuerdo en restituir la Constitución de 1940, pero con tal de no formar más lío la acepto y me callo. Si pudiéramos ponernos de acuerdo en algo más, establecer unos acuerdos minímos para las trescientas organizaciones y los 13 millones de líderes que tenemos y somos. Si en vez de sacarnos los trapos sucios y afilar el ego encontráramos motivos de concertación y encuentro qué bien nos haríamos.

El otro día oí en la radio cómo le quitaban el teléfono en una cárcel de Oriente a José Daniel Ferrer García, prisionero desde la Primavera Negra, escuché las cosas que dijo antes que decidieran quitarle el teléfono y tuve que quedarme un rato en el parqueo. No sé qué hacemos por esa gente, jugando a republicanos y demócratas, ensayando absurdas meritocracias, ensalzando a unos opositores y desprestigiando a otros, preocupados por poner una pica en Flandes.

A veces tengo la sensación de que alguien se está riendo de nosotros cuando veo personajes que hasta ayer eran gerifaltes de mayor o menor alcurnia en la Habana y hoy monopolizan los programas de televisión y de radio, pontificando incluso de lo que no conocen y casi son héroes por huir cuando el barco se hunde, lo peor es que algunos aderezan los chismes y miserias del oscuro palacio con la charla patriótica, le zumba el mango.


Cuando veo estas cosas me acuerdo de mi amigo Raúl León, que solía referirse a los "vacafieras", esos que sintetizan lo peor del comunismo y lo peor del capitalismo, el "vacafierismo" es una ideología con futuro y tendrá sus escaños, pero ya no me espanto, vivo en Miami y soy libre, es muy probable que nadie me haga caso pero puedo decir lo que quiero: creo en Dios, creo en la democracia, no tanto como en Dios, pero sé que el hombre también puede construir lo mejor. Voy en mi viejo Pontiac, que parece la lengua verde de un lagarto, y todavía me asombro de manejar un carro.

miércoles 9 de abril de 2008

La pena de muerte en el futuro de Cuba

Por Eduardo Mesa


La pena capital o de muerte sigue vigente en el código penal cubano. En la actualidad el régimen la aplica de manera excepcional pero todos sabemos que esta aplicación excepcional y selectiva se debe a conveniencias tácticas y no a un cuestionamiento sobre la naturaleza moral de dicha pena. El cubano de a pie sabe que el “viejo tiene guardados un revólver y un cuchillo”, como diría el cantautor Pedro Luis Ferrer.

En el mundo libre la pena de muerte tiende a desaparecer de las legislaciones o a estar supeditada a moratorias que imposiblitan de hecho la aplicación de la misma. La Doctrina Católica la acepta como algo excepcional, como un recurso extremo que se aplica cuando la vida del reo constituye un peligro real para la comunidad. Las prisiones de estos tiempos hacen casi imposible la fuga de los reos y por ende la necesidad imperiosa de su eliminación física en aras del bien común.

Es un hecho notorio que en los últimos tiempos, gracias a las pruebas de A.D.N., han sido liberados muchos convictos, víctimas de errores judiciales. La realidad es que ningún sistema judicial puede garantizar la ausencia de errores que puedan llevar al patíbulo a una persona inocente. El pensamiento católico actual tampoco considera que en el caso de un asesinato la pena sirve como retribución al delito cometido, no se repara la pérdida de un ser querido con la ejecución del asesino; por otra parte ¿cuántas veces podemos ejecutar al que ha matado a muchos? Tenemos una sola vida y una sola muerte.

También es discutible la ejemplaridad de la pena de muerte, el índice de criminalidad no es menor en los países que la aplican y las ejecuciones de los jerarcas nazis en Nuremberg no han disuadido del genocidio, por sólo citar casos recientes, a personajes como Slovodan Milosevic o Sadam Hussein.

En España comprobé que tampoco es necesaria la eliminación física de los enemigos violentos del Estado de Derecho para garantizar la paz social; el gobierno de José María Aznar redujo a los terroristas de ETA aplicando sistemáticamente la legislación vigente y buscando pactos sociales y políticos en contra de los terroristas.

Comparto la convicción de que el futuro de Cuba tiene una imperiosa necesidad de justicia y quizás es la hora de preguntarnos si es deseable que en ese futuro continúe vigente la aplicación de la pena de muerte; si la justicia que deseamos pasa por derramar la sangre de otros cubanos.

Nada indica que sea éste el sentir de los opositores cubanos, que se han caracterizado por su lucha pacífica, ni por el pueblo llano que expresa sus deseos de paz ante unos cambios que se anhelan, y a la vez se temen, mientras respira aliviado porque las peroratas del comandante ya no interrumpen la telenovela.

Proclamar la necesidad de la pena de muerte en el futuro de Cuba, que cualquier día puede ser presente, contribuye a que los hijos y nietos, padres y hermanos de aquellos que pueden ser juzgados estén menos dispuestos a aceptar una justicia que incluya la pena capital. La posibilidad de una condena a muerte, más allá de cualquier consideración o manipulación ideológica, siempre es una buena razón y pretexto para el atrincheramiento.

Por otra parte, no creo que la pena de muerte sirva de retribución al daño cometido en nuestra patria y mucho menos, que contribuya a garantizar una paz social que se puede garantizar con la restitución del Estado de Derecho y el compromiso ciudadano con una legislación adecuada y con los pactos sociales que emanan de la democracia.

La vida es algo sagrado y esa sacralidad debe ser un valor imprescindible en la República que deseamos. El respeto a la vida como valor supremo es un principio moral que puede ser asumido por creyentes y no creyentes, puede ser nuestro primer gran acuerdo como pueblo en el exilio, puede ser un signo que estimule a esa transición que de un modo u otro ya ha comenzado.

Creo que la oposición en Cuba agradecería un acuerdo de esta naturaleza, que sería muy bien acogido en las cancillerías de medio mundo, especialmente las de Europa, en donde la pena de muerte provoca un gran rechazo; creo también que su existencia plantearía un desafío moral y diplomático para el régimen, y un estímulo a aquellos que dentro del mismo quieran moverse en dirección a la auténtica democracia.

Uno de nuestros presos por la causa de la libertad, el doctor Oscar Elías Bicet, está tras las rejas también por su prédica en contra del aborto, la más temprana ejecución que conocemos.

La sociedad cubana ha sido, durante décadas, compulsada a despreciar la vida y a rendir culto a la muerte, “Patria o Muerte”, “Socialismo o Muerte” han sido las consignas por excelencia, nada hemos ganado en ese camino, dejemos que sea la vida y no la muerte la piedra angular de nuestro futuro.

viernes 28 de marzo de 2008

Los chinos de Zanja

Mi abuelo me contaba que los chinos
sacaban el dragón los días de fiest
a
y la calle lucía estandartes,

banderas,

y redondos faroles de papel.

Mi abuelo me contaba que los chinos
eran propicios al juego,

al suicidio;

casi nunca peleaban

pero cuando lo hacían era a muerte.

Mi abuelo recordaba el ruido de las carretillas
cargadas de frutas, de viandas

y unos papalotes distintos

y una justicia secreta e inexorable.

Mi abuelo añoró siempre
la sopa que vendían.


(foto: http://www.flickr.com/photos/mmartinez/ )

lunes 17 de marzo de 2008

Ayuda a la Iglesia Necesitada: una organización “atenta al caminar de la Iglesia y sus sufrimientos”

Por Eduardo Mesa

Cuando vivimos en el primer mundo los recursos económicos no son el mayor obstáculo para la evangelización, mucho menos la falta de libertad o esas situaciones límites de genocidio y esclavitud que vemos en países de África y Asia.

Ayuda a la Iglesia Necesitada (A.I.N.), fundada en 1947 por el sacerdote holandés Werenfried van Straaten, es una organización católica dependiente de la Santa Sede que se ocupa de apoyar la evangelización en esos lugares donde las Iglesias locales les resultaría muy difícil o imposible hacerlo con los medios propios.

En el año 2006 esta organización recibió donaciones por un valor total de 81,2 millones de euros, con los que ha apoyado 5.000 proyectos. Esta presencia de Ayuda a la Iglesia Necesitada en los lugares donde la proclamación del evangelio encuentra dificultades es un regalo de Dios, una expresión de su amor por cada hombre y mujer, una invitación a la solidaridad con nuestros hermanos.

El futuro de la evangelización depende también de nuestra generosidad y compromiso; el envejecimiento de la población europea de donde proceden muchos benefactores, la viabilidad de la práctica del diezmo y la implicación de las Iglesias locales pobres en las búsqueda de fondos son algunas de las interrogantes que he compartido con Javier Legorreta, Director del Dpto. de América Latina de A. I. N. con sede en la ciudad alemana de Königstein.


¿Cómo incide el nuevo panorama de la política latinoamericana en el trabajo de A.I.N.?

Para la Obra de Ayuda a la Iglesia Necesitada, el panorama de este continente siempre ha estado vigilante a sus necesidades en el estudio de las solicitudes que llegan a nuestra Obra. Siempre ha estado dispuesta a escuchar y atender las necesidades de los Obispos. Siempre ha querido estar atenta al caminar de la Iglesia y sus sufrimientos. Los más de 45 años que lleva ayudando en el continente siempre ha procurado acompañarla allí donde está amenazada, sufriente y en peligro. Sobre todo en su ámbito más sensible: la difusión de la palabra de Dios, tal como significó una de las prioridades en el Documento conclusivo de Aparecida en mayo de 2007, la familia, la Iglesia que está bajo la amenaza continua de las sectas y ayudarle a crecer donde los medios económicos carezcan para que cumpla su misión adecuadamente.

¿Es sostenible a largo y mediano plazo el actual sistema para conseguir ayudas?¿No son muy mayores los donantes de hoy?

El sistema de recaudación de fondos que Ayuda a la Iglesia Necesitada ha venido utilizando está basado en base a la Providencia y a la confianza en Dios. Nuestros miles de bienhechores de todo el mundo dan generosamente sus donaciones, cuya inmensa mayoría, provenientes de pequeñas sumas de cientos de miles de donantes. Este sistema ha sido la herramienta que el Fundador de esta Obra ha deseado: prometer la ayuda aún antes de haber recaudado los fondos correspondientes y así informar a los bienhechores para que conozcan donde la Iglesia está necesitada y sufrida. Los bienhechores de nuestra Obra nunca han sido suficientes: las necesidades de la Iglesia son tan grandes que siempre ha buscado intensamente bienhechores nuevos para que colaboren en su misión.

¿Qué se puede hacer para motivar a los jóvenes a ser más generosos?

Creo que lo que el P. Werenfried hizo durante su misión profética fue la de mostrar como sufre la Iglesia, como la Iglesia donde está más necesitada para cumplir su labor de transmitir el mensaje de Jesús. Nuestra Obra ha siempre querido ayudar de tres modos: orar por la iglesia que sufre y está necesitada, informar a los bienhechores, en este caso los jóvenes, para que conozcan la realidad muchas veces no conocida o poco conocida y ayudar financieramente ante las inmensas necesidades que la Iglesia universal necesita.

¿En los últimos años cuantos países de América han pasado de ser receptores a países donantes?

En los últimos 45 años ayuda a la Iglesia Necesitada ha dado donaciones a prácticamente todo el continente a excepción de algunos pequeños países del Caribe, que siendo antiguas colonias europeas no necesitan la ayuda de nuestra Obra. Hace 13 años la Dirección del Consejo de nuestra Obra decidió impulsar en Brasil y en Chile la búsqueda de fondos para que estos vayan cumpliendo el principio de subsidiaridad y al mismo tiempo comprender que de estos países que han venido siendo receptores de nuestra ayuda podían ser también donantes al mismo tiempo.

¿Los Iglesia protestantes en su gran mayoría siguen proponiendo a sus fieles el compromiso del diezmo, merecería la pena incorporar esta práctica en la Iglesia Católica?

Considero que cada Conferencia Episcopal va ya aplicando medidas de autofinanciamiento para que los católicos vayan dando de su generosidad y así mantener las infraestructuras de sus diócesis y parroquias, sin embargo el continente latinoamericano está muy lejos de experimentar lo que en las diócesis europeas se ha creado como cultura de dar las donaciones bajo el impuesto mensual. Dentro de su pobreza, tanto la Iglesia latinoamericana como la del así llamado tercer mundo deberá de ir motivando a los fieles para que con su generosidad puedan ayudar a su Iglesia, diócesis o parroquia. Es útil y eficaz el sistema del diezmo como la iglesia protestante o la católica lo hace en algunos países como tradición, sin embargo es un peligro el que no haya motivación al dar la donación. Hay el peligro de que lo automático mensual no tenga alma y la donación sin motivación puede ser fría y calculadora

¿Es cierto que las Iglesias que reciben una ayuda sistemática adquieren una cierta dependencia de los donantes?

Puede ocurrir, en efecto, si cuando se asigna una donación no se anima a los que la reciben a que en el futuro busquen una autofinanciación, es decir, nuestra ayuda debe ser un estímulo para que buscar una solución a sus necesidades. La donación parte del corazón generoso no porque le sobra sino porque generosamente su corazón le inspira dar.

¿Que pueden hacer las Iglesias locales para depender cada vez menos de las donaciones?

Considero que la Iglesia local de un país del Tercer Mundo siempre necesitará de la generosidad de los que tienen más medios. La Iglesia para ejercer la evangelización precisa de medios materiales para cumplir su misión de servicio a todos y en especial a los pobres. Creo que una iglesia rica es una iglesia muy pobre, y una iglesia pobre es una iglesia rica. Este binomio puede ayudarnos a comprender que en efecto, puede crearse dependencia, pero esta dependencia puede evitarse siempre y cuando el principio de subsidiaridad y una vez que los Obispos vayan poco a poco educando a sus fieles a que den dentro de su pobreza lo que puedan.

(Este trabajo fue reseñado por la agencia de noticias Aci Prensa y publicado por la revista Signo de los Tiempos)

viernes 29 de febrero de 2008

La Iglesia en Cuba: aciertos y desafíos

(Este trabajo fue presentado en la Séptima Conferencia de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos del Instituto de Investigaciones Cubanas (CRI) que tuvo lugar en la Universidad Internacional de la Florida del 21 al 22 de febrero, fue publicado en la Revista Ideal en su número 354 )

miércoles 9 de enero de 2008

Navidad en la Catedral


Por Eduardo Mesa

La Navidad me trae una alegría serena con la nostalgia de navidades viejas. Llego a la Catedral, es 24 y ahí está el nacimiento que preparamos y el arbolito que se perdía en el templo inmenso, con las bolas contadas. Teníamos una imagen mediana de San José, pero faltaba la Virgen y arreglaba la Hna Socorro aquella Dolorosa que alguien salvó de los iconoclastas y que era un poco grande; con aquellas imágenes y un bendito niño se preparaba un nacimiento pobre, igual que el de Belén.


¡Qué nacimiento aquel! Había que ponerlo en perspectiva porque la Virgen era muy grande respecto a San José y el P. Salvador colocaba diez veces las imágenes hasta que se veían de la mejor manera en el establo que a duras penas fabricábamos con materiales viejos y con los palos que sobraron de alguna obra. La gruta se hacía con un papel cartucho que yo mismo “conseguía” en la imprenta en donde trabajaba y en alguna ocasión el P. Salvador me instó a que le explicara los detalles de aquel “conseguir” porque él quería predicar tranquilo en la Noche Buena.


La Hna Socorro donde quiera dejaba una flor, para ella un búcaro podía ser cualquier pomo y el Padre Salvador con un claro sentido de esa pobreza digna que practicaba le decía: “Hermana, ésta es la Catedral, tenemos que buscar algo mejor para poner las flores”; pero ella siguió fiel a su costumbre de adornar los altares con búcaros improvisados, igual que en la capilla de su casa de Angola.


Socorro había sido misionera en Angola y creo que en Mozambique. En Angola conoció a los cubanos en los años de la ocupación, no tenía un mal recuerdo de ellos y más de uno, al sentirse en confianza, le contó sus tristezas. Esta experiencia la animó a irse a Cuba, su Congregación de Religiosas del Amor de Dios tiene una historia común con mi Patria. Era ya algo mayor cuando expresó el deseo de partir y sus superioras tenían grandes reparos por la edad, pero otra portuguesa, la Hna. Teresa Vaz, estaba en el gobierno de la Congregación e intercedió por ella y Socorro llegó en el primer grupo, en la avanzada de una monjas de azul que atenderían la Catedral de La Habana y el Arzobispado.


Las monjas trajeron otra vida a aquella Catedral y al mismo Arzobispado. En la Catedral la catequesis se llenó de niños con la Hna Victoria y comenzó a crecer el grupo de jóvenes. Muchos de esos niños y niñas eran adolescentes cuando cayó el muro de Berlín, comenzó el “período especial” y el auge de la prostitución. Ellas nunca lo dicen, pero su acompañamiento y ayuda material salvó a muchas de aquellas niñas, entonces adolescentes, de prostituirse, a veces presionadas por sus mismas familias. Y gracias a las monjas, aquel arzobispado estuvo más abierto al barrio y mejor custodiado por la bondad de Inmaculada y Pilar.


La Hna Socorro había sido maestra, como todas las monjas de su Congregación, y también fue formadora de novicias; tenía un gran sentido de la displicina y trabajaba mucho, ordenó la sacristía y muchos pormenores de aquella iglesia, cosía albas, manteles, casullas; fundó en la Catedral la Legión de María (único movimiento católico que sobrevivió a la disolución del apostolado seglar y que en muchas parroquias de Cuba lleva cincuenta años de abnegada labor). Socorro no tenía para cuando acabar, se ocupaba de Caritas, de visitar a los viejos del barrio, de llevarles leche y comida; se metía en los solares, conocía a la gente y la gente la conocía a ella, no le tenía miedo a los pobres y miraba a los ojos.


Siempre la recuerdo, pero en esta Navidad me he acordado aún más de ella. Pronto se cumplirán diez años de la visita de Juan Pablo II a Cuba. Unos años antes, a principios de los noventa, se preparó una visita del Papa que luego se frustró y en aquella ocasión de todas las parroquias salimos de misión, a tocar puerta a puerta, y había que salir como los apóstoles de dos en dos y después de una oración se sortearon los acompañantes y a mí me tocó acompañarla a ella y nunca en mi vida he subido y bajado tantas escaleras. A finales de mes ya se cumplen diez años de la visita que sí se realizó, creo que para entonces Socorro ya no estaba, había regresado a Portugal, tengo entendido que más por obediencia que por voluntad; pero ella, como tantos misioneros anónimos, cubanos y extranjeros, le allanó el camino al sucesor de Pedro que solicitó al gobierno de Cuba que la Navidad volviese a ser celebrada como un día feriado.


Hace diez años que en Cuba se celebra de manera oficial la Navidad, para la Hna Socorro es mi recuerdo y para aquel nacimiento que el Padre Salvador ordenaba diez veces, hasta que conseguía que la Virgen no luciera tan grande, ni José tan pequeño.

sábado 22 de diciembre de 2007

Memoria de España

Por Eduardo Mesa

En Madrid volví a encontrar a Gilda, ella se marchó antes y a mí siempre me quedó el mal sabor de esa partida, un desconsuelo, una nostalgia sin remedio.

Mi director espiritual solía dejarme frente a mis certezas -las pocas que tuve-, él sabía que las cosas del alma se buscan y se encuentran a solas; un día le comenté que ella se me había escapado y me miró con cierta picardía, “se te escapó” me dijo, rompiendo su costumbre de dejarme a solas con mis preguntas.

Pero no se escapó, al menos definitivamente, volvimos a encontrarnos después de varios años en Madrid por los buenos oficios de la Providencia y de amigos comunes y encontrarla confirmó mi intuición de buscar en mi huída esa tierra que siempre me pareció propia.

España es mi desierto y mi historia de amor, es la mayor rebeldía y la reconciliación con mi fe, el lugar donde supe la muerte de familiares y amigos sin poder hacer nada y el lugar en donde me casé y nacieron mis hijos.

Cuba es como una piedra de arrecife y te gastas, el trabajo pastoral siempre tiene ese riesgo pero en Cuba ese riesgo es inmenso: puedes hacer tantas cosas, quieres hacer tantas cosas que puedes perder el norte y cansarte; yo perdí el norte y me cansé, seguía haciendo lo mismo y cada vez más pero perdí de vista el verdadero motivo para hacerlo, soy responsable de esto y llegué a España con un fardo de enojo, de frustración, de rabia.

No sé que hubiera sido de mí sin ese encuentro, todavía no sé que sería de mí. Gilda tiene una fe que puede hacerte a la fe, ella arrancó “la corteza –entera y dura- que se creía fruta, que tenía la forma de una fruta.”, me ha dejado sin rabia y me ha enseñado el beneficio de no tenerla.

Todo hombre tiene su desierto y yo tuve el mío, una estación de ese desierto fue cuidar enfermos en un hospital católico que está en un barrio de clase alta en Madrid, allí supe de llagas , de la soledad de la muerte y rememoré muchas veces las palabras de Ignacio: ¿de qué vale ganarlo todo si pierdo el alma?

Perder el alma, yo creo que uno siente cuando pierde el alma, que hay un momento en que vemos con claridad la verdad sobre nosotros mismos y ese momento espanta. Yo siempre creí que ante la iniquidad tenía el deber moral de la batalla y todavía lo creo, pero a veces es mejor alejarse si no hay fuerzas para la batalla.

Madrid es el recuerdo de los Carmelitas de la Plaza de España, es un paseo por esa plaza y por los jardines del Palacio de Oriente, es el aroma del romero que se queda.

En España hay una sabiduría quieta, un saber antiguo que habla desde el ser, que está en Valladolid o en Sevilla, que está en la gente y en las cosas. Gilda me ayudó a descubrirlo, intentando mirar hacia adentro, vivir desde adentro, desde lo profundo del ser.

De España esta breve memoria, este pensar enamorado en ella.

Palabras para Gaby

Por Eduardo Mesa

Gaby me escribe desde España, no le gustó mi glosa de Saramago, digo que el evangelio de Saramago pasa por el hueco de mis manos, que el evangelio de Saramago me quitó la voz y ella sin conocerme me supone un “blanquito rico y racista” de Miami. No sabe que viví en España varios años, que fui un sin papeles, que llegué un día de julio a Barajas sin tiempo y sin nombre, con un dolor anónimo.

No sabe y me ofende, nos ofende sin conocer nuestro dolor. No soy racista Gaby y no comprendo la razón del insulto, no creo en la pureza de ninguna raza y menos en la pureza de la mía, me críe en Escobar y Zanja, en Centro Habana, una calle y un barrio en donde tú no has vivido, a lo mejor pasaste un día por allí y te parecieron románticas la ciudad detenida en sus ruinas y la sonrisa despreocupada de las muchachas, pero vivir en Cuba es una experiencia que no es nada romántica.

Tampoco soy “rico”, no tengo nada en contra de serlo, pero nací en el “Año del Esfuerzo Decisivo” y los que fueron ricos también eran pobres, corría el año 1969 y ya no quedaba nada por nacionalizar; Fidel había logrado la igualdad en la miseria material y pretendía lograr la igualdad en la miseria moral, esto último, afortunadamente, nunca lo ha conseguido.

Mis amigos negros y mulatos no estarían de acuerdo contigo, no consideran a Fidel su “campeón” sino su opresor; un racista que tiene un feudo regentado por blancos, un ejército de generales blancos y un poder que los excluye de los mejores trabajos que se pueden conseguir en la isla, que no los deja entrar en los hoteles donde los turistas se hospedan y en las playas privadas donde los turistas se bañan.

No Gaby, Miami no es un hervidero de blanquitos ricos y racistas, es la ciudad de un exilio continuo, un exilio de cincuenta años, cubanos de toda procedencia y origen: aristocrátas que tuvieron que trabajar en multitud de oficios para sobrevivir, profesionales, obreros, campesinos que se quedaron sin tierra y sin palmas y que han traído semillas nuevas a esta tierra grumosa logrando el milagro del aguacate y del anón. Miami es la ciudad hispana de Estados Unidos, una ciudad mestiza, hija del azar y de unos cubanos que se vieron conminados a marcharse de su tierra por la violencia de una revolución que no nos ha redimido de ningún mal.

Miami no goza de buena prensa en España, ahora, con los muchachos de Maleni y Zapatero, imagino que menos. La cosas han de ser blancas o negras, lo mismo sucedió con Fidel, suscitaba entre muchos de ustedes una extraña simpatía. Hasta el Generalísimo sintió en algún momento simpatía por Fidel, y Manuel Fraga todavía recibe a los Castro como a primos indianos. Fidel en el imaginario colectivo español es la venganza anti-yanqui por la derrota del 98.

En el exilio hay gente que quisiera matar a Fidel y hay gente que desea su muerte, no comparto la idea de matarlo pero la entiendo, entiendo la rabia que engendran los dictadores de cualquier signo, por eso no me extrañé demasiado cuando ustedes, hace sólo unos años, retiraron la estatua de Franco de Nuevos Ministerios y eso que la guerra civil terminó en el 1939. Yo estaba en España cuando retiraron la estatua del “Caudillo”, por cierto, si mal no recuerdo, por allí había una estatua de Largo Caballero y la dejaron, puestos a quitar, hubieran quitado las dos.

Así es la vida Gaby, yo no deseo la muerte de Fidel o evito desearla, sólo Dios sabe lo que es conveniente y yo confío en Él; aunque es probable que al morir el tirano habría un punto y aparte, una oportunidad de enderezar el rumbo de una nación deshecha, una brecha para la esperanza de millones de cubanos que sólo piensan en marcharse de aquella pesadilla.

Tu no te extrañes Gaby, busca en internet videos de balseros arribando a Florida, o videos de balsas con los balseros muertos, o esas balsas vacías que se filmaron para los noticieros del mundo entero. Esa es la historia reciente de Cuba, la huida a donde sea, ese es el éxito del “campeón”; y no me digas que es el bloqueo y la amenaza Imperialista, ese cuento ya no lo creen ni los oficiales de Villa Marista.

Perdona esta descarga, pero es que no me gustan los libros de Saramago, se me caen de las manos, me dejan una malsana sensación de vacío, otra cosa es que el hombre pose con Fidel, que renuncie a la distancia crítica que un intelectual debe tener ante un sátrapa.

Siento decepcionarte Gaby pero no me gusta el evangelio de Saramago, un evangelio que terminó felizmente en Berlín, un evangelio falso. No me gusta que se opine a la ligera, que se frivolice con nuestro dolor; estoy harto de oír a gente como tú, gente que no sabe o no quiere saber que mi pueblo sólo está dividido por el odio y la desidia de algunos, por el mar de todos.

martes 4 de diciembre de 2007

El trompeta y su música

Por Eduardo Mesa

Este relato de ficción fue publicado en la revista Vitral, está dedicado a mis amigos y vecinos de la calle Escobar, entre Zanja y Salud.

Cuando mis amigos comentaron su fantasía de ejecutar al chivatón Arsenio, pensé en su querida. No sé que misteriosos corredores del subconciente me llevaron hacia esa pobre mujer de repuesto. Ella amaba a su bestia con una conmovedora devoción, nadie dudaba de su amor por él. Nosotros bien sabíamos que el chivatón Arsenio no daba nada; una noche completa bajo el guao puede parecerte una caricia si conociste a Arsenio de uniforme; de civil era igualmente malo, pero intentaba parecer amable, su sonrisa socarrona siempre era presagio de tormenta. Cuando la broma aquella de los tenis tortolov él también se mandó una carcajada, acariciaba el asqueroso mocho de tabaco y se reía, ese fue nuestro último desliz por la inocencia, antes del noticiero todos presos, a mí me soltaron esa misma noche por ser menor, los demás estuvieron dos días comiendo pan con mostaza y espaguetis al cebo. Daniel el gordo por tener antecedentes pasó 14 días con idéntica dieta. Estuvimos más de un mes sin hablarnos.

Argudín siempre dijo que matarlo no era suficiente, su muerte además debía ser lenta, alguien habló de una gotera de salfumán en salva sea la parte o amarrarle un bistec y soltarle un dobermann. En el quicio del 314 se celebraban estas reuniones, el ancho portón de antiguo palacete nos congregaba, la saturada atmósfera del solar nos protegía, si las pesadas puertas pudieran hablar nos reiríamos, de todas formas tantas maneras de matar a Arsenio no sirvieron de nada.

La querida a menudo pasaba por delante del piquete arrastrando la bolsa con los litros de leche o una jaba con boniatos. Su sayita de laster y las blusas ajadas delataban su pobre condición, siendo querida de Arsenio no podía aspirar a más, o sí podía, cambiarle el yale a la puerta y no dejarlo entrar más a la casa. Claro que el tipo es una hiena, la cosa seguramente no iba a quedar así. Definitivamente la defunción de Arsenio beneficiaría a todos.

La verdad es que nunca nos metimos con ella, sin mencionar el tema, compartíamos una secreta lástima por aquella mujer joven aún. Los sábados salían todos juntos: ella, las cabezonas criaturas de Arsenio -hijos de su oficial esposa- y el animal. Nadie aflojó los clanes del antiguo Chevrolet por los niños y ella, pero en las noches un aluvión de piedras y baterías de radio ya gastadas se estrellaban en su carrocería.

Al ver pasar a esta mujer algunavez tuve la intención de hablarle, pero Daniel el gordo me aconsejó no hacerlo "ella es buena gente, pero nunca se sabe y cuando está con él es por algo". Ese amor era grande, él también la quería, era la única persona a quien no le haría daño, se rumoraba que a su oficial esposa la delató por guardar los comprometedores papeles de un hermano, ella nunca lo supo y cuando terminó de cumplir su condena regresó con su esposo. De más está decir que el chacal tiene dos casas y esto le aumenta la aureola de chivatón secreto.

Argudín insiste sobre la muerte lenta, encerrarlo en la cisterna del caserón del chino loco es su última idea. La cisterna es muy grande porque el negocio de los chinos era un tren de lavado. Los chinos ya se han muerto, solo queda el loco y está encerrado en uno de los cuartos al final de la casa. La cisterna se cierra con una barra de hierro y un candado, se le echa encima medio camión de escombros, nadie escuchará nada. Hasta el mismo Argudín se echó a reír al saber que tanto ejercicio intelectual macabro no sirvió de nada.

Al final del verano la querida andaba más desgreñada que de costumbre, un inmenso pesar se volcaba en sus ojos, Argudín lo notó, era el genio del grupo su ingenioso equilibrio de intuición y talento nos hacía más cercanas las cosas. Arsenio vendió el carro, nos quedamos sin tiro al blanco y Argudín repetía lo de gato encerrado.

En la antesala del misterio comenzaron las especulaciones, Daniel el gordo sostenía la hipótesis de que la hiena se convertiría en trabajador por cuenta propia y ay de aquel infeliz que le vendiera insumos de dudosa procedencia. Algunos más ingenuos suponían precariedad económica o una posible boda con su paradigmática Penélope. Argudín se mantenía al margen de las suposiciones, "de este tipo se puede esperar cualquier cosa pero ninguna buena, hay que estar preparados".

De la casa de Arsenio discretamente se sacaban paquetes, le donó al comité militar las obras completas del camarada Kim Il Sung, saludaba a la gente con benevolencia y nosotros que bien lo conocíamos llegamos a afirmar que andaba distraído. El rumor más vibrante en el barrio recreaba la idea de una misión internacionalista, pero Arsenio malamente llegaba a un sexto grado de ahora y si era dudosa su capacidad de enseñar más lo era la de aprender. Tanto tiempo viviendo en este clima y tanto ingenuidad nos adormece, la hipótesis misión se hizo vox populi y quedó establecida.

Argudín no tragaba "este es un camaleón, algo está componiendo para llenarse el buche de medallas". La querida por su rostro de ayuno y abstinencia me hacía dudar de todas las variantes, ni Argudín con su olfato de cazador de esencia se acercaba a la presa.

Además de sentarnos a sentenciar a Arsenio y consumir alcohol de policlínico con extractos diversos, escuchar FM era otro bálsamo y aunque prefiero oir en español lo que me cantan, en el piquete la música en inglés tenía muchos adeptos. Transcurrían las horas entre chillidos de heavy metal y la ondulante paciencia del reggae. Un imponente Selena nos permitía salir al exterior e increíblemente podíamos hacerlo sin tener que ocultarnos. Arsenio andaba perdido del barrio, ya nadie reparaba en nuestra música y aunque no volveríamos a tener otro insano desliz por la inocencia estábamos felices.

Se descolgaba lentamente la noche y la ansiedad de los estómagos no permitía más dominó, ni alcohol, ni onda corta. Llegó Argudín corriendo, su papá le había escrito y le saludaría por "puente familiar" esa noche. La trucidante solidaridad del piquete no se hizo esperar, mandamos a callar a los muchachos que andaban correteando en el solar, la radio estaba prendida. Al rato comenzaron los recados y el viejo de Argudín fue el segundo en hablar, de no ser porque aquello de ser hombre lo habíamos tomado demasiado a pecho, casi lloramos. Mientras felicitábamos a Argudín el gordo metió un grito, se hizo silencio, el gordo no era trágico, subió el volumen y le dimos oreja al último recado. Era el puerco de Arsenio saludando a su esposa y a los cabezoncitos, de la estupefacción pasamos al berrinche y de este pasamos a la risa. Hubo un clamor, un grito en el solar, la calle se llenó de comadres, nadie podía creerlo y hubo alguno que hasta nos desmintió, situación muy común cuando un joven acierta.

La querida salió, cerró la puerta de la accesoria y se acercó a la puerta del 314 "lo que ustedes oyeron es verdad, se fue para Miami". Nadie le respondió, ella estaba dispuesta a escuchar los insultos pero gracias a Dios, se guardaron para otro momento. Después, abrió la puerta de su accesoria sin disimular un gesto de cansancio y es muy probable que esa noche no pudiera dormir.

El gordo se sacudió la nariz "caramba, este chisme me dio alergia". Argudín sonrió "yo sabía que había gato encerrado, la hizo buena el cabrón". Sí, la hizo buena. Y nos fuimos a comer.

lunes 19 de noviembre de 2007

Los venezolanos

Por Eduardo Mesa

Los venezolanos tienen un dictador en ciernes y un remedo del café Versalles que se llama Arepazo, el lugar ideal para un discurso, para un festín de arepas.

Los venezolanos, muy a su pesar, nos imitan; pierden su tiempo en discusiones formales, en la agotadora tarea de criticar a Chávez y conceptualizar el chavismo. Se enredan en desacreditar a los posibles líderes y no comprenden que los esquemas de la política tradicional no sirven para enfrentar a esa marea de camisas rojas.

Los escucho, los veo y no logro salir de mi asombro: "que las fuerzas armadas van a dar un golpe", "que no vamos a ser tan cobardes de permitir eso", "que los estudiantes tomaron las calles" y en el exilio, como si fuera un juego, se suponen gobiernos.

Ellos tienen un monstruo que no merecen y se resisten a aprender de la historia, poco a poco, desde la nostalgia ignorarán las grietas de aquella sociedad que un día alumbró al chavismo. Dentro de veinte años (ya falta poco) habrá una Venezuela perfecta en la memoria y en esa ciudad arrecha de Miami que se llama Doral comenzarán a aparecer las avenidas clónicas de Caracas.

Los venezolanos todavía poseen algunas libertades, pero es cuestión de tiempo, la enfermedad del totalitarismo concita complicidades y deshace en multitud de hombres cualquier escrúpulo, conoce a fondo las miserias humanas y juega con lo peor de ellas.

También están los pobres, los que creen que emergerán en este mundo nuevo, los que parecen tener por primera vez un espacio en una realidad que aparentemente los dignifica: hay un salario mínimo para estudiar y un consultorio médico y una escuela; los pobres serán los primeros en ceder una libertad que hasta ahora les ha servido de poco.

Los venezolanos aún pueden quitarse a Chávez de encima; será un gran esfuerzo posponer las diferencias, los intereses de cualquier índole y concentrarse en derrotar al déspota de manera pacífica; para esto necesitan de una unidad sin fisuras, necesitan consensuar liderazgos de prestigio y trabajar a deshora por fortalecer la sociedad civil y cualquier vestigio de democracia. Los exiliados pueden apoyar esos esfuerzos e influir en Washington, en la U. E. , en la O. N. U y en cualquier foro que lo amerite, y es que el exiliado poco más puede hacer, tiene ante sí el desafío de establecerse y esto le ocupa la energía y el tiempo. No obstante, lo que vayan a hacer unos y otros deben hacerlo pronto, mientras puedan.

Los venezolanos y muchos otros que no lo son subestiman a Chávez, sólo ven al personaje esperpéntico que canta rancheras, al petrodictador ansioso de luminarias. Yo no creo que un tonto pueda llegar tan lejos, creo que tiene un proyecto obvio y maligno, realizable a corto o mediano plazo para nuestra desdicha.

Los venezolanos, a pesar de todo, tienen varias ventajas, no están convencidos de que los americanos resolverán "el problema" y los americanos ya han dejado claro que "el problema" es de Lula, de Bachellet, de Uribe, de todos los vecinos del basto condominio al sur de Río Grande. No habrán de batallar con el mundo en su contra, recibiendo los peores epítetos mientras gobiernos, instituciones y personas aplauden al tirano; no tendrán, además, ley de ajuste ni una frontera cerrada por el mar.

Mientras todo sucede fluyen las transacciones, el Doral crece de un modo impresionante a pesar de la crisis inmobiliaria y en una esquina de la 58 street se encuentra el Arepazo, open las 24 horas del caluroso día floridano, con variedad de arepas, mesas de dominó y una tribuna ajena al tiempo, ese señor que tiene la última palabra.

domingo 28 de octubre de 2007

Juanki

Por Eduardo Mesa

Juan Francisco Pulido Martínez, Juanki, prometía un escritor, un brillante escritor. Él vivía en Cinfuegos, la ciudad que le gustaba al Benny, y no quiso votar en unas elecciones que no son elecciones y las barbaridades que por esto le hicieron amargaron su vida para siempre.

Cuando me fui de Cuba llegué a Madrid y trabajaba de noche en un bar de copas, que es algo parecido a una discoteca en donde se bebe más de lo que se baila, un lugar de noches largas y anónimas con gente balbuceante; un día sonó el teléfono del bar a las tres de la mañana, era Juanki desde Miami, me decía nombretes y reía, lo encontré con el ánimo de una vida nueva, cuanta alegría me dio esa llamada. Después supe que comenzó a estudiar en una universidad, que tenía novia y parecía que la vida le iba a dar un respiro.

Juanki era un niño que escribía como un hombre, un muchacho devoto de Salinger que jugaba a fabular. Si aquellas elecciones no lo hubieran matado hoy estaría embromándonos con la invención de una amante rusa, un loro y una lámpara para leer de noche. Nos diría cualquier cosa y le creeríamos sus personajes de espanto, le creeríamos un dolor que era cierto.

Un amigo común me llamó una noche para decirme que Juanki había muerto, que se había suicidado en su cuarto de la universidad, fue un manotazo duro, un golpe helado, una noche en Madrid que sólo tiene preguntas y plegarias truncas.

Cuando le dieron la visa me alegré, si seguía en Cuba iba a tener más problemas, él no soportaba el sistema y el sistema no lo soportaba, Juanki partió al fin y todos los que le queríamos respiramos aliviados. Unos días antes preferí no publicarle un cuento en la revista Espacios, no se enojó conmigo, él ya tenía suficientes problemas y yo tenía los míos.

Unos meses antes de marcharse ganó un premio literario en Vitral y en la misma revista le publicaron un libro de cuentos, al recibir los libros me dedicó un ejemplar, tenía una prosa que se dejaba querer, que auguraba una obra mayor, aunque la lectura de aquel primer libro, acaso el único, me dejó el sinsabor de un laberinto.

Aquellas elecciones no le perdonaron su abandono del acto ante el castrismo y los sicarios se esmeraron para que Juanki no tuviera descanso. Con sus ademanes de monaguillo bueno llegó y les dijo que no iba a votar, que se quitaba la máscara y ellos vieron que era un muchachón, que tenía la vida por delante y por eso le alargaron la muerte. Sólo hay una justicia que puede juzgar tanto mal, sólo una misericordia que puede perdonar. El domingo 21 de octubre se celebraron otras elecciones, otra mascarada que hizo vomitar a mucha gente cuando llegó a su casa. Dios permita que esa pesadilla termine, Dios nos ayude a todos.


viernes 26 de octubre de 2007

Un perro mediano

Por Eduardo Mesa

Los niños siempre quieren un perro y yo quise uno. Los niños siempre prometen que lo cuidarán y mi hermano y yo lo prometimos. Los niños nunca cuidan del perro y los padres lo saben pero nos permitieron aquella perrita medio amarilla; los adultos a veces comprenden la felicidad de un niño.

Mis hijos también quieren un perro, todavía son pequeños y no es un deseo pujante; dentro de un tiempo nos abordarán en el desayuno y la cena, y antes de la bendición, en la noche, pedirán un perrito con voz quejumbrosa y yo no tendré voluntad para negarme por mucho tiempo.

Es inevitable que uno se vea reflejado en sus propios hijos y de algún modo vuelva a ser niño. La infancia es la luz de los hombres y cuando no lo es hay un dolor muy grande, hay días en que uno quiere volver a aquella casa y de puntillas asomarse otra vez a la ventana o al muro prohibido. Hay días en que el mundo se te viene encima y entonces recuerdas que alguna vez fuiste un niño y te cuidaban.

Mis hijos juegan, el varón ya comenzó la escuela y la pequeña corre, baila, yo los veo reír con risa pícara y me digo: Dios mío como crecen y el tiempo transcurrido te parece un instante y acaso es un instante. ¿Cómo cuidarlos Dios mío? ¿Cómo hacer que sean vidas felices las suyas?

La madre se desvela, ella entiende la felicidad y el dolor de los niños mejor que yo, su comprensión profunda es un privilegio de la maternidad, una intuición que nos ha sido negada. Me deleito cuando ella los abraza, me embarga su risa y experimento por qué es sagrado el amor.

El niño me explica las ventajas de un perro mediano, sabe dar sus razones, es un diplomático risueño y convincente. No sé de dónde sacó lo del perro mediano y quiero mostrarme severo, sé que el asunto tiene cola y ladra. La niña viene en su ayuda, sin palabras maneja los mismos argumentos y al fin me dice: papá un perro mediano es chiquito, es bueno; entonces me río y ellos me abrazan y se ponen a hacer otra cosa y se olvidan del perro mediano.

Yo los miro en su juego y hay un momento en que estoy a su altura, en que el sol y las nubes están conmigo; siento que viene un carro y me levanto, corretean por el jardín y son muchachos sin noción del peligro. Pasa el carro y me quedo tranquilo. Yo sabía que los niños siempre quieren un perro, ahora sé que es mediano, que mediano es chiquito y bueno, lo adultos a veces comprenden la felicidad de un niño.

El evangelio según Saramago

El evangelio de Saramago pasa por el hueco de mis manos.

El evangelio de Saramago me quitó la voz.

El evangelio de Saramago es la historia de nombres olvidados por el bien de todos.

El evangelio de Saramago cuenta medias mentiras a la barriga llena.

El evangelio de Saramago puede ser en Lisboa, en Milán, en París.

El evangelio de Saramago me aburre desde niño.

El evangelio de Saramago terminó felizmente en Berlín.

El evangelio de Saramago sigue escuchándose cerca de las brasas,

igual que una historia de súcubos

sirve para asustar a una muchacha.

domingo 16 de septiembre de 2007

Opción, actitud, propósito

Por Eduardo Mesa

Alguien me enseña unas fotos, son rostros anónimos con el esbozo de una sonrisa. La gente luce su mejor ropa, busca la pared mejor pintada y algún adorno al fondo, pero aún así las fotos son la imagen del desaliento, del cansancio sin límite.

Esa sensación generalizada de que no hay futuro provoca una depresión permanente, una melancolía que se desvanece ante la estampida migratoria o algún estímulo mundano y forzosamente pasajero.

El daño antropológico de cinco décadas de tiranía supera las posibilidades de cualquier imagen o relato, es un daño tangible e inconmensurable. Los que hemos vivido en ese sistema hasta la edad adulta con frecuencia descubrimos heridas nuevas que han dejado en nosotros. El comunismo no te prepara para confiar en tus posibilidades, su andamiaje se sustenta en obligarte a creer en la imposibilidad de vivir al margen del Estado Todopoderoso. El sistema ha logrado personas tristes y aparentemente moldeables con una notable inclinación al suicidio. Ha conseguido que el pesimismo dejara de ser un pasatiempo snob, una obsesión de élites ilustradas. Ahora es un sentimiento popular, una carga pesada para el cubano de a pie que sale cada mañana a resolver algo para inventar un magro almuerzo.

La recuperación del alma cubana llevará algo de tiempo, bastante más que el de recuperar la economía y las infraestructuras necesarias; no obstante la recuperación de la esperanza, el restablecimiento de los valores tradicionales y la inclusión de valores nuevos es fundamentalmente cuestión de opción, de actitud, de propósito.

Hace algunos años descubrí a Víctor Frankl y la narración de sus experiencias en varios campos de concentración me conmovió profundamente, el eminente médico vienes pudo percibir que en aquel infierno no sobrevivían los más jóvenes y fuertes sino aquellos que tenían la esperanza de reunirse con seres queridos o que sentían la imperiosa necesidad de concluir algún proyecto, o aquellos que tenían una gran fe. Así sobrevivieron madres famélicas que tenían el firme propósito de recuperar a sus hijos, frágiles ancianos empeñados en encontrar a sus nietos, hombres de profunda fe religiosa y hombres de ciencia como Víctor Frankl que se aferraron a la vida porque tenían el deber de sobrevivir para contar al mundo aquellos horrores y conjurar con su pensamiento a los demonios del fascismo.

Probablemente no todos los que optaron por vivir sobrevivieron, pero todos los que sobrevivieron hicieron una fuerte opción por la vida para llegar al final del camino. La experiencia de Víctor Frankl testimonia el valor de un propósito firme, de una actitud de esperanza. Esa actitud es cuestión de opción, de opción personal y de opción comunitaria. Y es que los cubanos, a pesar de todo, podemos optar entre un proyecto realizable que nos conduzca a la normalidad democrática y ese pesimismo real a la vez que inútil, siempre presente de un modo u otro en nuestra breve historia nacional. Podemos optar por el protagonismo mesurado, pero activo del hombre común o contemplar apáticos desde la platea la sucesión de actos. Tengamos por seguro que no hay acciones neutras, que estamos en un camino que se bifurca hacia la fatalidad o la esperanza, esta última, es imprescindible para superar el castrismo y vital en cualquier escenario posterior.

He vivido en Cuba la mayor parte de mi vida adulta, he presenciado las fugaces aperturas que ha ensayado el régimen en el campo económico y he visto la energía creadora que estas mínimas aperturas han desatado. He presenciado el paulatino auge de la oposición aún cuando la hostilidad del régimen ha ido en aumento. He visto las iglesias llenas de penitentes pidiendo paz y la Plaza Cívica, hoy de la Revolución, bendecida por el Corazón de Jesús. Esto me invita a pensar el futuro, ese eterno presente que se hace cada día; a constatar que existe una reserva moral que la tiranía no ha conseguido agotar. Que no tenemos ningún condicionamiento genético que nos conduce al masoquismo y que podemos hacer efectivo cualquier proyecto que consensuadamente nos propongamos.

Perdónenme que insista: el futuro existe, la recuperación de los valores y de la esperanza es cuestión de opción, de actitud, de propósito.

jueves 6 de septiembre de 2007

Cuando los inviernos eran más largos


Por Eduardo Mesa

Leo en primera plana del Nuevo Herald que comienza a gestarse un ciclón, luego encuentro las profecías de Al Gore sobre el cambio climático. No me interesan las tesis del vice presidente y los dinosaurios que entusiasman a mis hijos desaparecieron antes que las plantas nucleares irrumpieran en el paisaje y los bosques fueran maldecidos por la lluvia ácida, pero es cierto que el clima no es el mismo en ninguna parte; el tiempo ha cambiado y nosotros hemos cambiado en él.

Estoy seguro que los inviernos de antes eran más largos y alguno de ustedes, sonriendo, me dirá que los mangos también eran más dulces; pero no es una idea traída por la nostalgia, sé bien que el frío duraba más y a mí me embutían en un abriguito de corduroi amarillo para ir a la escuela y en toda la mañana no me lo quitaba porque el frío pelaba en aquella casona de Jesús María donde hice la escuela primaria.

Yo aún no sabía que el invierno era un agente de la uniformidad, la tela de mi abrigo la había por donde quiera y en la calle encontrabas camisas, pantalones, chaquetas con motivos idénticos. Eran inviernos de corduroi y laster, unos tejidos que se perpetuaron hasta un verano sin muro de Berlín.

No obstante, fue en la secundaria cuando el clima propició la lucha de contrarios, el sentimiento del clan o la tribu. Dos modelos de abrigo en todas las tiendas, uno era de paño a cuadros, bolsillos diagonales, botones de resina y el forro interior como de seda, creo que lo he visto en alguna película que recrea las calles de Belfast en los años sesenta. El otro modelito era el de los llamados impermeables, mangas rectángulares, botonadura en broches de cortina o cremallera plástica y una costura que le hacía los dibujos. Este modelo conquistó su espacio en el capitalismo y es de uso obligatorio para entrar a los frigoríficos de Burger King y Walt Mart.

En la "William Soler", mi secundaria, el invierno engendraba dos grupos visibles: los cuadrados y los impermeables, yo pertenecí con honra a los primeros, mi abrigo de paño llegó a gustarme y me acompañó a fiestas y escuelas al campo hasta que mi abuela, desde Hialeah, comenzó a mandar paquetes subversivos con la peor propaganda enemiga: polos de Ralph Lauren, zapatillas de Nike, pullovers del pulguero con letreros de Miami Beach y abrigos distintos y nuevos, que me duraron hasta que los cambié por viandas o por carne en el agobio de los años 90.

Y en el 92 llegó el dolar y los compañeros se deprimían en masa al comprobar que había tiendas desiertas y tiendas surtidas, y en las tiendas surtidas sólo valían los méritos de Lincoln y de Hamilton, catarsis de un capitalismo subterráneo que ha resistido con éxito los cíclicos amagos de apertura y las inevitables represiones. Ese fue un tiempo sin abrigos porque el frío duraba muy poco y yo tenía una enguatada Guess y un suéter que me trajo de Portugal la Hermana Socorro.

Luego recuerdo navidades sin frío y veranos muy largos, y un cumpleaños compartido entre La Habana y Madrid, ausencia definitiva en inviernos felices y epifanías propias de un sueño.

Sí que ha cambiado el tiempo, aunque en Bainoa sigue haciendo frío y en Jaruco y Tapaste el mercurio se pega al cero, los inviernos no son lo que eran antes cuando todas las tiendas tenían el mismo abrigo y habitábamos la uniformidad sin saberlo.

sábado 18 de agosto de 2007

El pecado de Eva

Por Eduardo Mesa

Un teológo español afirmaba que el pecado de Eva no fue querer ser como Dios, sino quererlo por la vía rápida. La tentación de la serpiente se presenta como el camino más corto.

Los cubanos también sucumbimos al pecado de Eva, a la ilusión del cambio urgente que traería a la sociedad perfecta. Este ideal revolucionario, que no es exclusivamente de inspiración marxista, sedujo a muy disímiles actores de nuestra historia, al menos en algún momento de sus vidas; emparentando a hombres de ideas diferentes e incluso antagónicas. Participaron del ensueño revolucionario intelectuales y artistas, jóvenes estudiantes y acádemicos, militares, periodistas, políticos, aventureros y gansters.

Muchos de los protagonistas de nuestra historia reciente hubieran rechazado de forma visceral la denominación de comunistas, pero habrían aceptado con gusto la de revolucionarios. Algo difícil de definir porque ser revolucionario es una extraña mezcla de predestinación e ingenuidad, que no vacila en imponer un modelo de sociedad vertical, supuestamente más justa, en donde se decide lo mejor para los otros sin el consentimiento de éstos; un sacrificio de la libertad individual en aras de la justicia social que deja a los pueblos en el peor de los desamparos porque no se consigue la justicia y se pierde la libertad.

La entrada triunfal del Ejército Rebelde el 1 de enero de 1959 es el colofón de esos afanes justicieros fallidos, el resultado de una república frágil, signada, con demasiada frecuencia, por la violencia de unos y de otros. El triunfo del castrismo no es ajeno a una sociedad que cedió al pesimismo, al escepticismo irracional que es el cardo de cultivo del revolucionario y sus revoluciones, perdiendo una república perfectible a pesar de sus males. El régimen de Fidel Castro en un momento aclamado por muchos y sustentado en la promesa de establecer una sociedad más justa y democrática ha sido, sin lugar a dudas, la consecuencia más cruel y desdichada de nuestra superficialidad y de ese asentimiento u omisión ante la violencia.

Si algo debemos al castrismo es el antídoto que su amarga experiencia ha inoculado. La oposición interna da fe de ello con su lucha pacífica y consensuada, con su aprendizaje de discrepar prescindiendo de la dentellada, de la descalificación del rival político. Estos hombres y mujeres que con su lucha pacífica resquebrajan los cimientos de esa dictadura tienen ante sí el reto de irradiar en la sociedad cubana la eficacia y la altura moral de una actitudes y valores que han ensayado con éxito.

Nadie sabe cómo, ni cuándo terminará ese régimen, pero ante cualquier escenario debe prevalecer la fuerza de la razón, una razón que va ganando terreno porque es expresada por hombres y mujeres de recta conciencia, es el "poder de los sin poder", el poder del testimonio, el poder de la coherencia. La acción política de estas personas se ejecuta a la luz del día y es cuidadosa con los medios que utiliza; cuidad los medios que el fin se cuidará por si mismo diría el Mathama.

Más allá del final de la dictadura hay un futuro que debe prescindir del camino que conduce a la violencia revolucionaria o a cualquier violencia, a la tentación del predestinado que no permite cuestionamiento alguno a su buena voluntad de hacernos felices y que está dispuesto a todo para lograrlo. Un futuro que debe sustituir la descalificación por la argumentación, la pugna por la conversación que busca el entendimiento y el consenso. No dejemos que nuestras miserias, e incluyo formalmente las mías, nos hagan perder otra oportunidad y parafraseando a ese pastor y profeta del exilio que fue Mons. Boza Masvidal: que sea más fácil encontrar cubanos dispuestos a vivir todos los días por Cuba que a morir por ella.

Plegaria

Por Marcel Légaut
Tomado de la revista "Cuadernos de la diáspora".

Padre,
(...)

Danos el don de creer en nuestro prójimo
como Tú crees en nosotros,
y de ser capaces de acompañarlo en su camino
como Tú nos acompañas en el nuestro.

Ayúdale a extraer un bien
del mal que le hemos hecho
(involuntario a menudo, inevitable a veces)
a fin de que lo repare y pueda absolvernos,
como Tú tornas útil para nosotros
el mal que hemos cometido,
el mal que hemos sufrido,
por los cuales te bendecimos.

Inspiranos una inteligencia
de los acontecimientos,
incluso de los más dolorosos,
que nos los torne beneficiosos.