martes 9 de febrero de 2010

ZENIT - Embajador en el Vaticano: Cuba responderá positivamente al Papa

ZENIT - Embajador en el Vaticano: Cuba responderá positivamente al Papa

domingo 7 de febrero de 2010

Por tu palabra echaré las redes". (Lc. 5,1-11).

Por tu palabra echaré las redes". (Lc. 5,1-11).

miércoles 3 de febrero de 2010

Mazorra

Por Eduardo Mesa
www.lacasacuba.com

Calamar, calamar
Sal del Mar
¿No ves que la vaca embiste?
Pues vuelve a entrar

Con estos versos se presentó, cabía suponer que era un bromista, pero el autor de aquel poema insólito pintaba en serio la obsesión de un atardecer violeta y ángeles caídos. Lino era consciente de su mal, cuando la esquizofrenia estaba a punto de vencerlo preparaba su maletín para irse a Mazorra. Después, al cabo de unos meses, estaba de regreso: “¿Lino dónde estuviste?” “De vacaciones con el Dr. Ordaz señores, de vacaciones” y no quedaba más remedio que reír con aquel hombre.

Lino vivía en una casona construida en los años veinte, que conservaba las rejas de entonces y una mecedora en el portal. En la barriada del Cerro, en una de esas cuadras de aceras anchas donde la gente saca una mesa de dominó y juega en la calle. Su madre anciana lo acompañaba en aquel bullicioso retiro.

A esa misma casa llegaron a buscarlo, tocaron a la puerta y cuando salió lo montaron en una guagua Girón, de las que usaban en las becas y en las escuelas al campo. La guagua estaba llena de gente extraña, iban para el Mariel, desde donde embarcarían hacia Miami. La madre de Lino no estaba en la casa cuando se lo llevaron, ningún vecino se atrevió a hacer nada.

La guagua siguió su recorrido, todavía quedaban asientos vacíos y en otras paradas recogieron gente. Lino estaba mareado de tantas vueltas en aquella guagua apestosa, estaba asustado. En algún punto, antes de que salieran de la Habana, logró tirarse por la ventanilla.

Los guardias lo vieron pero no pudieron hacer nada, no podían seguirlo con una guagua. Lino no regresó a su casa, caminó hasta Boyeros, allí cogió la 76 que iba para Santiago de las Vegas y se bajó en Mazorra. El Dr. Ordaz lo recibió como siempre, le gustaban los cuadros de Lino, conservaba algunos. Ordaz le dijo que se quedara allí hasta que pasara todo, le dieron una cama y se quedó. Cuando cerraron el Mariel Lino volvió.

La madre de Lino hablaba bien de Mazorra, estaba más tranquila cuando él estaba allí. Ella creía que en aquel hospital su hijo estaba protegido y en su caso, quizás, era cierto. Mazorra tuvo un lado siniestro, de víctimas sin nombre, que Lino y su madre no conocieron.

Hace unos años murió Bernabé Ordaz, al leer la nota que publicó el Herald me acordé de Lino, de su confianza en aquel hombre. En estos días han muerto de frío más de cuarenta pacientes en el Hospital Psiquiátrico de la Habana, conocido popularmente como Mazorra. No sé si Lino estará entre ellos, probablemente nunca lo sabré; como es común en Cuba, no habrán listas, ni datos disponibles.

Lino, si vive aún, debe ser mayor. Su enfermedad era crónica, pero se iba amansando con los años, como se amansan los perros y los tigres. Puede que mi temor no sea cierto, puede que no haya regresado más a Mazorra y que esté en su casa del Cerro, envejeciendo a solas con su pelea de ángeles, en un atardecer color violeta.

lunes 1 de febrero de 2010

La Iglesia advierte riesgo de colapso en Cuba y pide reformas

domingo 31 de enero de 2010

La Base de Guantánamo

Por Eduardo Mesa
www.lacasacuba.com

Parece que Fidel, antes de morirse, dijo que la Base Naval de Guantánamo nos hería como un cuchillo en el corazón y la dignidad de los cubanos. Mi socio el Válvula no conoce esta frase, a él la herida se la hicieron intentando llegar a la Base, nunca me enteré bien de los detalles, pero sé que está vivo de milagro. Después, en el Maleconazo se desquitó a su gusto. Yo no estaba en la Habana, pero la vieja me contó que el Válvula llamó a la casa para decirme que fuera para allá, que él estaba con otros volcando unas patrullas.

Mi socio el Válvula se fue con Ariel el Beluga y el Mapo en unas cámaras de camión que les conseguí. Nunca se imaginó que aquella Base, donde quiso entrar – y que según el Cadáver de Fidel es una herida- iba a ser su casa durante un par de años. Ahora vive en Miami, pero hace mucho que le perdí el rastro.

No sé cómo será el Válvula hoy en día, pero el de antes, se hubiera encabronado con la gente que quiere que los americanos suelten la Base. Y eso que nunca habló con Momblant, aquel viejito guantanamero que vendía cigarros al menudeo en el portal de la Iglesia del Carmen. Según Momblant la base trajo prosperidad a Guantánamo y más que quitarla -si él fuera el Comandante o el Presidente- lo que haría es alquilarla. Parece que Momblant, además de vender cigarros al menudeo, fungía como asesor de los alemanes, esos que le guapearon al gobierno de Bush para que no se llevara una de aquellas bases que se instalaron cuando la Guerra Fría.

A lo mejor no fueron los consejos de Momblant y esos alemanes que protestaron eran unos entreguistas, y unos plattistas, y unos materialistas; pero en aquel pueblo de Alemania la Base era el sustento de miles de familias.

Visto lo visto no sé qué será lo mejor, si quitar esa Base Naval de Guantánamo para lavar la honra del Ejército Libertador –como me dijo un día el fallecido Agapito Menéndez- o alquilar más terreno para otras Bases y sacar un dinero, que falta nos va a hacer.

Habrá que ver, habrá que consultar a los estudiosos del Derecho Internacional para que dictaminen sobre materia tan farragosa y hacer un referendo donde decidiremos, soberanamente, qué hacer con la Base; aunque lo más probable es que cuando llegue ese momento tan democrático los americanos salgan corriendo de allí sin esperar a que se lo pidamos, ahorrándonos la jurisprudencia y la polémica.


En fin, compatriotas, cualquiera sabe lo que nos tiene reservado el futuro, lo que si me gustaría mucho es saber del Válvula; si alguien lee estas líneas y sabe de él, que por favor me avise.

jueves 28 de enero de 2010

Convivencia # 13

El Padre Santana, un cura de la Liberación

El Padre Santana, un cura de la Liberación

miércoles 27 de enero de 2010

Esto ocurre por quitar las clases de inglés y poner las de ruso



La foto me llegó en un email, no conozco a los autores de la misma.

Acuse de recibo: Carta abierta a Ana Belén, Joan Manuel Serrat, Miguel Ríos, Víctor Manuel, Miguel Bosse y a todos los cantautores y artistas comprometidos con la justicia social y la dignidad del ser humano.

Acuse de recibo: Carta abierta a Ana Belén, Joan Manuel Serrat, Miguel Ríos, Víctor Manuel, Miguel Bosse y a todos los cantautores y artistas comprometidos con la justicia social y la dignidad del ser humano.

martes 26 de enero de 2010

Espejismo, redundancia y contradicción | DIARIODECUBA

Espejismo, redundancia y contradicción DIARIODECUBA

jueves 21 de enero de 2010

Tarzán y Luis

Por Eduardo Mesa
www.lacasacuba.com

Tarzán era bajito, el tipo chiquitico que hace pesas para ponerse fuerte, que aprende artes marciales para que no lo abofeteen cada dos cuadras. Cuando lo conocí manejaba un montacargas y vestía como un ranger, era un Rambo cubano con botas "Centauro" que descargaba una rastra cargada de bovinas en tres cuartos de hora.

Tarzán "explotó" porque tenía una fábrica de velas con unos socios, lo agarró un patrullero descargando dos toneladas de parafina en un solar. Se pasaba el día ofreciendo las velas en el trabajo: “oye tengo velas, para los santos y los apagones”.

Le echaron varios años para cumplirlos en el Combinado. Se destacó pronto en el “Tanque” repartiendo estrallones. Lo sacaron de allí porque el MININT buscaba entrenadores para la PNR. Tarzán terminó trabajando en la Unidad de Zanja.

Luis era diferente, era un hombrón que imponía respeto con su presencia. Vino muy joven para La Habana y desde entonces fue carnicero. Un día me reveló uno de los secretos de su oficio: el truco de la merma. Los carniceros pesaban el rollo de papel para envolver la carne, 30 libras de papel, 30 libras de carne que sobran.

Luis siempre quiso tener un Chevrolet, se compró el modelo del 52, no había pasado un mes cuando llegaron con la orden de registro. Aunque no le pudieron probar nada, lo condenaron por "convicción", tuvo suerte y fue a dar a una "Granja". Lo sacaban a cortar caña, pero no estaba en régimen de cárcel, su mujer le llevaba una "jaba" cada 15 días. A los pocos meses Luis tenía rendimiento de machetero millonario, al año era Vanguardia Nacional del Trabajo.

A finales de Abril la mujer de Luis, amiga de mi madre, llamó a mi casa. Luis, por ser Machetero Millonario, iba a estar en la Tribuna del Primero de Mayo en la Plaza.

Aquel Primero de Mayo vimos a Luis en la Televisión, con sombrero de guano, un pullover naranja con la efigie de Lázaro Peña, en su pecho brillaba una medalla de Vanguardia. Después del acto regresaría a la “Granja”, se le veía tranquilo como siempre. En la silla de al lado se sentó un joven oficial del MININT, algo pequeño para su oficio. Cualquiera afirmaría que aquellos hombres tenían poco en común, así también lo pensarían ellos que apenas se saludaron. Aquel oficial del MININT era Tarzán, un Rambo cubano fabricante de velas, que por otra sinrazón del destino, también estuvo en la Tribuna de aquel Primero de Mayo en la Plaza.

martes 19 de enero de 2010

Una crónica de Gaspar El Lugareño en el sitio de Ichikawa

jueves 14 de enero de 2010

Jochimón (Segunda Parte)

Por Eduardo Mesa
www.lacasacuba.com

En Febrero hará un año que llegó Jochimón, ya no piensa en traer a la novia políglota que se quedó en la Habana y se mueve por todo Miami en un Honda del 99 que pagó cash con sus ahorros. El otro día lo vi con la vecinita Hana Montana por Main Street en Miami Lakes, pero seguí de largo porque alguna vez aprendí que el onceno mandamiento es “no pasmar”. Sé que le manda dinero a su madre y que piensa viajar pronto a la Isla, siempre le causa asombro mi temor al regreso.

Jochimón ya domina los términos, los tópicos, las nuevas frases hechas y repite consignas del mercado con la misma indolencia con que una vez…. ya saben. El hombre nuevo, es el nuevo cliente de los vendedores, por eso a la semana ya tenía trabajo en la televisión Carlos Otero, no es cierto que en inglés los programas de entretenimiento sean mejores, los mercaderes han encontrado el queso que gusta a estos ratones.

De cualquier forma, a él nadie le ha mostrado otra cosa; para una buena parte de esta gente que llega, ser cubano es ser chévere, resolver, buscar el billete y en el primer chance que tengan volver, allá están la familia, los socios y una novia políglota que espera en la estación.

Aquí hay quien se pregunta qué hacer para llegar a Cuba, pero Cuba llega a aquí todos los días y preferimos ignorarla. No es fácil la cosa porque Jochimón no está solo, en Miami están la mayor parte de los socios de la escuela y del barrio, tienen su propio ambiente, su propia nostalgia y les da lo mismo tomarse una Heineken con Max Lesnik que con Pérez Roura. Nadie quiere coger el toro por los cuernos, que es entrarle a esta parte de la nación cubana con algo más que los conciertos que prepara Hugo Cancio o con discursos que no les dicen nada.

Ni la Iglesia sabe qué hacer con esta gente, que cree en la Caridad, en Santa Bárbara, que recibió el Bautismo en los ochenta y acaso sabe rezar el Padre Nuestro. Gente que no es católica a la usanza de aquellos que llevaron las antorchas en aquel Congreso del 59, aunque después la Iglesia quedó a oscuras, con Luz pero sin luces.

El pobre Jochimón no sabe que su estampa provoca este monólogo, debía preguntarme qué haría él si supiera mis elucubraciones. Mientras yo me decido a hablarle de estas cosas, Jochimón prepara su primer viaje a Cuba, de lo que lleva en sus maletas poco es nuestro, pero él no lo sabe, ni le importa. Su pasaporte azul llegó hace una semana, me explica que “cualquiera” puede viajar a Cuba, con este pasaporte “habilitado".


Adjunto Jochimón (Primera Parte)
http://www.lacasacuba.com/2009/02/jochimon_6203.html

martes 12 de enero de 2010

Entrevista a Dagoberto Valdés

"EL 2010 SERÁ UN AÑO DEFINITORIO PARA EL DESTINO DE CUBA"... ENTREVISTA A DAGOBERTO VALDÉS, DIRECTOR DE LA REVISTA DIGITAL CONVIVENCIA - Misceláneas de Cuba

Don Pedro Herrera

Me avisa José Ignacio Padilla que en la mañana de ayer lunes falleció nuestro amigo el historiador Pedro Herrera. Don Pedro, como comúnmente lo llamaba, era una persona admirable. Sus conocimientos sobre la historia de Cuba y en particular sobre su amada Villa de Guanabacoa eran asombrosos, su perseverancia en la animación de la Adoración Nocturna, un movimiento tenido a menos por algunos católicos, revelan su espiritualidad profunda y su fortaleza de carácter. Deja una obra que permanece en parte inédita pero que algún día
se conocerá como es debido. Fue condecorado hace pocos meses con la Cruz Pro-ecclesia et Pontifice, me alegra que haya recibido este homenaje en vida, honrar honra.

lunes 11 de enero de 2010

XI Congreso del Partido Demócrata Cristiano de Cuba

El pasado sábado 9 de enero participé como observador en XI Congreso del Partido Demócrata Cristiano de Cuba. Fue un buen momento para encontrar viejos amigos y conocer de cerca a este partido político. El PDC fue fundado hace 20 años y ha sufrido –como otros grupos políticos del exilio- el embate del tiempo. La reflexión de este XI Congreso reconoce los fracasos, valora los éxitos y mira el futuro con humildad pero con voluntad de permanencia y crecimiento.

Adjunto nota de Diario de Cuba para los que deseen conocer los detalles:
http://ddcuba.com/cuba/noticias/2010/marcelino-miyares-regresa-la-presidencia-del-partido-democrata-cristiano-de-cuba






viernes 8 de enero de 2010

Gaspar, El Lugareño: (Re)Encuentro en Miami

Gaspar, El Lugareño: (Re)Encuentro en Miami

martes 5 de enero de 2010

El libro de Juanita Castro


Por Eduardo Mesa
www.lacasacuba.com

Después de leer una biografía del Papa Alejandro VI asumí para siempre una de las conclusiones de su autor, ese genio olvidado que fue Orestes Ferrara: la historia de una familia no debe ser construida solo con testimonios de sus enemigos. Es por eso que me animé a comprar el libro de Juanita Castro “Fidel y Raúl, mis hermanos”.

Es cierto que este relato de familia contribuye a demoler lo poco que va quedando del mito fidelista. En el libro de Juanita, Fidel Castro aparece tal cual es: un narcisista capaz de cualquier cosa por alcanzar el poder y permanecer en él, un sujeto con una manifiesta incapacidad de amar a nadie que no sea él mismo, alguien insalvable ante el juicio de la historia. Con Raúl, sin embargo, no ocurre lo mismo, el querido “Muso” se presenta como alguien sensible, tierno con la familia, razonable, práctico, arrastrado por el Máximo Líder a esa locura de poder y de sangre llamada Revolución. El Raúl de Juanita es alguien que torció el rumbo por culpa de su hermano, alguien recuperable si condujera una transición democrática en la Isla, una visión coincidente con la que se ofrece en el libro “Después de Fidel: La Historia Íntima del Régimen de Castro y el Próximo Líder de Cuba” escrito por Brian Latell, quien fuera hasta hace unos años el máximo oficial de inteligencia a cargo de Cuba y Latinoamérica.

Juanita nos describe el matrimonio de sus padres y la vida en Birán de un modo idílico, algo que contrasta con lo que comúnmente se ha contado de ese lugar y de los personajes que lo habitaron; no soy quien para desmentirla, pero me inclino a pensar que la verdad debe andar extraviada en un término medio entre la habitual descripción de su padre Ángel Castro como un terrateniente español sin escrúpulos y la definición franciscana “de que Ángel era el hombre más bondadoso del mundo” que nos reitera la protagonista de este largo relato.

De cualquier modo, lo que seguirá alimentando la curiosidad de profesionales de las ciencias sociales, periodistas y escritores del mundo entero es el hecho histórico que de allí, de Birán, salieron dos sujetos capaces de secuestrar un país entero y cometer sin el menor asomo de pudor o de duda tantos crímenes. No obstante, es comprensible que al final de su vida Juanita se decida a contar su verdad, a contrarrestar lo que ella asume como un escarnio a la memoria de sus padres y abuelos. Es una pena que varios de los aludidos en su libro – que pudo ser publicado antes según su autora- no vivan para leerlo, me hubiera gustado conocer la reacción de algunos, en especial la de Orlando de Cárdenas a quien se deja en el papel de “chivato” sin otro fundamento que el rumor y la sospecha. Alguien que reclama respeto para los suyos debió tener cuidado con estos detalles.

Un dato curioso es que en estas memorias se contradice la versión del comandante Hubert Matos de que Camilo Cienfuegos no era comunista, de que Fidel sintiera celos de este o lo percibiera como una amenaza que al fin le costaría la vida. Juanita afirma que Camilo estaba influenciado por la ideología de sus padres a quienes identifica como militantes del Partido Socialista Popular; para ella, según su experiencia y conocimiento, Camilo se hubiera plegado a cualquier deseo de Fidel y nunca lo hubiera enfrentado, por eso se inclina a pensar que la muerte del comandante Cienfuegos se debió a un accidente fatal.

Su retrato del Che, de Almeida, de Celia y de otros que han sido presentados como héroes de gesta, nos revela la verdadera naturaleza de estos personajes, algo de agradecer para el provecho de las generaciones presentes y las venideras. Su forma de narrar los acontecimientos, escritos con oficio por la periodista María Antonieta Collins, alcanza la verosimilitud necesaria para un libro como este, donde debe ser muy difícil para su autor -como reza el refranero popular- ser juez y parte.

Amparada, en la verosimilitud que el libro alcanza, se concita la idea de que todos los Castro no son malos, o para ser más exacto, que uno solo es el malo y que las nuevas generaciones nada tienen que ver con las anteriores: que la “musita” Mariela es rebelde como su tía, que hay muchos Castro dispersos por el mundo y que son honrados y prósperos. Esta es una reflexión oportuna cuando el cadáver de Fidel se demora en escoger mortaja y se terminan de atar los cabos para una sucesión que se enfoca peligrosamente en los más jóvenes, quienes participan cada vez más activamente en la dictadura de sus padres. Para Fidel y Raúl pocas cosas serian más gratificantes que una dinastía de longevidad borbónica.

No creo que la justicia del futuro alcance a los hijos de Fidel y Raúl, les agradecería que un día no muy lejano se vayan para siempre, que gasten el dinero en Ibiza, que se construyan hermosas mansiones en la Coruña, que vivan como príncipes, eso sí, lejos de nosotros. Ni un ápice de mí se molestará en ellos, ni creo que a mucha gente le interese seguir el rastro de sus fortunas. Los próximos gobiernos democráticos no querrán gastar lo poco que habrá en sus arcas en perseguir el escurridizo rastro que dejan los millones perdidos por los hermanos Castro y sus descendientes.

Los esfuerzos de Juanita Castro por liberar a Cuba de una dictadura encabezada por sus dos hermanos merecen nuestra admiración y respeto, su testimonio resultará valioso para historiadores y bibliógrafos. Yo conservaré su libro como conservo otros, no lo extrañaré si lo pierdo, no tanto al menos como esa biografía de Orestes Ferrara sobre Alejandro VI que leí hace años, un libro con hermosas capitulares, encuadernado en piel, como era usual en esos libros viejos.

lunes 4 de enero de 2010

Acuse de recibo: Precios de la aduana de Cuba en 2010

martes 29 de diciembre de 2009

Carlos Eloy

Les recomiendo la web del pintor Carlos Eloy, un viejo amigo.

jueves 22 de octubre de 2009

Manolito el bisco

por Eduardo Mesa
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Daniel el gordo, Argudín y yo le dijimos a Manolito el bisco que el cometa Halley iba a chocar con la tierra; al otro día Elodia, su mamá, nos andaba buscando porque el bisco no quería salir de la casa de lo asustado que estaba. Tuvimos que ir a verlo y asegurarle que el choque iba a ocurrir dentro de tres mil años y en tres mil años él ya estaría muerto, entonces el bisco salió otra vez pero miraba el cielo con desconfianza.

El bisco era así, y nosotros lo fastidiábamos con cualquier cosa, pero no era un trajín, si el bisco se berreaba había que correr porque era un mulato grande, con los brazos y las patas largas. La madre de Manolito el bisco, Elodia, era una negra fina, con peluca y tacones todo el tiempo, el padre se llamaba Manuel Ortega y era un hombre severo, muy callado, que había sido chófer de una patrulla en tiempos de Batista. En la cuadra muy poca gente conocía esta historia, yo lo sabía porque mi tío Rubén fue su compañero y vivía en Miami desde el sesenta y pico.

Ortega siempre me saludaba y me decía cuídame a Manolito. Tú le caes bien al viejo me decía el bisco y yo sabía que era verdad. Los Ortega me conocían desde que nací, como se conoce la gente en los barrios y en los pueblos. Cuidar a Manolito no era tarea fácil, una vez nos fuimos al zoológico y el bisco comenzó a tirarle piedrecitas a los cocodrilos que parecen estar quietos. El bisco cada vez se inclinaba más para tirar las piedras con su estatura larga y sus espejuelos fondo de botella se le resbalaban, no sé como pero un cocodrilo saltó y yo ví que la boca del animal se cerró cerca de las manos del bisco, le metí un halón por la camisa y él todavía trataba de fildear sus espejuelos de palo.

¿Manolito y tus espejuelos? preguntó Elodia que estaba en la bodega cuando llegamos, se le cayeron en la jaula de los cocodrilos dijo Daniel el gordo que vino todo el viaje llorando de la risa. No fue la única vez que se perdieron los fondo de botella de Manolito, hubo que bucear en el Malecón y explorar los terrenos de la Montaña Rusa en el Coney Island hasta que decidió amarrárselos con un cordón y entonces las pérdidas fueron menos frecuentes.

Los Ortega vivían con sigilo porque el viejo Manuel, además de tener su pasado, hacía zapatos. A veces se sentía el olor de la cola y el bisco entraba a avisar a su padre para que cerrara la ventanita del taller clandestino. El azar y la Reforma Urbana le colocaron a la Rubia segurosa frente por frente, en unas accesorias donde también vivía el chivatón Arsenio con su querida. Pero Arsenio nunca se encarnizó con los Ortega, la Rubia en cambio no los soportaba, ella venía con su traje del MININT en la tarde y el bisco, que siempre estaba sentado en el quicio de su casa a esa hora, la veía llegar y la miraba con las pupilas dilatadas de asco.

La Rubia sabía que era el bisco quien le escupía la puerta dejando unos gargajos que emulaban la densidad de la Via Lactea. El bisco sabía que por culpa de ella les habían metido un registro en la casa, por suerte el viejo Ortega se olió el pase y logró sacar antes los rollos de piel y la garrapata.

Al bisco le gustaba la música y bailaba bien, me tenía loco con la música disco, al fin Ortega y Elodia, que buscaban los pesos debajo de la tierra, le regalaron una grabadora cuando cumplió los dieciséis, desde entonces el bisco pasaba todo el día con la música puesta y nos llamaba cada vez que grababa un cassette.

Una tarde, mientras el bisco tenía a todo meter la grabadora tocaron a la puerta, eran el jefe de sector y la Rubia. En ese mismo momento llegó Ortega, todo era por la música pero el viejo pensó que era un registro, se puso muy nervioso y regañó a Manolito delante de todos. Al poco rato se sintió mal, llamaron a Isabel, la enfermera que vivía en la esquina, ella le tomó la presión y comenzó a gritar que buscaran un carro. No llegó al hospital, se murió antes, yo alcancé a verle por la ventanilla.

Llegamos a la funeraria como a las ocho, el bisco había buscado una silla y estaba de espaldas mirando a la pared. Elodia me dijo que no se había movido de allí en todo el día. No me atreví a acercarme, Daniel el gordo y Argudín tampoco se atrevieron. En el entierro vi que lloraba con los puños cerrados, eran casi las once cuando salimos del cementerio.

Al día siguiente no vimos al bisco, ni al siguiente, ni al otro y casi pasó una semana sin que lo encontráramos, el Lunes me llené de valor y fui a verlo, le dije que saliera, que el cometa Halley regresaría en tres mil años, sonrió sin ganas pero me abrió la puerta, hablamos un rato y a modo de despedida me prestó unos cassettes que me gustaban.

El bisco no volvió a poner la grabadora, de vez en cuando salía con nosotros pero siempre estaba en otra parte, con el tiempo él y Elodia se fueron a vivir al Vedado porque ella le limpiaba a una señora mayor que estaba sola y cuando la mujer no pudo valerse la cuidaron entre los dos para que les dejara la casa.

Elodia le dejó la casita ¨de toda la vida¨ a una prima suya, ella se daba su vuelta por el barrio a visitar la prima, pero después de la muerte de Ortega parecía un fantasma. El bisco se quedó en el Vedado, supe que al fin le pusieron lentes de contacto, nunca más regresó a visitarnos.

jueves 27 de agosto de 2009

El Buda

Por Eduardo Mesa
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Ayer soñé con el Buda de Tati, que me acercaba a tocar su barriga de porcelana y me miraba. No recuerdo cuándo descubrí que aquel chino gordo era la imagen de Buda.

Tati era un erizo pero yo tengo suerte para los erizos o acaso soy uno de ellos y no me he dado cuenta. El día en que por poco me dejan con siete dedos ella llegó al hospital primero que mami, mientras los enfermeros me echaban en la mano derecha litros de alcohol y agua oxigenada la vi entrar por la puerta. Nunca le pregunté cómo llegó tan rápido. Después vino casi todos los días a hacerme la visita hasta que me botaron del hospital 21 días después.

No le gustaban los animales pero su hijo Carlitos le coló una gata en la casa, Tati fue su verdadera dueña, le puso Reina y vivió como tal. Ella le compraba unas cajitas de picadillo de pescado que vendían en la pescadería del derrumbe del teatro Shangai. Después trajo otra gata que se llamó Milagro porque la recogió muerta de hambre y "se salvó de milagro".

Nunca cocinó bien, hay gente que no aprende nunca a cocinar, antes de que Fidel llegara a La Habana Tati tuvo un empleado que iba a la casa y realizaba parte del trabajo doméstico, su mamá cocinaba, su esposo Manolo traía la comida o salían a comer. Manolo era jefe de despacho del Ministro de Comunicaciones, los ministros cambiaban pero Manolo por su probidad y competencia permanecía. Tati y Manolo vivían holgadamente pero sin lujos, Manolo tenía delirio con ella y quizás por tener tantos mimos, Tati no aprendió a cocinar.

Carlitos se parece a Manolo en el físico pero tiene más de Tati en el carácter, heredó de ella la tenacidad ante el propósito: una vez, cuando nadie lo hacía, se empeñó en ver los canales de afuera. Yo pensé que no lo iba a lograr pero hurgó en todos los barrios de La Habana y consiguió la dirección de un hombre que fabricaba unos engendros giratorios que cogían los canales. La antena se alzaba de una planta baja a un cuarto piso, se orientaba con un sistema de polea y manigueta, pero a veces el sistema fallaba y había que recurrir a la orientación manual, entonces Carlitos me daba un grito para que le orientara la antena.

Carlitos me fastidiaba mucho con la antena, pero en mi casa no había teléfono y yo usaba el de casa de Tati. Bajaba a cualquier hora a llamar o daba ese teléfono para que me llamaran, mi hermano y yo teníamos ese privilegio que ella no otorgaba, muy pocos tenían vía expedita en su casa de erizo.

En el despacho de Manolo quedaron unas botellas de Oporto que nos bebimos años después de su muerte, todavía estaban buenas y eran de la cosecha del cincuenta y tantos. Manolo tenía afición por la historia y José Luciano Franco el biógrafo del general Antonio Maceo iba a consultarle con frecuencia. No sé que habrá hecho Carlitos con su iconografía de la Guerra con fotos de toda la oficialidad mambisa, ni con el sable toledano -que yo imaginaba- trofeo de algún pariente mambí de Manolo y que me hubiera gustado tener.

Tati sobrevivió a Manolo y murió en los noventa. Algo de mi vida murió con ellos y con ese edificio de Escobar y Zanja que visualizo cuando pienso en mi casa.

Carlitos vive en Miami y nos hablamos a cada rato, de algún modo logró traer el Buda que permanece en mis sueños, me ha dicho que adorna la sala de su casa, sé que me llamará cuando lea esta crónica.

lunes 27 de julio de 2009

Se va otro de los buenos

Leo con tristeza que el cineasta Roberto Fandiño ha muerto. Un buen amigo, cubano universal, nos deja. A veces me pregunto por qué se van los que no deben irse y los que deben irse no se van. En La Habana, en Matanzas, en cualquier parte de la Isla, "lo menos tierra de la tierra", el día de la Libertad nos vemos.

Pueden leer el obituario en cubaencuentro.com: Fallece en Miami el cineasta y crítico Roberto Fandiño - Noticias - Cultura - cubaencuentro.com

lunes 13 de julio de 2009

En memoria del P. Mariano Arroyo

Hace unas horas Jorge Díaz, periodista de Radio Paz, me hizo saber que ha muerto el P. Mariano Arroyo. El P. Arroyo, de nacionalidad española, llegó a Cuba de mano de los Hijos de la Caridad con quienes tenía una gran amistad. Era un hombre sencillo y un trabajador incansable, un hombre entero. En estos momentos era Párroco de la Iglesia de Regla, fue Director del Instituto de Ciencias Religiosas y Asesor de la Pastoral de Trabajadores en el tiempo en que tuve el privilegio de trabajar con él. Todo parece indicar que sufrió una muerte violenta. Oremos por él y por los que han cometido ese crimen. Oremos por la Iglesia habanera que pierde a otro sacerdote, un hombre de Dios que lo dio todo por el Reino sin esperar otra recompensa que contemplar el rostro amoroso del Padre Eterno.

lunes 29 de junio de 2009

Memoria de Bauta

Por Eduardo Mesa
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En un tiempo en el que las visitas no eran un inconveniente mi abuela visitaba a la familia sin previo aviso, siempre después de almuerzo porque en los años setenta el racionamiento ya era costumbre. Mi familia por parte de mis abuelos maternos es de Bauta y el domingo allá nos íbamos mi abuela y yo, como fiel escudero en el visiteo.

La ruta 43 tenía parada en Zanja, casi frente a la casa y en ella viajábamos hasta Marianao, después había que hacer la cola de la 99, la ruta que llegaba a Bauta.

Me gustaba aquel viaje, casi siempre alcanzaba una ventanilla y podía mirar de rodillas la secuencia de una ciudad que todavía era hermosa. Después de Mariano venían La Lisa, Novia del Mediodía, Arroyo Arenas, Punta Brava y al poco tiempo se veía la Conaca, un tanque de hierro fundido que debió proveer de agua al pueblo y en unos minutos tocábamos la puerta de tía Yeya, primera y obligada visita.

Tía Yeya siempre tenía algún postre a mano, yo me felicitaba cuando había boniatillo y me acomodaba en un sofá para leer las historietas de Superman, el Fantasma, Mandrake el Mago y el Príncipe Valiente; alguna vez le pregunté por qué los periódicos de ahora no tenían muñequitos, por suerte existían aquellos libracos de mi tío Bebo, coleccionista de historietas, pintor de escenas taurinas y vestales, español y cubano.

Tío Bebo tenía una biblioteca de estantes de caoba con su tarjetero, tuvo una bodega que la escasez convirtió en guarapera y aspiraciones políticas, según me contaron. Hubiera sido un buen hombre público mi tío abuelo político con su bondad ordenada. Pero no pudo ser, pasó lo que pasó, perdió varias casas que tenía en el pueblo y perdió la bodega, aunque se quedó trabajando en ella hasta la jubilación. Conservaron la casa donde vivían, con sus libros y porcelanas, todo aquello detenido en el tiempo, aguardando.

Casi enfrente vive tío Chuti, el viejo militante del PSP, que combatió en Girón y fue herido en una pierna; sobrio te recitaba las cantinelas de manual y si se daba un trago comenzaban las dudas que suelen acompañar a los hombres honestos. Hoy, nonagenario, regresa a aquellos días en que los muchachones socialistas del pueblo pedían prestados al Padre Gayol los bancos de la iglesia para una reunión o cuando Mister Hedges, el americano dueño de la textilera lo iba a buscar para que regresara a sus labores de rotulista y no se metiera en problemas.

La pasión socialista de tío Chuti la heredó de su madre, mi bisabuela canaria Margarita Viña; una pasión socialista que no regresará a Cuba en mucho tiempo, que se alimenta de un odio viejo y se resiste a abandonar a España.

Salir de casa de Chuti, cruzar otra vez la carretera Central para subir por la calle lateral a la bodega del tío Bebo, atravesar la línea del tren, con las debidas y exageradas precauciones de mi abuela, que siempre mencionaba con nombre y apellidos alguna víctima ferroviaria. Entrar en un barrio más pobre, de casitas de madera pegadas unas con otras para llegar a casa de tía Tilita, la casita pobre con suelo de cemento lustrado, de limpieza absoluta. La tía viuda que conservaba la mandolina del difunto esposo colgada en la pared, que crió los hijos sola, trabajando.

Mi abuela miraba su reloj a cada rato, esto determinaba las últimas visitas, las menos imperiosas. Muchas veces llegábamos a casa de su sobrino Pepe, que vio el alunizaje del Apolo, que tocaba en un combo y criaba peces para sus hijos, hasta el último tramo de sus cuarenta años. Una tarde, en el cierre, le hicimos la visita a una hermana de mi bisabuela Margarita que alcanzó a vivir más de cien años, cuando la conocí todavía cosía las mejores guayaberas del pueblo, no recuerdo su nombre, sólo tengo la imagen de una viejita blanca en una mecedora.

Según las coordenadas finales del paseo, antes o después, siempre había que pasar frente al cine Suárez, frente a la Sociedad, cruzar por el parque de la iglesia que embelleció el Padre Gaztelu con obras de Portocarrero, Mariano Rodríguez y el escultor Alfredo Lozano. En el parque solía subir a la glorieta, gritar para escuchar el eco y visitar el busto de mi bisabuelo Carlos Valdés Rosas, recordatorio del maestro emérito, niño expósito. El bisabuelo fue muy querido en el pueblo, cuentan que su muerte provocó gran consternación y en su memoria una escuela pública lleva su nombre. Cuando triunfó la revolución quisieron cambiar el nombre de la escuela, pero la gente protestó y no lo cambiaron. Uno de los hijos del Maestro, mi tío abuelo René, escribió un libro de crónicas sobre Bauta, un libro que relata la vida de sus pobladores en los inicios del pasado siglo, las tertulias de los cafés, las bromas de entonces, un libro de tapas verdes que siempre estuvo en casa.

Al terminar la última visita, íbamos caminando hasta la terminal y en el camino mi abuela solía enumerar las tiendas y comercios que habían, los platos y postres que se servían en fondas y restaurantes, la variedad de revistas y periódicos locales, la textilera que benefició tanto al pueblo y el buen recuerdo de sus dueños americanos, la fábrica de fósforos, la ferretería el Candado, los San Román, los Maruri, los bailes, las fiestas y yo iba de la mano de mi abuela imaginando un paraíso, pregúntandome que había pasado con todo eso.

Para el regreso muchas veces alquilábamos un carro de Anchar en la piquera, los viejos carros de alquiler, una de las pocas actividades privadas que sobrevivieron a la confiscación revolucionaria. El viaje costaba dos pesos por persona y mi abuela me llevaba sentado en sus piernas para pagar un solo pasaje. Al regresar caía la tarde sobre el campo, con la sombra perfecta de los ficus que cubrían grandes tramos de la carretera central. Y después la ciudad de noche, el recorrido a veces laberíntico para dejar a los viajeros, bajarnos en Zanja y Cerrada del Paseo, caminar hasta casa, comer algo mientras se cuentan las incidencias del viaje y a dormir los niños, que después de un paseo siempre se acuestan con muchas más preguntas que respuestas.

domingo 14 de junio de 2009

Al profesor Luis Aguilar León

Por Eduardo Mesa

Profesor, juego la lotería cada mañana y la juego con fe, sé que algún día seré agraciado con el premio. Cuando esto suceda tengo entre mis planes financiar la cuarta edición de su libro: “Reflexiones sobre Cuba y su futuro”.

Quiero que todos mis amigos en Cuba lo lean, quiero que en cada biblioteca de barrio o de pueblo se encuentre un ejemplar disponible, quiero darme ese gusto ya que no tuve el inmenso placer de ser alumno suyo, de poder invitarle a un café en el Versailles y escucharle.

Sí profesor, me hubiera gustado ser su amigo –de algún modo lo soy y usted lo sabe- , su libro lo leo a cada rato y su prosa me inspira en este exilio de tierra firme.

En sus reflexiones he encontrado cabal respuesta a muchas preguntas sobre el destino, sin lugar a dudas trágico, de nuestra patria. En sus palabras está el diagnóstico y la cura, la introspección que conmueve, la verdad que lacera, la invitación a la esperanza.

Usted escribió: “Trabajen con igual fervor por el retorno a la patria y no se preocupen por cuando ha de llegar la hora del retorno. ¿O es que el amor tiene una cuota de tiempo y la esperanza un término fijo, y el deber un plazo limitado?”

Yo profesor no me marché de un lugar imperfecto preñado de esperanzas, no me marché pensando en el retorno. Me fui de un lugar triste, siempre triste, con más de pesadilla que de sueño. Me fui pensando en no volver jamás y sin embargo, algo tienen sus textos, su contagiosa entereza moral.

Su infatigable vigilia hace que Cuba se nos meta en la sangre con lo mejor de ella, con lo mejor de usted, que me conmueve.

Sí profesor, lamento mucho no haberlo conocido. En la librería de Ediciones Universal me contaron que era usted un asiduo visitante, que no dudaba en regalar una anécdota o una ocurrencia, que era usted un caballero.

Luis Aguilar León: un sabio, un caballero de Cuba.

lunes 8 de junio de 2009

El bronce vale

Por Eduardo Mesa

El Bolo no sabía que su lema “la plusvalía es mía” lo convertía en un adelantado a su época, una suerte de gurú tropical que luchaba su “estilla”.

Conocí al Bolo en la casa del Nene, allí nos reuníamos con el mulato Mejía que también trabajaba en la chatarra, allí jugamos dominó alguna vez y hablamos hasta muy tarde de política, de religión y de mujeres -que son las cosas de las que hablan los hombres- entonces no sabíamos que el Nene era chiva, eso lo supe yo pasados los años pero supongo que Mejía y el Bolo lo supieron antes.

El Nene caray, María Elena su difunta madre era una santa que lo crió gusano hasta que lo torcieron en las clases de karate, el niño tenía que defenderse, el niño tenía que aprender karate y allí lo captaron, lo embarcaron con historias de heroicos compañeros chivatones que terminaron por convertirlo en un chivatón a secas, nadie me lo dijo, pero yo estoy seguro que fue allí porque en casa del Nene eran gusanos.

A pesar de los espasmos revolucionarios del Nene la pasábamos bien en su casa, en las tandas de dominó supe cómo era el negocio de la chatarra. Era simple: pasaban los mismos hierros por la pesa varias veces y compartían las ganancias con los pocos particulares autorizados para recoger materia prima, el Nene solo sabía decir “ustedes están locos” y el Bolo y Mejía se reían.

Con el tiempo el negocio aumentó, sacaban la chatarra de la base en camiones del gobierno, la transportaban para la finca de un chatarrero particular conocido como el Guajiro, de allí la sacaba el Guajiro en su propio camión y volvía a la base a vender la misma chatarra una y otra vez. El negocio iba en grande y ya Mejía y el Bolo no iban casi nunca a casa del Nene pero me invitaron alguna que otra vez cuando alquilaban casas en la playa.

Cuando nos veíamos, el Bolo siempre me preguntaba de qué hacían las estatuas: “de bronce Bolo, las estatuas las hacen casi siempre de bronce, no me jodas más con las estatuas” le respondía riéndome. “El bronce vale Eduardito, el bronce vale” era su frase cuando soltaba alguna “gorda” que lo traía loco en la data, me pegó esa expresión que todavía se me escapa cuando el juego de dominó está caliente y suelto el doble nueve.

Una tarde cuando caminaba hacia la bodega para comprar un saco de chícharos para las palomas vi a la mujer del Bolo saliendo de casa del Nene. No llegué a pensar mal porque el Nene no es de los que se acuestan con las mujeres de los amigos, aunque ya era chivatón y yo no lo sabía. Al rato, el mismo Nene bajó a la bodega, lo saludé y me contó lo que había pasado.

Por la mañana, después que entraron todos los trabajadores de la base de recuperación de chatarra, llegaron tres camiones de policías y varios carros del DTI, después se aparececieron unos compañeros del Grupo de Apoyo del Comandante en Jefe, esto último lo dijo con cierta solemnidad.

¿Y que pasó compadre? Interrogaron a todo en mundo, andaban buscando algo. ¿Qué cosa Nene? Eduardito: el Bolo se robó las patas del Che y las picó en pedazos, un Che gigante que quieren poner en Santa Clara, también se llevó la canana, la pistola y las balas. Me quedé pasmao, el Bolo se atrevió por fin a facharse una estatua, una inmensa estatua del Che con la idea de venderla indefinidamente en la base, bronce, puro bronce reciclado hasta la jubilación.

El Nene siguió contando que el Bolo, con Mejía y otro más que le decían Mula Vieja se metieron en una fundición a recoger desechos, vieron las patas del Che que las tenían tiradas por ahí, el Bolo embulló a los otros con aquello de que “el bronce vale” y se llevaron también la canana, la pistola y las balas de bronce. Cargaron con todo, en el mayor camión grúa que había, para la finca del Guajiro y allí lo dejaron para picotearlo con el oxicorte.

Se pusieron fatales, el Comandante quiso saber como iba la estatua y…

Dicen que rodaron cabezas a todos los niveles. Al final los perros estrecharon el cerco y en 48 horas todos estaba presos, el Nene me contó que Mejía y el Bolo estaban tranquilos cuando los esposaron, a Mula Vieja tuvieron que sostenerlo porque se caía cuando vio las esposas.

Nunca más he sabido del Bolo, ni de Mejía. Del Bolo me quedé con sus frases “la plusvalía es mía” y el “bronce vale”. Al Nene lo seguí viendo en el barrio porque era mi socio, nadie sabía entonces que era chiva, no creo que tuviera que ver directamente con el escache del Bolo y de Mejía. Lo que me hizo a mí fue años más tarde pero se lo perdono porque bastante tiene con ser un mierda, además la difunta María Elena, su madre, era una santa y me quería mucho, sé que vela por su hijo desde el cielo, a lo mejor desde allí logra salvarlo, al fin y al cabo ella no tiene la culpa de que le torcieran el camino a su niño en el karate.

martes 5 de mayo de 2009

Los Mata

Por Eduardo Mesa

Los Mata llegaron a la cuadra en los setenta, vivían con su padre que los crió él solo, en mi casa hubo siempre una extraña vocación de adoptar a la gente y los nuevos vecinos fueron adoptados. A partir de las seis de la tarde, cuando comenzaba la televisión, ellos rellenaban los huecos de la pequeña sala y se quedaban hasta que terminaba la programación. En aquel entonces yo tenía cuatro o cinco años y los Mata, a pesar de ser mayores que yo, todavía eran niños.

Un mal día llegó la hora del servicio militar para el mayor de los Mata, después de varios meses de estar en la unidad el teniente de guardia le dio un pase de fin de semana. Esa noche llegó una inspección y el teniente dijo que los ausentes se habían fugado, algunos se callaron, pero en el juicio Mata le metió un bofetón al teniente, cuatro años pasó en el “Pitirre” y su vida cambió.

Cuando cumplí los quince los Mata controlaban el barrio, en su casa podías conseguir cualquier cosa, desde un revólver a una grabadora. Tenían un tiro permanente de “lager” que frecuentaban todos los personajes del barrio, también pasaban a beber cerveza el jefe de sector y otros oficiales del “operativo”.

Una vez necesité un colchón -el mío era anterior a la Edad Media- y conversé el asunto con los Mata, pagué cincuenta dólares y a los dos días tenía el colchón de la shopping en casa, me la trajeron dos policías de uniforme. No lo podía creer, pero los guardias me llevaron el colchón hasta la puerta.

En casa de los Mata solía refrescar la sed Panchita, la presindenta del CDR que te avisaba un par de días antes si tenías un registro. Panchita era buena gente, yo le escribía los comunicados para las efemérides, era lo menos que podía hacer por ella.

El Chino también era habitual del tiro de “lager” de los Mata, los rollos de billetes del Chino parecían ruedas de camión, en ese entonces era administrador de una fábrica de muebles, cuando necesitaba algún dulce para las fiestas de la catequesis se lo decía al Chino, entonces él me daba un papelito y yo iba a ver al administrador de alguna dulcería que me daba los dulces y ni siquiera me los cobraban.

Mi madre no quería que fuera a casa de los Mata, pero yo me escapaba de su control y los visitaba. Ella sabía que el tiro de “lager” de los Mata tenía también su lado tenebroso, allí bebían tipos que eran asesinos, marihuaneros, gánsters de muy diversa índole y especie, cuando había gente así los Mata me hacían señas de que debía marcharme.

Una noche se me hizo tarde en aquella casa, conversaba con el jabao Mañaña, internacionalista en los 70, marinero de la flota del Golfo en los ochenta y palero confeso en el inicio de los años noventa; los cuentos de Mañaña me hicieron olvidar el reloj, eran más de la una, ya me iba, cuando tocaron con fuerza a la puerta. Después de las debidas precauciones le abrieron, era un muchacho rubio, que se había mudado a la cuadra hacía poco. Lo llamaban por el apellido, siempre fue muy callado, le compró un cuarto en el solar al hermano del Pollo, tenía algún negocio, entraba y salía. Los Mata lo saludaban con respeto, era evidente que se conocían.

Esa noche el muchacho traía la camisa empapada de sangre, se dejó caer en el viejo sofá de los Mata y alguien le acercó un trago. Encontró a su mujer con otro tipo, en la casa que le tenía puesta en un reparto, lo mató a él primero, después la mató a ella, tiró el cuchillo por el hueco de una alcantarilla y salió a caminar.

El mayor de los Mata se lo llevó aparte y estuvieron bebiendo hasta que los gallos que la gente cría en los edificios comenzaron a cantar. Luego lo acompañaron hasta la estación de policía en dónde se entregó. Mi madre nunco supo de está historia, ni de ninguna otra, no era necesario que se enterara, a ella de ningún modo le gustaba que me metiera en casa de los Mata.



viernes 17 de abril de 2009

Para que no venza el tópico

Por Eduardo Mesa

La revista Espacio Laical trae en su último número dos artículos que han llamado mi atención. El primero de ellos titulado "Para que no venza el odio" lo firma su editor Roberto Veiga, el segundo "Habana-Miami, Mr Hyde y Dr Jekyll" lo firma Afredo Prieto González.


Es de agradecer el esfuerzo de esta revista de la Arquidiócesis de la Habana por publicar trabajos de autores exiliados, Carmelo Mesa Lago, Uva de Aragón, Jorge Ignacio Domínguez; es también de agradecer la intención de acercarse a la realidad del Exilio. Los artículos de Veiga y de Prieto pudieran inscribirse en este esfuerzo si no reivindicaran unos tópicos que suelen ser frecuentes en algunos medios de prensa, pero que resultan un tanto insólitos en una publicación católica cubana.

Por razones de espacio y tiempo me refereriré sólo algunas de las ideas que aparecen en dichos artículos; los cuestionamientos que se me ocurren parten de argumentos y ejemplos que encuentro en el día a día de esta realidad.

Primer Tópico: El Exilio dominado por el odio

Cuando un cubano llega a Miami los que lo esperan en el aeropuerto no portan bates de beisbol, ni lo reciben con insultos, ni están iracundos. Los cubanos que llegan a Miami son recibidos por familiares y amigos que residen en este país desde épocas diferentes, por regla general, estos recibimientos están marcados por la emoción, por la alegría de recuperar la cercanía de los seres queridos.

La familia cubana continúa siendo solidaria, las remesas se envían a pesar de las dificultades y las envía gente muy variada. Cuando pasa algún ciclón por la Isla esta comunidad se moviliza para enviar ayuda, es verdad que el debate en torno a quién se beneficia de estas ayudas no está ausente, así son las sociedades democráticas, todo se discute; aún así las donaciones que las Hermanas de la Caridad y otras instituciones recibieron no fueron pocas y se emplearon para ayudar a todos los cubanos.

Muchas televisiones y emisoras de radio de Miami cuentan con la presencia habitual de antiguos agentes de la Seguridad del Estado, altos oficiales del Ejército y funcionarios cercanos a Fidel y a Raúl, no hay turbas enardecidas esperándoles a la salida de los programas, nadie les dispara desde un coche en marcha, ni se apagan en una protesta masiva los televisores esclavos del rating.

Es cierto que hay personas que testimonian su odio, muchos de ellos tienen motivos para algo más que un "razonable disgusto". Hace poco recibí una clase de periodismo por el reportero de Radio Caracol Ernesto Ríos, uno de mis compañeros lo felicitó por no perder la serenidad cuando le tocó reportar que su hermana y un sobrino pequeño habían sido víctimas mortales de la embestida de los guardacostas cubanos:quedé estupefacto, yo sabía que esas cosas ocurren pero estaba vez me encontraba ante un familiar de las víctimas. El Sr Ríos no habló de odio, ni de venganza pero no me imagino cuánto dolor pueden sentir los que han vivido experiencias de esa índole.

Para las cosas que han sucedido creo que somos más dados a perdonar de lo que parecemos, creo que la vitalidad, creatividad y solidaridad que el Exilio expresa está mucho más cerca del Amor que del Odio.

Segundo Tópico: El exilio amenazante

Pretender a estas alturas que el Gobierno de Cuba se siente amenazado por Posada Carriles u Orlando Bosch es un argumento risible, decir que la libertad de estos señores provoca un sentimiento de inseguridad nacional en la Isla es un buen argumento para un programa de la "Tremenda Corte".

Es poco probable, por no decir imposible, que quede alguna organización con capacidad para implementar la lucha armada o atentar contra algún objetivo en el territorio nacional o fuera de él. La idea de restituir la democracia utilizando la violencia cuenta con pocos adeptos. Es comprensible que el régimen utilice estos argumentos, aunque es justo destacar que los oficiales de la inteligencia cubana no se los creen. Hacerse eco de esta amenaza en otro contexto raya en la bobería.

Tercer Tópico: Miami, corrupción y nostalgia

En el artículo del Sr Prieto se esboza una imagen de Miami como ciudad de políticos corruptos que es percibida como una República Bananera. La imagen que yo tengo de esta ciudad es distinta.

Es cierto que hay corrupción y corruptelas, no sólo en Miami sino en todo el territorio de la Unión, pero también hay prensa libre, periodistas y políticos honestos, asociaciones de ciudadanos y cosas por el estilo que la mantienen a raya. La corrupción es uno de los peores males que aquejan al mundo libre, en Madrid, en Bruselas, en Tokio o Sidney hay corrupción, es sin embargo en los totalitarismos donde enraiza con más fuerza este mal, desgraciadamente nunca se sabe cuanta corrupción hay en ellos hasta el día en que acaban.

Por lo demás, Miami, es una ciudad que se moderniza y mira al futuro, apostando con gran fuerza por el arte. Es una ciudad en donde muchos latinoamericanos han encontrado su oportunidad de salir adelante, una oportunidad que fue labrada por los cubanos que llegaron primero, pero que hoy pertenece a todos los que llegan y deciden quedarse aquí. Estos cubanos que pertenecen a diferentes estratos sociales y épocas de arribo han marcado esta ciudad con un optimismo y una capacidad de emprendimiento que todavía nos identifica.

Miami es mestizaje, oportunidad, integración que intenta conservar la cultura, los valores que se traen a bordo. Es ciudad de nostalgias, pero de nostalgias de lo bueno, no de lo malo que oscurece nuestra historia. Es la nostalgia de los que llegaron antes y de los que llegaron después, conviven en Hialeah peñas de motoristas que han comprado en Ebay motos Ural soviéticas y admiradores del Chevrolet 56. Conviven en la nostalgia de lo que, alguna vez, en su íntimo universo fue sinónimo de felicidad; nadie añora los errores republicanos, nadie invoca al fantasma de Fulgencio Batista, nadie anhela la represión, la cárcel, el silencio, la miseria organizada y el miedo de estos últimos cincuenta años.

Conclusiones:

La "intríngulis de la cuestión cubana" -una expresión que ha utilizado alguna vez el Sr Veiga- no está en el Exilio, ni en los anticastristas de izquierda, ni en los de derecha, ni en los programas de micrófono abierto que atacan al régimen de laHabana, ni en los programas de micrófono abierto que en Miami defienden al régimen de la Habana. La intríngulis es que dos tipos, buenos para nada, por muchas razones de diversa índole y con abundantes complicidades (algunas explicables y otras inexplicables) secuestraron a un país, a un pueblo y lo mantienen cautivo sin esperanza de libertad.

Podemos no estar de acuerdo con los que defienden el embargo, con los que están en contra de los viajes, con los que exigen el patíbulo para la camarilla gobernante y con los pocos que aún defienden la desafortunada opción de resolver nuestros problemas mediante la violencia; el desacuerdo con estas personas no debe inclinarnos a la actitud de homologarlos con los que gobiernan en la Habana; ni a mirar nuestra historia reciente como la historia de bandos enfrentados en donde hay más o menos las mismas razones.

Los tópicos no son lugar para el encuentro; las generalizaciones nos alejan de una realidad que es infinitamente más compleja que cualquier observación o análisis. Una realidad que afortunadamente se empeña en escaparse de aquello que pensamos y decimos; una realidad que día a día nos asusta, nos alegra y desmiente.

Para que no venza el odio
http://espaciolaical.net/contens/17/6970.pdf
Habana-Miami, Mr Hyde y Dr Jekyll
http://espaciolaical.net/contens/17/6768.pdf



jueves 16 de abril de 2009

El escritor Gordiano Lupi entrevista a Yoani Sánchez

Por Gordiano Lupi

1) Hay siempre censura en el mundo y la libertad de prensa tenemos que conquistarla. Tú tienes tu libertad en internet pero la has pagada a caro precio. Sabemos que tu blog vive en el exterior, tú no puedes verlo cuando escribes pero sigues a escribirlo. ¿Como vives esta condición de blogger ciega?

Desde la última semana de marzo de 2008 el gobierno cubano implementó un filtro que impide poder acceder a todo el portal Desde Cuba –donde está alojado mi blog- desde las conexiones a Internet de los cibercafé, los hoteles, los centros de estudio y la mayor parte de los centros laborales. En el momento en que eso ocurrió pensé que era el fin de mi sitio y que no me sobrepondría al golpe de no poder administrar Generación Y. Sin embargo, para ese entonces ya alrededor de mi blog se había generado una verdadera comunidad virtual y de allí surgió la idea de ayudarme a subir cada nuevo texto.

Gracias a la solidaridad ciudadana de personas que viven en diferentes países, puedo enviar mis posts por email y ellos se ocupan de colgarlo en la página web. También han surgido muchos amigos virtuales que traducen a catorce lenguas lo que yo escribo y otros me envían, a través del correo electrónico, los comentarios que dejan los lectores. De esa manera Generación Y es hoy una red ciudadana donde cada uno tiene una pequeña responsabilidad y donde nos une el deseo de expresión, la necesidad de debate y ese tema llamado Cuba. En mi blog nunca se pone el sol, pues las veinticuatro horas del día hay gente opinando y el hecho de estar censurado en Cuba lo a hecho cada vez más atractivo para mis compatriotas.

2) ¿Internet es un instrumento para la libertad de pensamiento?

En el caso de los que vivimos en esta Isla, donde durante muchos años la información fue un monopolio exclusivo del Estado, Internet ha venido a ser una grieta que se le ha abierto al muro de la censura y parece muy difícil de cerrar. Aunque Cuba tiene uno de los índices de conectividad más bajos de todo el planeta, las personas se las agencian para acceder a las noticias que aparecen en la red. Como mismo tenemos un mercado negro para alimentos, que nos provee de todo aquello que no podemos comprar en el mercado racionado o en el mercado en pesos convertibles, así mismo hay un abastecimiento ilegal y alternativo de información.
Con esa creatividad que nos caracteriza hemos aprendido a distribuir las páginas webs en memory flash y en discos a cientos de personas interesadas, que nunca han podido entrar a Internet. De esa misma manera circulan mi blog y otras bitácoras que se hacen desde la Isla, además de otros sitios webs que se administran desde el extranjero.

3) Raúl y Obama son los líderes del presente. ¿La historia puede cambiar sin Fidel y Bush? ¿Tenemos algo de esperanza?

Estoy de acuerdo con que Obama es un líder del presente, sin embargo Raúl Castro representa para mí el pasado. Se trata de un hombre que ha heredado por vía sanguínea el poder y que está tratando de mantenerlo sin hacer cambios significativos. Me entristece que los cubanos hayan puestos sus esperanzas en lo que pueda hacer el presidente norteamericano, en la influencia que su gestión pueda tener en Cuba. Eso significa que la gente aquí siente que ningún cambio puede impulsarse desde adentro. Preferiría que la esperanza estuviera puesta en lo que podemos hacer desde el interior de la Isla, pero lamentablemente la sociedad civil cubana está demasiado fragmentada y silenciada como para empujar el muro.

4) En Cuba no pueden leer tu blog, pero tú hablas de Cuba al mundo. ¿Para ti como es el mundo?

Aunque nací y he vivido en una Isla, siento que pertenezco a una nacionalidad más amplia que me da el ser habitante de este planeta. Trato de mantenerme informada de lo que ocurre en todas partes del mundo. Gracias a periódicos que me traen amigos que viajan a Cuba, logro mantenerme al tanto de lo que ocurre. También cuando accedo a Internet trato de copiar páginas informativas y las distribuyo a decenas de amigos. Esa es una labor importante, pues a veces los cubanos nos proyectamos como si fuéramos el ombligo del mundo y eso se debe -en parte- a la ignorancia de cómo son los otros países y las otras culturas.

Gracias a Internet el mundo se ha hecho como una aldea, que es posible recorrer sin levantarse de la silla. Aún así tengo muchos deseos de poder salir de mi país y enriquecerme con otras experiencias. El tiempo que viví en Suiza fue uno de los más intensos de toda mi vida, ya que pude interactuar con personas de muchos países. Esa convivencia de diferentes culturas, lenguas y religiones nos hace mucha falta a los cubanos para que nuestra propia identidad se vea retroalimentada y beneficiada.

5) No te dejaron ir a Italia por el Pisa Book Festival. El régimen cubano quiere mantener ciega tu escritura. Tu blog - traducido por Gordiano Lupi - en Italia tiene siempre más lectores. ¿Cuál es tu idea de la situación italiana?

Sé que en Italia hay muchos que aplauden cualquier acción que realice el gobierno cubano. Para ellos esta Isla es un paraíso donde reina la igualdad y la esperanza. Lamento decirles que no es así. Incluso creo que muchos de esos que consideran que los cubanos habitamos el mejor de los sistemas posibles, no soportarían dos semanas de colas, mercado racionado y prohibiciones. El gran problema es que mucho de los que apoyan la actual situación cubana, vienen aquí solo como turistas y desde un hotel todo les parece muy bonito. Les recomiendo que se queden a vivir como un cubano más, con la moneda nacional que no sirve para comprar la mayoría de las cosas que necesitamos, el transporte colapsado y los periódicos que no reflejan la realidad. Quizás después de una terapia así comienzan a pensar de otra manera.

6) ¿Cómo cambió tu vida después de haber adquirido notoriedad?

Por una lado cambió mucho y sin embargo en otros aspectos sigue siendo más o menos la misma. Ahora me siento más responsable con lo que digo, porque sé que mi blog lo leen cientos de miles de personas en todo el mundo. Mis días se hicieron más escasos de tiempo, pues muchas personas quieren entrevistarme o filmar algo sobre mi labor. Sin embargo, he tratado de mantener a mi familia ajena a todos esos revuelos de la prensa y de seguir dedicando a mi casa, a mi marido y a mi hijo el tiempo necesario para conservar el cariño. Muchas personas en la calle me reconocen y me saludan, pero los medios oficiales de mi país hacen silencio alrededor de mi persona. Sigo viviendo en la misma casa, no tengo auto, mi ascensor está roto hace tres meses, no tengo un equipo que me ayude a responder los miles de emails que recibo cada semana, ni siquiera puedo salir de mi país. Sigo siendo una ciudadana y eso me alegra.

7) ¿Cómo te gustaría el futuro de Cuba? ¿Tienes una idea política?

Lo que más me gustaría para mis Isla es que algún día quedamos en ella todos los cubanos, sin segregaciones de corte político o ideológico. Una Cuba plural e inclusiva, donde mis nietos no sean clasificados con epítetos como "gusanos" por tener opiniones críticas. Ese es el sueño que tengo. Ahora bien, ese país deseado no está a la vuelta de la esquina, habrá que trabajar mucho para lograrlo. El desastre económico, la apatía generalizada, la emigración constante y la desconfianza que existe entre cada miembro de esta sociedad, van a ser muy complicados de superar. Vendrán años muy difíciles, para salir de ellos tendremos que volver a sentir que la Isla nos pertenece y que no es un feudo de unos pocos que deciden todo pro nosotros. Yo, trataré de seguir mi papel desde la sociedad civil, no desde una tribuna.

8) ¿En Cuba hay un movimiento de opinión por el cambio?

Me gustaría pensar que sí, pero todavía la gente se cuida mucho de decir en público lo que realmente creen sobre la situación política, económica y social. En la intimidad de las casa y entre los amigos, si se escuchan voces de cambio, deseos de que el status quo en el que vivimos de paso a una sociedad más participativa. Aunque el despertar de la sociedad civil va lentamente en Cuba, puedo asegurar que en los últimos dos años ha dado pasos más largos que en las pasadas décadas. La no presencia de Fidel Castro ha significado el fin del hipnotismo colectivo que lograba su figura. Una vez que ese gran hipnotizador que fue él no puede tomar el micrófono y hacer un discurso de tres horas, entonces la gente comienza lentamente a sacudirse y a hablar.

9) Hay muchos jóvenes bloggers cubanos. ¿Este fenómeno puede traer algo bueno?

La blogósfera que se hace desde dentro de la isla todavía está en un estado embrionario. Por una parte las complicaciones para acceder a Internet y por otra el temor a emitir opiniones, conspiran contra su crecimiento. No obstante, en los últimos meses hemos visto como surgen nuevas bitácoras y lo más sorprendente, como sus autores no se esconden bajo un seudónimo. No creo que la blogósfera pueda hacer por sí sola lo que debería ser una tarea de toda la sociedad: rescatar el derecho a la libre expresión. Este fenómeno virtual debe estar acompañado también de la labor de los periodistas independientes, de intelectuales que a través de su obra muestren la realidad sin el triunfalismo que caracteriza a los periódicos oficiales y de ciudadanos que se atrevan a señalar en voz alta lo que nos les gusta. Si la necesidad de opinar no llega a todos, la blogósfera cubana no puede por sí sola cambiar la atmósfera de censura impuesta en estos cincuenta años.

10) Una pregunta literaria. Tu blog es muy interesante y se está transformando en un libro. ¿No piensas de escribir novelas, cuentos y poemas sobre la Cuba de hoy?

El torbellino que representa mi blog me absorbe muchas energías y tiempo, sin embargo siempre encuentro un momento de paz para escribir cuentos o emprender proyectos literarios de mayor envergadura. Con sinceridad, digo que escribir para la red es una experiencia increíble y poco a poco la ciber-literatura se irá imponiendo también en los gustos de los lectores. Me gustan esas pinceladas impresionistas, muy breves, que puedo publicar en Generación Y.

11) Qué crees que vaya a pasar el día que muera Fidel Castro.

Si esa pregunta me la hubieran hecho tres años antes, hubiera dicho que todo cambiaría. Sin embargo, en el tiempo transcurrido desde aquel 31 de julio de 2006 en que se anunció la enfermedad de Fidel Castro hasta el día de hoy, el gobierno cubano ha ido preparando a los ciudadanos para la noticia de su muerte. Como en uno de esos filmes donde el protagonista se va alejando por un largo camino hasta perderse de nuestra vista, así mismo hemos visto como la figura del "invencible" Comandante en Jefe se ha ido apagando. En estos momentos muchos piensan que ya está muerto y ha perdido mucha importancia en la vida política del país. No obstante, al desaparecer el símbolo que representa su persona, muchos cubanos sentirán que toda una época ha terminado.

Algunos se sentirán aliviados y es posible que las ventas de ron se disparen en toda Cuba, mientras otros lloraran en público y ante las cámaras. Entrará en nuestro pasado y algún día cuando mis nietos me oigan hablar sobre Fidel Castro, no sabrán si se trataba de un político, una estrella de la música tradicional o un jugador de béisbol. Ese día, sentiré que finalmente habremos superado su enorme peso verdeolivo sobre nuestras vidas.
(La foto es una cortesía del autor)

lunes 6 de abril de 2009

Algunas consideraciones sobre el artículo “Transición Social” de Marta Beatriz Roque.

Por Eduardo Mesa

Me alegra saber que la opositora Marta Beatriz Roque es católica, que participa en misa y comulga. Coincido plenamente con su criterio de que se va dando en la Isla una transición social, peculiar y lenta, pero transición al fin. Comparto su esperanza en un pueblo que poco a poco va perdiendo el miedo, comparto también su asombro ante aquellos que no ven o no quieren ver que algo va cambiando, aunque no sea al ritmo deseado.

Le agradezco su reconocimiento de lo difícil que ha sido ser creyente en Cuba, aseverando la discriminación, el repudio que tantas veces ha sido puesto en duda.

Aunque su artículo es crítico con la jerarquía eclesial de la Isla y con el Vaticano afirma que es en la religión de forma general y en particular en la Iglesia Católica en donde se pueden encontrar ejemplos significativos de esta transición que acontece.

Comparto varias de las afirmaciones que hace Marta Beatriz Roque en este artículo, hay, sin embargo, una que me gustaría precisar y otras que me atreveré a mirar desde una perspectiva diferente. Comenzaré por la precisión de que si bien es cierto que la visita del Papa “dio un giro bastante grande al comportamiento social para exteriorizar su deseo de estar en presencia de Dios” como señala Marta Beatriz, dicha visita no fue el inicio sino el colofón de una etapa.

Las iglesias comenzaron a llenarse a finales de los años ochenta cuando a partir del E. N. E. C. la Iglesia Cubana dejó atrás un tiempo de reclusión a donde había sido relegada por el poder revolucionario. Aunque es preciso señalar que este tiempo de reclusión, desde la perspectiva de la fe, fue especialmente fecundo; laicos como Oswaldo Payá Sardiñas, Dagoberto Valdés y otros menos conocidos -pero también de gran entereza moral- se formaron en esa etapa de abierta represión, etapa de abuelas que esperaron contra toda esperanza, de sacerdotes y religiosas que gastaron su vida en sembrar semillas de frutos que no recogerían. Un tiempo que el ENEC hizo visible pero que comenzó mucho antes.

La frustración que significó la caída del Muro del Berlín con todas sus repercusiones en el orden material y moral contribuyó notablemente a la venida de nuevos fieles y al regreso de muchos hijos pródigos, cuando esto sucedió la Iglesia ya había salido a la calle, las puertas de los templos ya estaban de par en par abiertas. Esos signos de transición que Marta Beatriz Roque observa en el ámbito eclesial no comenzaron con la visita del Papa, aunque hayan sido confirmados y potenciados con la visita del Sumo Pontífice.

Por otra parte, no me parece justo considerar “una limosna” del régimen el acceso de capellanes católicos y religiosas a las cárceles. Durante años se ha perseverado en la pastoral peninteciaria para expresar de forma permanente el derecho que tiene la Iglesia a asistir espiritual y materialmente a los presos y el derecho de éstos a recibir esta asistencia. No creo que lo ocurrido el 25 de diciembre signifique poco para la libertad religiosa, ni para la libertad en su sentido más amplio. No creo que el gobierno ceda de buena gana ni siquiera esa pequeña brecha en donde un control absoluto es su mayor deseo. Habría que preguntarle a esos presos que significó para ellos la celebración de esas misas el 25 de diciembre.

Es cierto “que la alta jerarquía no quiere enfrentarse al gobierno” probablemente porque prefiere, como expresé en otra ocasión en que abordé este tema, construir y fundar antes que desafiar(…) porque trabaja por un cambio más profundo que el sólo cambio de los poderes establecidos. También cabría agregar porque escucha a unos fieles que desean cambios y a la vez los temen, que desean libertad y paz o para ser más preciso: desean libertad en paz. Esos fieles católicos no son de otra galaxia, son los mismos cubanos que a tientas participan de esa transición social que Marta Beatriz, atinadamente, define como lenta.

Deploro que el cardenal Bertone no recibiera a los opositores, en lo personal esa decisión no me parece justa. Dicen que “de Roma viene lo que a Roma va”, si este fuera el caso tampoco me parece justo. Es cierto que en los últimos años muchos Jefes de Estado y Ministros de turno han ignorado a la oposición, pero es comprensible que el desdén mostrado por el Secretario de Estado Tarcisio Bertone duela más, la gente espera de la Iglesia otra cosa. El tiempo definirá las consecuencias de esa actitud, no hay actos neutros en la historia.

No obstante a eso, me gustaría insistir en la idea de que la Iglesia, por un camino u otro, coincide con los fines de la oposición pacífica y democrática; ella quiere también la plena realización material y espiritual del cubano, aunque de estas dos realidades -como es lógico- haga mayor enfásis en la segunda.

La aspiraciones de realización plena, de dignidad plena son imposibles de encauzar si no hay libertad y la Iglesia lo sabe. Aunque siga su propio camino, aunque establezca otras prioridades, aunque no esté exenta de miserias y fallos es un error no pensar en ella como una aliada de la libertad y la democracia, es un error atacar a sus líderes presentándolos como jerarcas ajenos a sus bases, persistiendo en la idea del divorcio entre Jerarquía y pueblo, una idea que también ha sido esgrimida por régimen y desmentida por los hechos.

Me resulta curioso que los reproches de Marta Beatriz Roque a la Iglesia no son muy diferentes a los que algunos exiliados tienen para ella misma y para esa oposición pacífica de la que es digna representante.

Todos los cubanos que deseamos la libertad de Cuba tenemos una idea formada de lo que habría que hacer, una idea de que es más eficaz y justo para terminar con esa tiranía. Todos de un modo u otro defendemos los intereses y estrategias que consideramos más adecuados para alcanzar la libertad. Sigamos por este camino de discrepar con respeto que traza con maestría Marta Beatriz Roque, yo, además, me alegro por su fe, puesta en Jesús Nazaret, Señor de la Historia y no en las personas y avatares a quienes su artículo enjuicia.




Transición Social
Por Marta Beatriz Roque
http://marthabeatrizinfo.blogspot.com/2009/02/transicion-social.html

domingo 8 de marzo de 2009

La política heroica

Por Eduardo Mesa

El cadáver de Fidel se resiste a morir, su descanso supondría un alivio para todos pero su alma de gánster no quiere abandonar el cuerpo moribundo, quizás intuye la desnudez del tránsito, la mirada de Dios.

A Fidel lo mantiene con vida su ego, ¿qué sería la humanidad sin mí? se pregunta el viejo dictador mientras el amanuense transcribe su agonía. Aunque no lo desee Fidel se muere, muere el viejo que deja a un pueblo acuchillado y muere el niño que vivió con rabia.

Los jesuítas de Belén le hablaron de Dios Padre, entonces Fidel pensó en el gallego Ángel Castro, prescindió de la teología y compró un revólver. Fidel aprendió pronto la necesidad de una leyenda, escogió el oficio de revolucionario y declinó –no sabemos si amablemente- la santidad.

Estoy seguro que nunca simpatizó con Jesús, menos aún con Pedro, pero se aseguró desde el principio un panteón de mártires que él mismo condujo a la muerte. Mira que nos contaron las torturas de Abel Santamaría, de Renato Guitar; la épica revolucionaria del sargento torturador, esbirro-sudado-con-mocho-de-tabaco-que-aprieta-su-mocho-de-tabaco-encendido-en-el-pecho-del-joven-revolucionario-que-no-delata-a-su-célula.

Fidel mira a Cristo en la cruz y le parece un desperdicio, un Dios imbécil. Ninguno de sus seguidores llegará a Pontífice, ni siquiera Raúl, aunque lo afirme tres veces cada día, antes del alba.

En la escuela nunca nos hablaron de Jesús, menos aún de Pedro, el hombre que sería el primer Papa, el que negó a su Maestro tres veces en la víspera de la Pasión. Nuestra historia está hecha de héroes, nuestra historia no cuenta que los héroes no siempre fueron leales a otros héroes, que a menudo se odiaron; héroes, que salvando la probable excepción de Martí, no escogerían a Pedro para dar continuidad a su obra.

En Cuba, el ejercicio de la política continúa teñido de heroísmo, a los opositores no les queda otro remedio que ser héroes y el cadáver de Fidel le reprocha a los penúltimos defenestrados su adicción a “la miel del poder por el cual no conocieron sacrificio alguno”. La meritocracia castrista augura un tiempo indeterminado de poder geriátrico.

Aquí, en el largo exilio, hay héroes verdaderos y falsos; la retórica heroica mantiene su rating y la gente siempre tiene a mano una verdad o una quimera. Entre nosotros las ideas secundan al mérito, aquí nos ampara la democracia anglosajona que hace posible a Obama, allá no hay amparo posible, ni milagro que no venga de la mano de Dios.

Fidel se muere, Raúl se morirá antes o después de Fidel, la muerte de estos tipos será el signo visible del final de una época que morirá con ellos. Un tiempo de política heroica que dará paso a un tiempo diferente, en donde nadie se sienta conminado a ser héroe, en donde nadie tenga que callar por el miedo que tuvo o el valor que no alcanzó a tener.


sábado 21 de febrero de 2009

Coloquios Culturales EGO GROUP presentan a Orlando Coré en "Performance 53"


El cantautor Orlando Coré me avisa de su presentación el próximo 1 de Marzo, adjunta un cartel publicitario diseñado por el fraterno Jorge Díaz Díaz.


No quisiera quedarme en el simple anuncio de este evento, hace algún tiempo descubrí las canciones de Coré en un breve segmento cultural que tiene, los viernes muy temprano, en Radio Paz 830 AM.


La guitarra de Coré acuna la poesía de Santa Teresa de Jesús, los hallazgos de Lidia Cabrera y esas canciones de Teresita Fernández que oíamos de niños. En sus presentaciones convergen la trova tradicional cubana, la reflexión inteligente y una poesía que prescinde de pretensiones y artificios, que nos remite a una experiencia profundamente humana.


Escuchar a Coré es, a un tiempo, alivio a la nostalgia y desgarramiento; es llegar a cualquier parte desde una voz que evoca viejos cantos del Líbano, tierra de sus padres. Coré es holguinero pero su vocación es el universo, los artistas verdaderos vienen de un lugar pero ningún lugar es su destino. Coré lo sabe y canta, se apresta con nosotros a continuar el viaje; les aseguro que merece la pena, este 1 de marzo, volver a escucharlo.

viernes 20 de febrero de 2009

Al día: Comentario a Jochimón

domingo 15 de febrero de 2009

Jochimón

Por Eduardo Mesa

Jochimón es feliz porque ya recibió el Social Security, pronto podrá trabajar, manejar… Llegó de Cuba hace apenas tres meses y lo que más extraña son los juegos de fútbol de la Liga Española y una novia políglota que ha dejado en la Habana.

Jochimón tiene veinte años, su candidez le hace decir cosas que me divierten, me suelta a cada rato que en la Isla también hay cosas buenas, es inteligente, el tiempo le hará comprender la magnitud de esas "bondades", le hará desprenderse de los pocas consignas que aún ostenta. Al fin y al cabo, Jochimón confirma el apotegma de Enrisco: La Revolución en Cuba y el hombre nuevo en Miami.

Jochimón se pregunta: qué pasa con Pablito. Cuando él nació Pablito FG ya era Pablito, no es timbero porque el boom de la timba lo sorprendió en el Círculo Infantil; a Jochimón le tira más la onda hip hop y esos grupos de rock que le crecen al gobierno cubano como hongos.

Jochimón en Cuba no fue a ninguna Logia, a ninguna Iglesia, aquí tampoco va. Nunca le enseñaron a ciencia cierta quién era Estrada Palma, Jorge Mañach, Masferrer o Baquero. No presenció el velorio de Celia Manduley, ni el Mariel, ni alcanzó los muñequitos rusos, ni las recetas de Nitza Villapol, ni los chistes pesados de Enrique Arredondo. No han pasado diez años de mi partida y la Cuba de Jochimón y la mía se desconocen.

Jochimón quiere trabajar para comprarse un carro, pagarle a COMCAST por los juegos de fútbol de la Liga Española y reclamar a su novia políglota, aunque de refilón mire a la vecinita Hana Montana si pasa por su lado.

Jochimón encontró en internet un tutorial y ya prepara un resume que piensa mandar a Wal Mart, a la Vigilia Mambisa, a los Maceítos, a los Ñáñigos de Limonar y a cualquiera que le dé trabajo. Si Carlos Pérez Pregunta lo viera diría que es un oportunista, un "cubanito" propenso a estafar al Medicaid; yo no creo que Jochimón llegue a tanto, tampoco creo que sea un oportunista: es el "hombre nuevo" que llega a Miami.

La verdad es que su viejo lo trajo, lo esperó mucho tiempo y está contento de tenerlo a su lado, aunque a veces no sabe que hacer con él. Yo, por mi parte, me empeño en explicarle cosas que no le interesan y debo reconocer que Jochimón me escucha con estoicismo. Es verdad que tiene algunas majaderías pero no es demasiado diferente a los muchachos de ahora; con todo me divierto con él, me inspira simpatía e intuyo bondad en las cosas que hace.

Jochimón llegó de Cuba hace apenas tres meses, su existencia me acerca a un mundo que todavía me inquieta, me enfrenta a las interrogantes de un futuro, que se hace presente y nos deja.

jueves 29 de enero de 2009

Y

mi hermano no me espera

se hizo hombre en el invierno

tiene el dolor de haber crecido solo y no me espera

la certeza de saber y no me espera


mi hermano conoce el tiempo del cansancio y no me espera

todavía cree en Dios y no va a misa

guarda mis papeles en una caja de zapatos

y sabe que yo también amontoné cosas para sobrevivir


mi hermano tiene miedo y yo también

él se marchó porque ya estaba harto

yo me quedé porque ya estaba harto

y creo en Dios y aún voy a misa

y cada día me cuesta más

la libertad

martes 27 de enero de 2009

Mi hermano

Orestes se ordenó sacerdote de Ifá
en un país donde los negros no importan.

Orestes se hizo un reino aparte,
vive aparte,
reza,
sueña aparte.

Ayer, al salir de la escuela,
me fui con él a tomar una malta.

Y desperté en Madrid
con el sabor de aquella malta
que bebíamos siempre
en las tardes.

Fue un día de exilio,
con muchas ganas de pegarle a alguien.

viernes 26 de diciembre de 2008

Ante el Amor que congrega y libera

Por Eduardo Mesa

Una de las primeras veces que oí hablar sobre la intercesión de los santos fue en una charla que ofreció el sacerdote jesuíta Bartolomé Vanrell en la Anunciata de la Iglesia de Reina: él contaba que era una hermana suya, fallecida con seis años de edad, su mayor intercesora. "¿Quién puede hacerlo mejor?" se preguntaba el P. Vanrell para luego agregar: "ella, que me quería tanto, me sigue queriendo tanto o más ante Dios."

Lo creía firmemente el sacerdote, habló con tanta convicción de las experiencias en las que había sentido la intervención de su hermanita que, a pesar del tiempo transcurrido, aún lo recuerdo.

En aquel entonces, a pesar de las charlas del P. Vanrell, yo consideraba que hacer cosas era lo más importante, las cuestiones de orden espiritual me parecían un pretexto para no actuar.

Dios, que es Padre de todos, hizo por mí lo mejor que podía hacer; dejarme sin acción, dejarme al margen de cualquier acontecimiento.

En esta realidad de quedar al margen que es el exilio no me he convertido en un hombre espiritual, pero poco a poco voy ganando confianza en Dios y cuando tengo esa confianza puedo mirar los acontecimientos con la esperanza de que Él obra para salvarnos, por encima de nuestras ansiedades y empeños. Hoy, por fin acepto, que Dios quiere que primero sea y luego que haga, pues mis acciones poco pueden lograr si no pasan por Él.

Es que soy cubano y comparto con mis compatriotas un desmedido aprecio por la acción, el intelecto, la fuerza, el carisma. Quizás por eso Dios ha permitido que los primeros beatos cubanos en el camino a los altares sean aquellos que no se distinguieron por realizar grandes cosas. Dios pone ante nosotros el ejemplo de López Piteira y Olallo, dos hombres sencillos que confiaron en Él, dos hombres que nos dejan con sed de Dios. Ese es quizás el mayor auxilio que recibimos de nuestros santos, ése es el mayor auxilio que he recibido de personas que he conocido y que ya no están entre nosotros.

No me extraña que la misa para la beatificación del P. Olallo, tan querido entre los camagüeyanos, congregara a tantos de ellos. Una santidad que congrega a miles de personas después de dos siglos debe inquietarnos a todos. ¿Será que hemos subestimado la capacidad de concertación de nuestros santos? ¿Será su bondad la mejor herramienta para la Paz?

Cuando veo los vaivenes de la política y todo lo que anda siempre oculto en ella, comprendo que no quiero poner mi esperanza en apariencias. El Arzobispo de Camagüey le ha dicho a Raúl Castro que podemos "hacer de Cuba la tierra más hermosa por la paz, la justicia, la libertad y la caridad y así constituir una gran familia de hermanos donde nadie dañe a nadie y todos seamos felices." Confío en Dios sobre todas las cosas para que se haga realidad este empeño. No sé qué lectura harán de esas palabras los que detentan el poder en Cuba, pero ningún poder debe ignorar indefinidamente los anhelos de paz de un pueblo.

Monseñor Felipe Esteves, cubano y obispo auxiliar de Miami, estuvo presente en la celebración, también recibió reliquias del P. Olallo que previsiblemente serán veneradas en Miami, esta debida excepción permitirá otro espacio de sanación y encuentro, signo premonitorio del abrazo definitivo de nuestro pueblo.

Hoy puedo decir, como el P. Vanrell en aquella tarde en la Anunciata de la Iglesia de Reina, que siento la intercesión de aquellos que me quisieron y me dejaron con sed de Dios. Puedo decir que confío en ellos, que creo en sus buenos oficios ante el Padre, que creo en los milagros grandes y pequeños de Piteira, de Olallo, de Varela y de tantos que han amado a Cuba y hoy están en el cielo. Ellos pueden hacer por nosotros mucho más que la medida de nuestros esfuerzos. Ellos, ante el Amor que congrega y libera también velan mi fe.

domingo 30 de noviembre de 2008

En memoria del P. Héctor Casacó

Por Eduardo Mesa

En la noche del sábado, vísperas de la Fiesta de Cristo Rey, me escribe el entrañable Luis Casacó para decirme que ha muerto en un accidente su primo hermano, el sacerdote salesiano, Hector Casacó.

No recuerdo cuando conocí a Héctor, pero es casi seguro que fue en algún encuentro o alguna convivencia, lo que sí es seguro es que han pasado veinte años o más. Que buena gente los Casacó, el gordo Pepe que después no es tan gordo, el gordo Héctor que ya tenía un no sé qué de cura y el primo Luis, flaco entonces y ahora, con aire bohemio y deseos de ver el mundo. Desde el principio nos unió la amistad, una amistad en común con otros jóvenes de la Vicaría Víbora-Calabazar que tenía entonces merecida fama de tener muy buen grupo de jóvenes.

Recuerdo a Héctor en el Seminario, llegando en bicicleta, con su gorrita de pelotero y una inalterable sonrisa. Lo recuerdo en las convivencias de adolescentes, jugando con los muchachos para luego decirme con discreción: "Mesa a esa tropa que trajiste de la Habana Vieja hay que cansarla, si no cualquiera duerme esta noche". Los cansaba jugando a la pelota, corriendo, pero los muchachos se la pasaban en grande con él, tenía ese don envidiable de divertir a los demás; nunca me pregunté si la vocación de Héctor era auténtica, él expresaba con su vida que quería ser sacerdote salesiano.

Cuando regresó de República Dominicana estuvo un tiempo en la Habana, quedamos a almorzar varias veces y hablamos largamente. Su franqueza y buen juicio se combinaban con un gran sentido del humor. Tenía ideas claras y sabía –algo que con frecuencia olvido- que en la Iglesia no hay que hacer grandes cosas, sino cosas pequeñas y hacerlas bien.

Héctor tenía una buena experiencia familiar y había sido católico desde niño; era también, como nos gusta decir en Cuba, hombre y amigo. Me dio gran alegría saber que lo tenían de formador en el noviciado salesiano en Santiago de Cuba, un hombre con su formación y carácter habría prestado un inestimable servicio en el trabajo con los jóvenes y en especial con las vocaciones de su congregación. Me escribió desde el noviciado hará cosa de un año, me contaba de sus nuevos avatares en Santiago de Cuba y me hacía reír otra vez, como siempre.

Su partida me deja una sensación de orfandad que no es nueva, que se agrava por la distancia insólita que nos separa de nuestra tierra. Tengo muy presente a su mamá que le sobrevive, a su hermano Pepe que es padre de una bonita familia y a su primo Luisito que es otro hermano; me pasan por la mente los nombres de muchos amigos comunes que sería imposible nombrar. Hoy tenemos otro amigo en el cielo, no debía estar triste pero lo estoy, la tristeza que tengo es mi falta de fe.

lunes 10 de noviembre de 2008

Alberto Müller: la pasión del periodismo

Por Eduardo Mesa

El periodista y educador Alberto Müller celebra sus veinte años como columnista del Diario de las Américas y con motivo de este aniversario Ediciones Universal presenta "Retos del Periodismo" una cuidada selección y edición de su obra periodística y de sus conferencias.

He tenido la oportunidad de leer "Retos del Periodismo" antes de su formal presentación en la Feria del Libro, de asomarme como lector a la vida y la obra de Alberto Müller, marcada por la pasión del periodismo, que es al fin y al cabo, la búsqueda de la verdad y el compromiso con la justicia.

La verdad y la justicia, amores adquiridos en edad temprana y que le condujeron a militar en la Agrupación Católica Universitaria (ACU), vívero de futuros profesionales al servicio de la Iglesia y de la Patria que dio pronta cosecha de sabios y de mártires.

Participó el profesor Müller en la lucha cívica para derrocar a Fulgencio Batista, poco tiempo después intenta el mismo método de lucha pacífica contra Fidel Castro y funda, con su amigo Juan Manuel Salvat, el periódico estudiantil "Trinchera". Más tarde, convencido de que Fidel Castro no aceptaría las reglas de la democracia optó por la sublevación armada.

En la Sierra Maestra, en el campamento de las Mercedes fue capturado y aunque salvó la vida debió pagar el alto precio del presidio político. En la prisión de Isla de Pinos cumple la mayor parte de su condena.

Alberto Müller no evoca con amargura sus días de preso, el sufrimiento de quince años de cárcel ha sido su desierto y prefiere no odiar. En su libro aparece el recuerdo agradecido de compañeros y amigos asesinados por sus captores, el recuerdo de torturas y humillaciones; pero de estas experiencias dolorosas Alberto Müller hace una lectura esperanzadora que le invita a decir en un artículo dedicado a su amigo el mártir Virgilio Campanería: "Tengo fe, Virgilio. Sé que los sacrificios no han terminado, pero siento que hay un futuro luminoso para Cuba con el que tenemos que estar hondamente comprometidos. La crisis de la nación cubana es honda, pero superable."

Esa confianza en que podemos alcanzar un futuro luminoso está presente en sus aproximaciones a figuras como Oscar Elías Bicet, Oswaldo Payá y Yoani Sánchez; confía el maestro Müller en las nuevas generaciones de cubanos que dan continuidad a la lucha por la definitiva restauración de la democracia.

Pero no es este un libro que se agote en la temática socio-política, aparecen en sus páginas otras preocupaciones y devociones del autor, amores como la poesía, la narrativa, la plástica y el cine: Rodin, Onetti, Titón, el sol de la barriada habanera del Cerro en la pintura de Portocarrero.

La fe católica de Müller impregna su obra periodística, son frecuentes las referencias a Maritain, con quien probablemente comparte más de una certeza. Abundan las ocasiones en que el autor expresa su amor a la Iglesia y de este modo se acerca a la figura del Padre Llorente, a la Acción Católica, a Juan Pablo II y Benedicto XVI. Su arraigado sentido de la justicia le conmina a escribir el artículo titulado "Hablemos de la Iglesia católica", donde responde a su colega Andrés Reynaldo y reivindica la labor de la Iglesia que peregrina en Cuba; este mismo anhelo de justicia motiva su carta al Cardenal Bertone donde fraternalmente le reclama un gesto de solidaridad pública con los opositores cubanos.

"Retos del Periodismo" nos deja un legado de excelencia periodística, de ética, en una profesión a menudo envenenada por la corrupción y los protagonismos malsanos. Müller nos regala un modo de hacer periodismo que nos invita a discrepar o coincidir sin perder la confianza en quien escribe. Los invito a leer este libro, sobre todo invito a los hombres y mujeres de mi generación, que buscamos a tientas la verdad, que nacimos cuando el autor rezaba, en el presidio político, sus mejores sueños.

domingo 2 de noviembre de 2008

El asesino sabe


El asesino sabe que se van
con una isla a cuestas,
tacha un nombre en la lista
y reduce las posibilidades
de que alguna muchacha nos regale una flor
o que alguien piense en un aniversario.

El asesino sabe que un día escasearán sus víctimas
y para eso prepara un software
en donde mata
miles de herejes ciber.

El asesino sabe
y arma, meticuloso, la última batalla.

E.M.
La Habana, 1999

Meditación


Cuando me gana la rabia dejo de ser
o acaso soy el otro,
ese que lucha contra mí,
siempre conmigo.

La rabia y el dolor vienen de la herida,
todas las criaturas del odio vienen de allí.

Hay heridas que sanan;
otras quedan más o menos abiertas
y alguna vez avisan
al lobo que también nos habita.

Yo no quise la herida,
nadie la quiso,
pero ahí está
para existir con ella.

E.M.
Miami, 2008

Acta de advertencia

Puedo guardar tu tiempo;
soy un dios,
tengo el hacha,
estás solo.

Tengo la rabia y el poder;
quiero llevarme a tu mujer y lo hago.
¿Ella podría no desear a un dios?

Vives en mi puño,
en mi estómago;
yo te puedo matar
y llevarme a tus hijos.
¿Ellos podrían no desear a un dios?

En este miedo
no quedarán palabras
que recuerden,
porque cualquier recuerdo
se parecerá a tu vida
y tu vida me pertenece.
¿Acaso podrías no desear a un dios?

¿Por qué miras así a tu dios?
¿Por qué?

E.M.
La Habana, 1999.

jueves 9 de octubre de 2008

Los candados se abrían

Un gnomo nunca tendrá mejor réplica que el viejo Romelio, comunista desde los años treinta, honrado desde que la comadrona, agarrándolo por sus cortas piernas gritó: ¡macho!

Los gnomos no enseñan sus secretos, su silencio los protege del barullo diario. Escuchar a Romelio era como leer un libro viejo. Nada le parecía demasiado importante para interrumpir un cuento. Alguna que otra vez lo dejé con la palabra en la boca para irme al campeonato de dominó que Yeyo el chapistero celebraba a escondidas en el pañol de los talleres, en esas ocasiones Romelio se preocupaba, sabía que bebíamos ron y que hablábamos más de la cuenta.

Un día nos ordenaron un inventario, cerramos temprano el almacén y al rato de contar y recontar bujías, sin ton ni son me dijo: Cuando yo tenía tu edad conocí a Oscar un famoso jugador del central de mi pueblo. Era invencible en el billar. Los días de cobro, mientras unos lo buscaban, otros le huían. Si alguien se demoraba en la mesa de billar, Canuto el garrotero revoloteaba hasta posarse cerca. Siempre había un verraco dispuesto a que lo limpiaran. Oscar y Canuto ganaban en tiempo de zafra el dinero que les daba la gana, porque entre otras cosas siempre hay un vivo y siempre, óyeme bien, habrá un bobo. Eso me suena a cadena ecológica, le comenté sin hacerle mucho caso, en lo que él se pasaba la lengua por la comisura de los labios.

En tiempo muerto, continuó narrando, se apareció en el batey un hombre de la Habana. Por los estragos que causó se supo que era un profesional. Desplumó a cada contrincante, sólo faltaba Oscar. La gente del batey presumía la venganza, muchos habían perdido todo lo que tenían para terminar el año y esperaban el momento en que los dos hombres se enfrentarían.

Al fin llegó la deseada tarde y el forastero hizo una apuesta grande, la más grande que muchos de aquellos ojos habían visto. En el bar no cabía nadie más, los guardias rurales dejaban su habitual seriedad para unirse al jolgorio de las apuestas, los muchachos brincaban para asomarse de vez en cuando a las ventanas. Fue en medio de esa baraúnda cuando el vaso de ron, puesto por algún bebedor negligente al borde de la mesa, se viró sobre el paño. Era el momento de colocar las bolas, en el paño mojado, los cristales de hielo presagiaban una calamidad. La torpeza de Oscar al ordenar las bolas provocó la venida de un gran silencio.

En dos grandes pomos de aceite de oliva se guardó el dinero. Canuto apuntó todos los porcentajes en su aborrecida libreta. Entre los pomos relucientes, repletos de estrujados billetes, entre la duda de uno y la duda de todos, estaban los dos hombres. El forastero hacía gala de una gran parsimonia, conocedor de cuanto vale la paciencia en esos momentos, fumaba un cigarro y se perdía en la contemplación del humo huyendo por las rendijas. El bochorno de la tarde aumentaba los nervios del tumulto, nuestro hombre acariciaba su taco, buscaba algo en la pulida superficie de la madera, después de quebrarlo debió sentir como se hacía limpio el aire. Se caló el sombrero y se marchó.

Los rumores corrieron. Alguien atribuyó su actitud inesperada a un revólver en el saco dril cien del forastero. Se habló de un arreglo clandestino y de miedo, se habló también de ondas telepáticas y espíritus quejumbrosos. Canuto el garrotero se maldecía, porque metió a tanto muerto de hambre en las apuestas se le saló la cosa. Y se habló más, y más y no faltaron videntes, ni comadres santiguadoras; hasta el cura del pueblo llegó un día preguntando por esa historia tan llevada y traída.

A Oscar nunca más lo volvimos a ver. Se llevó sus razones y queriéndolo o no, sacramentó su misterio. Años después, el polaco vendedor de cacharros comentó haberlo visto en Oriente. Dijo que lo encontró en el bar de un pueblo minero. Lejos de cualquier hazaña bebía un trago de Bacardí al caer la tarde. El polaco le habló de las distintas versiones que explicaban su desaparición y saberse presente en las tertulias de las comadres le causó risa. Había ahorrado algo en esos años de limpiar jornaleros y ... la probable confesión se quedó suspendida en la danza sin límites del aura. Agradeció al polaco por contarle, pagó los tragos y montó en su caballo y se fue.

Romelio volvió a pasarse la lengua por los labios, en esta pausa finalizó el relato. Sabía que los cuentos con moraleja me fastidiaban y esta vez esquivó la tentación de los consejos dejando un final abierto. Su maliciosa mirada de niño viejo y una beligerante cadencia al narrar me habían descuidado de toda prisa, quise preguntarle más sobre los personajes de su historia pero no dio chance, los comentarios serían otra vez. Después del cuento se concentró en mostrarme cuan fácil era abrir el candado del almacén con un gancho de pelo.

Unos días antes, el gnomo había encontrado en mi buró unos papeles comprometedores –en Cuba suelen serlo un ejemplar de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y unos recortes del Miami Herald-. Pensé: Romelio lo va a decir en el núcleo y esto va a ser mi fin. Había transcurrido una semana y no hablábamos del asunto, yo llevaba unos días con el cuerpo cortado y el gnomo estaba raro.

Por un momento pensé que entendía la razón de la historia: un jugador desafía su propio juego y desaparece, quizás me estaba dando un tiempo y si pedía la baja no habría males mayores, "otro muchacho que se aburrió y se fue" sería la explicación.Al rato, cuando la anécdota y la disertación sobre burlar candados se apagaban en la rutina del día, el gnomo se esfumó. El imperioso sueño de las tardes sin término me vencía otra vez, creo que habré dormido un par de horas, quizás tres, me despertó ese calor pesado que sueltan las tejas de fibrocemento. Después de bostezar y estirarme como corresponde encontré que los papeles estaban otra vez sobre mi buró. Nadie indagó sobre ellos y la idea de que lo sucedido podía ser una estrategia me asomó a la vergüenza.

En las tardes, cuando no viene nadie al almacén, los relatos de Romelio regresan. Al llegarle la jubilación me confesó su pesar por dejarme con "tanto" trabajo. Lamentaba también, y eso no me lo dijo, dejarme sin historias. Sus resabios marxistas le impedían obsequiarme algún talismán y yo hubiera guardado con gusto cualquier recuerdo suyo.Uno de los hijos vino a buscar sus cosas, su taquilla sirvió para guardar papeles viejos, después de su partida me dejaron solo en el almacén y descubrí que el viejo tenía razón, los candados no servían de mucho, se abrían con un gancho de pelo.


(Este relato lo publiqué hace años en Palabra Nueva)

miércoles 24 de septiembre de 2008

Tarará

Por Eduardo Mesa

La última vez que estuve en Tarará tenía catorce años, mi escuela secundaria la "William Soler", fue escogida con otras secundarias de Centro Habana para ir al "Plan Vacacional" en el "Campamento Nacional de Pioneros José Martí ".

Llegamos en una flotilla de ómnibus Girón y nos dieron las casas, a nosotros nos tocó una casona de dos plantas con ventanas de persianas francesas, el segundo día de estar allí nos quedamos sin profesor, en las otras casas, antes o después ocurrió lo mismo. Eramos un ejército de adolescentes solos, cada uno hacía lo que le venía en gana y como era de esperar aquello terminó como la fiesta del Guatao. A la una o las dos de la mañana llegaron los de la juventud dando golpes en la puerta, al principio ni los oímos, después eran tantos los golpes y los gritos que abrimos, a mí me agarraron cuando tiraba un zapato, pero había otros que rompían ventanas y muebles. Nos sacaron enseguida a la calle y ellos mismos sacaron nuestros maletines y pertenencias.

Salimos de Tarará en varias patrullas, el negro Félix le dijo al guardia que quería una ventanilla, cuatro íbamos en el asiento de atrás, yo caí entre Prevé y Conde, todo fue tan rápido que no estaba asustado. Por suerte las patrullas eran para llevarnos hasta las guaguas y a esa hora salimos para la Habana, el viaje de regreso lo hicimos en silencio, nunca más volví a aquel lugar.

Aquel verano Tarará fue un desastre, broncas en los bailables, gente que se colaba en el Campamento, estoy seguro que hubo heridos y quizás algún muerto; cerca de la playa vi una pelea en la que se cortaron con picos de botella, yo me quedé mirando como un bobo y Conde me metió un empujón, a ratos me vienen los recuerdos de aquella noche con un muchacho tirado contra una cerca.

Sin embargo, los recuerdos que tengo de mi niñez son diferentes, Tarará era un lugar ordenado, había un parque de diversiones con elefantes voladores, una montaña rusa y un teleférico que cruzaba el río; un lugar distinto con bandejas de aluminio, carne rusa y algún chocolate. La primera vez que fui estaba en tercer grado y lo disfrute mucho, aunque me daba asco la leche con nata y había frío en las aulas.

Muchos años después supe que Tarará, en los albores de la revolución, fue el lugar escogido para armar una comandancia invisible, un gobierno en la sombra. Que, consumado el horror, fue por mucho tiempo un símbolo de la expropiación revolucionaria, una vitrina del logro educativo, una imagen viva del realismo socialista de rostros alegres que mostraban al mundo.

En alguna de aquellas estancias vacacionales trajeron a viejas glorias de la revolución para que nos contaran sus hazañas, antiguos dirigentes que habían sobrevivido a sus propios engendros. Me tocó un conversatorio con Fabio Grobart, el judío de origen polaco enviado por Moscú, un comisario que se llevó a la tumba el secreto de conspiraciones y crímenes. Cuando lo ví en Tarará tendría ochenta y tantos o noventa años, los muchachos le hacían preguntas previamente entregadas, el viejo respondía con lentitud y yo me perdía en los huecos de sus medias de nylon. Mi fastidiosa memoria no recuerda su cara, ni palabra alguna, sólo una guayabera color crema y sus medias rotas.

Con el tiempo el Campamento de Tarará dejó de recibir pioneros, estuvieron durante algunos años los niños víctimas del espanto de Chernobil y después lo cubrieron con la niebla que ampara los fracasos. Alguna vez escuché que lo ultilizarían para el turismo pero a ciencia cierta no sé que han hecho allí, fue un lugar como otros que dejó de importarme.

Hace ya algunos meses supe que la Iglesia de Tarará fue otra vez consagrada y abierta al público. Fue una sorpresa para mí, que nunca ví en esa iglesia y no sabía ni siquiera que existía. Me alegró conocer que hay un lugar sagrado en donde abundó la maldad, una maldad que todavía desconocemos, que nos impide escuchar y acoger, que nos divide y nos distrae.

En la iglesia de Tarará se celebra otra vez la eucaristía, lo que fue noticia ahora es rutina, la lectura política de este acontecimiento olvidado es menos que un recuerdo. La alegría de saber esa misa me invita a creer que la maldad es hoy menos intensa. Sé que es menos intensa, desde que brilla en Tarará una lámpara.

lunes 18 de agosto de 2008

Acaso un sueño

Por Eduardo Mesa

Termina la Jornada Mundial de la Juventud en Sidney, los jóvenes regresan y la Iglesia se prepara para la próxima cita en Madrid. El Papa Benedicto decidió continuar con estos encuentros que comenzaron en tiempos de su amigo el Papa Juan Pablo II.


Desde entonces, cada dos años, los jóvenes se reúnen con el Papa y es una fiesta para la esperanza; por unos días se olvidan las fronteras y los idiomas, los jóvenes católicos venidos de todos los confines de la tierra testimonian la universalidad de la Iglesia y anticipan con su fraternidad un futuro, quizás no muy lejano, en el que la humanidad se abraza.

En Manila, hace ya algunos años, viví a plenitud la experiencia de estos encuentros; allí escuché testimonios de varios jóvenes que vivían en países de mayoría mulsumana y entonces supe que, a pesar de todo, no me había tocado lo peor.

Fue en Manila donde el Papa me dijo con voz firme que no tuviera miedo, en aquellos días confirmé mi fe y cuando tengo miedo lo recuerdo y mi fragilidad no me espanta.

La Iglesia de Miami celebra misa en diecisiete lenguas, imagino cómo será en New York, en los Ángeles; América anticipa el futuro de una humanidad mestiza y su Iglesia expresa en el presente aquello que vendrá a saludarnos muy pronto.

En Semana Santa, en los oficios del Jueves Santo de una parroquia de Miami Lakes reconocí el espirítu de Manila. Fue una celebración emotiva, hermosa, que entre cantos y oraciones rituales en inglés y español me trajo la esperanza de la comunión. No me fue difícil rezar aquella cena en que el maestro lavó otra vez los pies de unos discípulos que eran de aquí y también de Bombay, de Quito, de Bogotá o Moscú.

No debe extrañarnos que el Papa Benedicto, conocedor de las ideologías que sembraron en el pasado siglo tantos horrores, manifieste su simpatía por este país, fundado en el respeto a la Constitución, a las leyes que emanan de la misma y a valores como la religión, la familia, el trabajo y a un permanente llamado a la responsabilidad personal, valores que propician la bondad y la confianza que distingue a este pueblo, sentimientos arraigados en los hombres y mujeres que han nacido libres.

No debe tampoco extrañarnos que Juan Pablo II intuyera la fuerza de una Iglesia Continental que fuera desdibujando el esquema del Sur hispano y el Norte anglosajón. Benedicto confirma con los gestos de su reciente visita a la Iglesia de Estados Unidos de América que esta Iglesia Continental es casi inevitable y que el español y el portugués tienen gran peso en cualquier futuro.

El Papa Benedicto comprende y respeta al Norte con su escrupulosa división de poderes, su vocación democrática, su solidez ética. El Sur precisa de estos valores para andar por senda segura. El movimiento migratorio de hispanos hacia Estados Unidos y Canadá es imparable, los hispanos traen una familia en donde conviven varias generaciones, una praxis pastoral misionera y grandes, y a veces desordenados, deseos de triunfar. Son muchos los que llegarán en los próximos cincuenta años y somos muchos los que ya estamos aquí.

Sueño que esto que hoy ocurre ha de ser un bien en ambas direcciones, los inmigrantes hispanos influirán positivamente en el devenir de una democracia real para los pueblos latinoamericanos y traerán al Norte la fuerza de los hombres y mujeres que desean para ellos y para sus hijos un futuro mejor.

No quisiera terminar este sueño sin pensar que nosotros, los cubanos, tenemos parte activa en ese futuro que, sin lugar a dudas, supera el ámbito de cualquier proyecto eclesial. Mucho han de aportar los cubanos del exilio y sus hijos cubanoamericanos con su experiencia de integración, que no es asimilación, y que participa de la política, la economía, la ciencia y la cultura a unos niveles que siempre me enorgullecen y a menudo me asombran. Mucho pueden aportar los que viven en Cuba, que a pesar de cincuenta años de dictadura "marxista y antimperialista" ven con gran simpatía y admiración al coloso del Norte, quizás como ningún otro pueblo de América Latina.

Los católicos cubanos de la Isla y del exilio y en un modo privilegiado sus respectivos obispos pueden informar positivamente un proyecto eclesial continental; nuestra singular relación con Estados Unidos de América y nuestro conocimiento del mismo no deben desdeñarse.

El jueves fue el open house en la escuela del niño que comienza este curso su kindergarten. La lista con los nombres de sus compañeros de clase y un juego que han ganado los Marlins me ha hecho pensar otra vez en estas cosas. No importa que esto sea al fin y al cabo un sueño, ¿acaso un sueño no es el preludio de las mejores cosas?

(Publicado por la revista IDEAL)



jueves 24 de julio de 2008

Soliloquio

Por Eduardo Mesa

Qué será de la vida de Arsenio el chivatón… El otro día soñé que me encontraba con él, estaba en un parqueo en Hialeah cuando de pronto me saludó un sonriente Arsenio, aquello era una pesadilla y no un sueño.

Arsenio el trompeta colgó el uniforme del MININT y se fue en una balsa, en la cuadra nos quedamos locos, vino para Miami y aquí está. Nunca me he tropezado con él y me alegro, pero sé por los socios del barrio que vive en Miami y conociendo a Arsenio debe andar por ahí haciendo de las suyas porque el que chivatea tantos años no abandona el oficio.

A lo mejor es dueño de una agencia de viajes y envíos y el dinero que le mando a la vieja lo cuenta Arsenio, cualquiera sabe quién es quién en Miami. Si me lo encuentro, no le puedo meter ni una galleta porque llama al 911 y tengo que pagarle las vacaciones en Cancún.

Si lo veo, a lo mejor lo invito a una frita y a una malta con leche para decirle: ¡Arsenio caray, qué chivatón tú eras mi hermano!, ¿te acuerdas de chevrolet del 52 que te compraste o le quitaste a alguien? Fui yo el que lo abollé, por los noches me subía a la azotea del 510 y le metía a tu almendrón del 52 una tanda de piedras y papas viejas y una pilas de radio que tenían el dibujo de un elefantico blanco, hasta que lo abollé y eso que todavía no habían apagones. Sé que le va a costar comerse la frita porque él estaba enamorado de su carrito pero yo le diré: traga, toma malta y traga, que lo que nos jodiste daba pa’ abollarte la cabeza y diez carros.

En la Habana de los ochenta se respiraba socialismo eterno, había más de un Arsenio y la arrogancia verde olivo paseaba por las calles. Sabíamos que aquello no servía, pero no sabíamos nada más, yo me encaramaba en el tanque del agua del edificio para ver trabajar mis palomos al robo y la vista se me perdía en el mar. Si vinieran los yankis, si la bahía se llenara de barcos y la Habana de americanos rubios y grandes que le cayeran a patadas a Arsenio. Creo que tuve mil veces ese sueño y dulces fueron los días de la primera guerra de Irak cuando Sadam perdía a regañadientes en el Granma y en el noticiero.

Pero los yankis nunca invadieron y mi socio el Válvula no pudo estrenar una bandera americana que hizo con retazos, y tuvimos que seguir oyendo la cantaleta de los que regresaban del Servicio Militar hablando de la supremacía del armamento ruso, mientras la Unión Soviética se desmoronaba.

Cuando Kennedy embarcó a los cubanos en Girón yo no había nacido, de lo que viví en Cuba los viajes de la Comunidad es lo más parecido a una invasión. Fue en el 78 cuando los “gusanos” regresaron convertidos en mariposas con el éxito de la libertad a cuestas y dejaron la isla repleta de preguntas que todavía no tienen respuesta. Era un niño y recuerdo el olor de las maletas que traía mi abuelo, el sabor de los primeros chicles que probé y los relatos sobre su vida en un lugar distinto, donde podías comprar los juguetes en cualquier mes del año y tomarte un jugo de melocotón en el almuerzo. Los cuentos del abuelo me dejaron una inquietante certeza: vivíamos en el lugar equivocado.

Quizás Arsenio compartía en secreto esa certeza, por eso aquel afán de tener un carro y esa fuga en balsa que nos dejó atónitos. Él, aunque enfundado en su escafandra verde, conoció también el descontento que dejaron los viajeros del 78 y conoció el Mariel, la primera estampida de hombres nuevos que no querían ser como el Che.

La última invasión que ha llegado a la Isla es la de los pollos. Los pollos que se venden en Cuba son de Texas y han invadido los mercaditos en divisas. Los turistas románticos y los diputados izquierdistas que visitan la Isla comen pollos yanquis. A lo mejor la sopa que le dan al cadáver de Fidel es de un pollo grande de Ohio.

Los americanos no mandaron sus aviones en Bahía de Cochinos, ni los marines que esperé tanto tiempo, pero ahora mandan pollos grandes que viajan solos, que es mejor que mandar los marines a repartirlos. Seguro que en Cuba hay muchachos decepcionados por esta invasión de pollos pelados, muchachos que esperan ver la bahía cubierta por los barcos del Navy. Nadie lo va a decir, pero yo estoy seguro que muchos lo desean. Es mejor que no sueñen milagros.

El otro día fui a ver al abuelo, tiene el pelo muy blanco y ronda los noventa, no he podido contarle las cosas que pensé después de su viaje, me fui de Cuba en julio del 2000, veintidós años después de su visita. No imagina lo que significó en mi vida su corta estancia del 78, no sabe que es en buena medida el responsable de un anhelo de libertad que, desde entonces, me acompaña siempre.

martes 8 de julio de 2008

Desde Cuba

Un portal interesante: http://www.desdecuba.com/

miércoles 18 de junio de 2008

Guevara

nunca visitaré la tumba que te guarda

no me conmueve tu valor
me apena
el peso del morral
lleno de odio

y no importaba matar
ni morir

esa liturgia que han hecho de tu ausencia
es un insulto a la virtud

nuestros hijos acercan el tiempo de olvidarte

en mi cronología eres un fantasma
que disgrega
que espanta

procuraré no hablar de ti jamás

E.M.
La Habana, 1998

viernes 23 de mayo de 2008

Arden los Everglades

Por Eduardo Mesa

Arden los Everglades, huele a quemado, Mayo termina sin aguaceros y los candidatos se dan cita en Miami. McCain se reúne con expresos políticos, Obama preside un almuerzo de la muy poderosa Fundación Cubano Americana; el voto cubano bien vale un café o un pastel de guayaba, pero los acuerdos y las alianzas no se cocinan en Versailles.

Coinciden los augurios en que la ley de ajuste tiene los días contados, si usted quiere venir no se abandone, los nuevos exiliados no tardan en regresar a la Isla y el congresista Linconl Díaz-Balart advierte que es difícil de explicar esta ley a sus colegas. Si gana Obama puede que se evaporen las restricciones, si Mcain gana puede que se diluyan, con uno u otro aumentará la ayuda humanitaria en “alimentos” que valorada en miles de millones incluye hasta el papel del Granma.


Aquí dicen que la ayuda humanitaria se la cobran en efectivo al gobierno de Cuba, un gobierno que no tiene efectivo porque lo gasta en mantener activas sus cuentas secretas y su policía.

Obama y McCain terminan por decir las mismas cosas, para Cuba todo dependerá de la agenda de cincuenta estrellas, nosotros no tenemos agenda común, ni libreta, ni cartucho. Nosotros tenemos una dictadura que se reinventa con la mentira y una rana que invade los cuartos eléctricos de la Florida provocando cortocircuitos. Por suerte Fidel Castro está muerto sino estaría clamando por estas ranas "héroes" que llegaron por barco a finales del XIX o principios del XX.

Hoy el cielo era azul y olía a quemado, no me siento extranjero a pesar de todo, da lo mismo que ande por Fort Lauderdale o por Broward, voy por la 8 Avenida del West oyendo a Alvarez Guedes y es que los cubanos sólo nos ponemos de acuerdo en tres cosas:

En que no hay mujer como la cubana.

En restituir la Constitución del 1940.

En los chistes de Alvarez Guedes.

Yo no estoy de acuerdo en restituir la Constitución de 1940, pero con tal de no formar más lío la acepto y me callo. Si pudiéramos ponernos de acuerdo en algo más, establecer unos acuerdos minímos para las trescientas organizaciones y los 13 millones de líderes que tenemos y somos. Si en vez de sacarnos los trapos sucios y afilar el ego encontráramos motivos de concertación y encuentro qué bien nos haríamos.

El otro día oí en la radio cómo le quitaban el teléfono en una cárcel de Oriente a José Daniel Ferrer García, prisionero desde la Primavera Negra, escuché las cosas que dijo antes que decidieran quitarle el teléfono y tuve que quedarme un rato en el parqueo. No sé qué hacemos por esa gente, jugando a republicanos y demócratas, ensayando absurdas meritocracias, ensalzando a unos opositores y desprestigiando a otros, preocupados por poner una pica en Flandes.

A veces tengo la sensación de que alguien se está riendo de nosotros cuando veo personajes que hasta ayer eran gerifaltes de mayor o menor alcurnia en la Habana y hoy monopolizan los programas de televisión y de radio, pontificando incluso de lo que no conocen y casi son héroes por huir cuando el barco se hunde, lo peor es que algunos aderezan los chismes y miserias del oscuro palacio con la charla patriótica, le zumba el mango.


Cuando veo estas cosas me acuerdo de mi amigo Raúl León, que solía referirse a los "vacafieras", esos que sintetizan lo peor del comunismo y lo peor del capitalismo, el "vacafierismo" es una ideología con futuro y tendrá sus escaños, pero ya no me espanto, vivo en Miami y soy libre, es muy probable que nadie me haga caso pero puedo decir lo que quiero: creo en Dios, creo en la democracia, no tanto como en Dios, pero sé que el hombre también puede construir lo mejor. Voy en mi viejo Pontiac, que parece la lengua verde de un lagarto, y todavía me asombro de manejar un carro.

miércoles 9 de abril de 2008

La pena de muerte en el futuro de Cuba

Por Eduardo Mesa

La pena capital o de muerte sigue vigente en el código penal cubano. En la actualidad el régimen la aplica de manera excepcional pero todos sabemos que esta aplicación excepcional y selectiva se debe a conveniencias tácticas y no a un cuestionamiento sobre la naturaleza moral de dicha pena. El cubano de a pie sabe que el “viejo tiene guardados un revólver y un cuchillo”, como diría el cantautor Pedro Luis Ferrer.

En el mundo libre la pena de muerte tiende a desaparecer de las legislaciones o a estar supeditada a moratorias que imposiblitan de hecho la aplicación de la misma. La Doctrina Católica la acepta como algo excepcional, como un recurso extremo que se aplica cuando la vida del reo constituye un peligro real para la comunidad. Las prisiones de estos tiempos hacen casi imposible la fuga de los reos y por ende la necesidad imperiosa de su eliminación física en aras del bien común.

Es un hecho notorio que en los últimos tiempos, gracias a las pruebas de A.D.N., han sido liberados muchos convictos, víctimas de errores judiciales. La realidad es que ningún sistema judicial puede garantizar la ausencia de errores que puedan llevar al patíbulo a una persona inocente. El pensamiento católico actual tampoco considera que en el caso de un asesinato la pena sirve como retribución al delito cometido, no se repara la pérdida de un ser querido con la ejecución del asesino; por otra parte ¿cuántas veces podemos ejecutar al que ha matado a muchos? Tenemos una sola vida y una sola muerte.

También es discutible la ejemplaridad de la pena de muerte, el índice de criminalidad no es menor en los países que la aplican y las ejecuciones de los jerarcas nazis en Nuremberg no han disuadido del genocidio, por sólo citar casos recientes, a personajes como Slovodan Milosevic o Sadam Hussein.

En España comprobé que tampoco es necesaria la eliminación física de los enemigos violentos del Estado de Derecho para garantizar la paz social; el gobierno de José María Aznar redujo a los terroristas de ETA aplicando sistemáticamente la legislación vigente y buscando pactos sociales y políticos en contra de los terroristas.

Comparto la convicción de que el futuro de Cuba tiene una imperiosa necesidad de justicia y quizás es la hora de preguntarnos si es deseable que en ese futuro continúe vigente la aplicación de la pena de muerte; si la justicia que deseamos pasa por derramar la sangre de otros cubanos.

Nada indica que sea éste el sentir de los opositores cubanos, que se han caracterizado por su lucha pacífica, ni por el pueblo llano que expresa sus deseos de paz ante unos cambios que se anhelan, y a la vez se temen, mientras respira aliviado porque las peroratas del comandante ya no interrumpen la telenovela.

Proclamar la necesidad de la pena de muerte en el futuro de Cuba, que cualquier día puede ser presente, contribuye a que los hijos y nietos, padres y hermanos de aquellos que pueden ser juzgados estén menos dispuestos a aceptar una justicia que incluya la pena capital. La posibilidad de una condena a muerte, más allá de cualquier consideración o manipulación ideológica, siempre es una buena razón y pretexto para el atrincheramiento.

Por otra parte, no creo que la pena de muerte sirva de retribución al daño cometido en nuestra patria y mucho menos, que contribuya a garantizar una paz social que se puede garantizar con la restitución del Estado de Derecho y el compromiso ciudadano con una legislación adecuada y con los pactos sociales que emanan de la democracia.

La vida es algo sagrado y esa sacralidad debe ser un valor imprescindible en la República que deseamos. El respeto a la vida como valor supremo es un principio moral que puede ser asumido por creyentes y no creyentes, puede ser nuestro primer gran acuerdo como pueblo en el exilio, puede ser un signo que estimule a esa transición que de un modo u otro ya ha comenzado.

Creo que la oposición en Cuba agradecería un acuerdo de esta naturaleza, que sería muy bien acogido en las cancillerías de medio mundo, especialmente las de Europa, en donde la pena de muerte provoca un gran rechazo; creo también que su existencia plantearía un desafío moral y diplomático para el régimen, y un estímulo a aquellos que dentro del mismo quieran moverse en dirección a la auténtica democracia.

Uno de nuestros presos por la causa de la libertad, el doctor Oscar Elías Bicet, está tras las rejas también por su prédica en contra del aborto, la más temprana ejecución que conocemos.

La sociedad cubana ha sido, durante décadas, compulsada a despreciar la vida y a rendir culto a la muerte, “Patria o Muerte”, “Socialismo o Muerte” han sido las consignas por excelencia, nada hemos ganado en ese camino, dejemos que sea la vida y no la muerte la piedra angular de nuestro futuro.

viernes 28 de marzo de 2008

Los chinos de Zanja

Mi abuelo me contaba que los chinos
sacaban el dragón los días de fiest
a
y la calle lucía estandartes,

banderas,

y redondos faroles de papel.

Mi abuelo me contaba que los chinos
eran propicios al juego,

al suicidio;

casi nunca peleaban

pero cuando lo hacían era a muerte.

Mi abuelo recordaba el ruido de las carretillas
cargadas de frutas, de viandas

y unos papalotes distintos

y una justicia secreta e inexorable.

Mi abuelo añoró siempre
la sopa que vendían.


(foto: http://www.flickr.com/photos/mmartinez/ )

lunes 17 de marzo de 2008

Ayuda a la Iglesia Necesitada: una organización “atenta al caminar de la Iglesia y sus sufrimientos”

Por Eduardo Mesa

Cuando vivimos en el primer mundo los recursos económicos no son el mayor obstáculo para la evangelización, mucho menos la falta de libertad o esas situaciones límites de genocidio y esclavitud que vemos en países de África y Asia.

Ayuda a la Iglesia Necesitada (A.I.N.), fundada en 1947 por el sacerdote holandés Werenfried van Straaten, es una organización católica dependiente de la Santa Sede que se ocupa de apoyar la evangelización en esos lugares donde las Iglesias locales les resultaría muy difícil o imposible hacerlo con los medios propios.

En el año 2006 esta organización recibió donaciones por un valor total de 81,2 millones de euros, con los que ha apoyado 5.000 proyectos. Esta presencia de Ayuda a la Iglesia Necesitada en los lugares donde la proclamación del evangelio encuentra dificultades es un regalo de Dios, una expresión de su amor por cada hombre y mujer, una invitación a la solidaridad con nuestros hermanos.

El futuro de la evangelización depende también de nuestra generosidad y compromiso; el envejecimiento de la población europea de donde proceden muchos benefactores, la viabilidad de la práctica del diezmo y la implicación de las Iglesias locales pobres en las búsqueda de fondos son algunas de las interrogantes que he compartido con Javier Legorreta, Director del Dpto. de América Latina de A. I. N. con sede en la ciudad alemana de Königstein.


¿Cómo incide el nuevo panorama de la política latinoamericana en el trabajo de A.I.N.?

Para la Obra de Ayuda a la Iglesia Necesitada, el panorama de este continente siempre ha estado vigilante a sus necesidades en el estudio de las solicitudes que llegan a nuestra Obra. Siempre ha estado dispuesta a escuchar y atender las necesidades de los Obispos. Siempre ha querido estar atenta al caminar de la Iglesia y sus sufrimientos. Los más de 45 años que lleva ayudando en el continente siempre ha procurado acompañarla allí donde está amenazada, sufriente y en peligro. Sobre todo en su ámbito más sensible: la difusión de la palabra de Dios, tal como significó una de las prioridades en el Documento conclusivo de Aparecida en mayo de 2007, la familia, la Iglesia que está bajo la amenaza continua de las sectas y ayudarle a crecer donde los medios económicos carezcan para que cumpla su misión adecuadamente.

¿Es sostenible a largo y mediano plazo el actual sistema para conseguir ayudas?¿No son muy mayores los donantes de hoy?

El sistema de recaudación de fondos que Ayuda a la Iglesia Necesitada ha venido utilizando está basado en base a la Providencia y a la confianza en Dios. Nuestros miles de bienhechores de todo el mundo dan generosamente sus donaciones, cuya inmensa mayoría, provenientes de pequeñas sumas de cientos de miles de donantes. Este sistema ha sido la herramienta que el Fundador de esta Obra ha deseado: prometer la ayuda aún antes de haber recaudado los fondos correspondientes y así informar a los bienhechores para que conozcan donde la Iglesia está necesitada y sufrida. Los bienhechores de nuestra Obra nunca han sido suficientes: las necesidades de la Iglesia son tan grandes que siempre ha buscado intensamente bienhechores nuevos para que colaboren en su misión.

¿Qué se puede hacer para motivar a los jóvenes a ser más generosos?

Creo que lo que el P. Werenfried hizo durante su misión profética fue la de mostrar como sufre la Iglesia, como la Iglesia donde está más necesitada para cumplir su labor de transmitir el mensaje de Jesús. Nuestra Obra ha siempre querido ayudar de tres modos: orar por la iglesia que sufre y está necesitada, informar a los bienhechores, en este caso los jóvenes, para que conozcan la realidad muchas veces no conocida o poco conocida y ayudar financieramente ante las inmensas necesidades que la Iglesia universal necesita.

¿En los últimos años cuantos países de América han pasado de ser receptores a países donantes?

En los últimos 45 años ayuda a la Iglesia Necesitada ha dado donaciones a prácticamente todo el continente a excepción de algunos pequeños países del Caribe, que siendo antiguas colonias europeas no necesitan la ayuda de nuestra Obra. Hace 13 años la Dirección del Consejo de nuestra Obra decidió impulsar en Brasil y en Chile la búsqueda de fondos para que estos vayan cumpliendo el principio de subsidiaridad y al mismo tiempo comprender que de estos países que han venido siendo receptores de nuestra ayuda podían ser también donantes al mismo tiempo.

¿Los Iglesia protestantes en su gran mayoría siguen proponiendo a sus fieles el compromiso del diezmo, merecería la pena incorporar esta práctica en la Iglesia Católica?

Considero que cada Conferencia Episcopal va ya aplicando medidas de autofinanciamiento para que los católicos vayan dando de su generosidad y así mantener las infraestructuras de sus diócesis y parroquias, sin embargo el continente latinoamericano está muy lejos de experimentar lo que en las diócesis europeas se ha creado como cultura de dar las donaciones bajo el impuesto mensual. Dentro de su pobreza, tanto la Iglesia latinoamericana como la del así llamado tercer mundo deberá de ir motivando a los fieles para que con su generosidad puedan ayudar a su Iglesia, diócesis o parroquia. Es útil y eficaz el sistema del diezmo como la iglesia protestante o la católica lo hace en algunos países como tradición, sin embargo es un peligro el que no haya motivación al dar la donación. Hay el peligro de que lo automático mensual no tenga alma y la donación sin motivación puede ser fría y calculadora

¿Es cierto que las Iglesias que reciben una ayuda sistemática adquieren una cierta dependencia de los donantes?

Puede ocurrir, en efecto, si cuando se asigna una donación no se anima a los que la reciben a que en el futuro busquen una autofinanciación, es decir, nuestra ayuda debe ser un estímulo para que buscar una solución a sus necesidades. La donación parte del corazón generoso no porque le sobra sino porque generosamente su corazón le inspira dar.

¿Que pueden hacer las Iglesias locales para depender cada vez menos de las donaciones?

Considero que la Iglesia local de un país del Tercer Mundo siempre necesitará de la generosidad de los que tienen más medios. La Iglesia para ejercer la evangelización precisa de medios materiales para cumplir su misión de servicio a todos y en especial a los pobres. Creo que una iglesia rica es una iglesia muy pobre, y una iglesia pobre es una iglesia rica. Este binomio puede ayudarnos a comprender que en efecto, puede crearse dependencia, pero esta dependencia puede evitarse siempre y cuando el principio de subsidiaridad y una vez que los Obispos vayan poco a poco educando a sus fieles a que den dentro de su pobreza lo que puedan.

(Este trabajo fue reseñado por la agencia de noticias Aci Prensa y publicado por la revista Signo de los Tiempos)

jueves 28 de febrero de 2008

La Iglesia en Cuba: aciertos y desafíos

(Este trabajo fue presentado en la Séptima Conferencia de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos del Instituto de Investigaciones Cubanas (CRI) que tuvo lugar en la Universidad Internacional de la Florida del 21 al 22 de febrero, fue publicado en la Revista Ideal en los números 354 y 355 )

martes 8 de enero de 2008

Navidad en la Catedral

Por Eduardo Mesa
www.lacasacuba.com

La Navidad me trae una alegría serena con la nostalgia de navidades viejas. Llego a la Catedral, es 24 y ahí está el nacimiento que preparamos y el arbolito que se perdía en el templo inmenso, con las bolas contadas. Teníamos una imagen mediana de San José, pero faltaba la Virgen y arreglaba la Hna Socorro aquella Dolorosa que alguien salvó de los iconoclastas y que era un poco grande; con aquellas imágenes y un bendito niño se preparaba un nacimiento pobre, igual que el de Belén.

¡Qué nacimiento aquel! Había que ponerlo en perspectiva porque la Virgen era muy grande respecto a San José y el P. Salvador colocaba diez veces las imágenes hasta que se veían de la mejor manera en el establo que a duras penas fabricábamos con materiales viejos y con los palos que sobraron de alguna obra. La gruta se hacía con un papel cartucho que yo mismo “conseguía” en la imprenta en donde trabajaba y en alguna ocasión el P. Salvador me instó a que le explicara los detalles de aquel “conseguir” porque él quería predicar tranquilo en la Noche Buena.

La Hna Socorro donde quiera dejaba una flor, para ella un búcaro podía ser cualquier pomo y el Padre Salvador le decía: “Hermana, ésta es la Catedral, tenemos que buscar algo mejor para poner las flores”; pero ella siguió fiel a su costumbre de adornar los altares con búcaros improvisados, igual que en la capilla de su casa de Angola.

Socorro había sido misionera en Angola y creo que en Mozambique. En Angola conoció a los cubanos en los años de la ocupación, no tenía un mal recuerdo de ellos y más de uno, al sentirse en confianza, le contó sus tristezas. Esta experiencia la animó a irse a Cuba, su Congregación de Religiosas del Amor de Dios tiene una historia común con mi Patria. Era ya algo mayor cuando expresó el deseo de partir y sus superioras tenían grandes reparos por la edad, pero otra portuguesa, la Hna. Teresa Vaz, estaba en el gobierno de la Congregación e intercedió por ella y Socorro llegó en el primer grupo, en la avanzada de una monjas de azul que atenderían la Catedral de La Habana y el Arzobispado.

Las monjas trajeron otra vida a aquella Catedral y al mismo Arzobispado. En la Catedral la catequesis se llenó de niños con la Hna Victoria y comenzó a crecer el grupo de jóvenes. Muchos de esos niños y niñas eran adolescentes cuando cayó el muro de Berlín, comenzó el “período especial” y el auge de la prostitución. Ellas nunca lo dicen, pero su acompañamiento y ayuda material salvó a muchas de aquellas niñas, entonces adolescentes, de prostituirse, a veces presionadas por sus mismas familias. Y gracias a las monjas, aquel arzobispado estuvo más abierto al barrio y mejor custodiado por la bondad de Inmaculada y Pilar.

La Hna Socorro había sido maestra, como todas las monjas de su Congregación, y también fue formadora de novicias; tenía un gran sentido de la disciplina y trabajaba mucho, ordenó la sacristía y muchos pormenores de aquella iglesia, cosía albas, manteles, casullas; fundó en la Catedral la Legión de María (único movimiento católico que sobrevivió a la disolución del apostolado seglar y que en muchas parroquias de Cuba lleva cincuenta años de labor). Socorro no tenía para cuando acabar, se ocupaba de Caritas, de visitar a los viejos del barrio, de llevarles leche y comida; se metía en los solares, conocía a la gente y la gente la conocía a ella, no le tenía miedo a los pobres y miraba a los ojos.

Siempre la recuerdo, pero en esta Navidad me he acordado aún más de ella. Pronto se cumplirán diez años de la visita de Juan Pablo II a Cuba. Unos años antes, a principios de los noventa, se preparó una visita del Papa que luego se frustró y en aquella ocasión de todas las parroquias salimos de misión, a tocar puerta a puerta, y había que salir como los apóstoles de dos en dos y después de una oración se sortearon los acompañantes y a mí me tocó acompañarla a ella y nunca en mi vida he subido y bajado tantas escaleras. A finales de mes ya se cumplen diez años de la visita que sí se realizó, creo que para entonces Socorro ya no estaba, había regresado a Portugal, tengo entendido que más por obediencia que por voluntad; pero ella, como tantos misioneros anónimos, cubanos y extranjeros, le allanó el camino al sucesor de Pedro que solicitó al gobierno de Cuba que la Navidad volviese a ser celebrada como un día feriado.

Hace diez años que en Cuba se celebra de manera oficial la Navidad, para la Hna Socorro es mi recuerdo y para aquel nacimiento que el Padre Salvador ordenaba diez veces, hasta que conseguía que la Virgen no luciera tan grande, ni José tan pequeño.

sábado 22 de diciembre de 2007

Memoria de España

Por Eduardo Mesa

En Madrid volví a encontrar a Gilda, ella se marchó antes y a mí siempre me quedó el mal sabor de esa partida, un desconsuelo, una nostalgia sin remedio.

Mi director espiritual solía dejarme frente a mis certezas -las pocas que tuve-, él sabía que las cosas del alma se buscan y se encuentran a solas; un día le comenté que ella se me había escapado y me miró con cierta picardía, “se te escapó” me dijo, rompiendo su costumbre de dejarme a solas con mis preguntas.

Pero no se escapó, al menos definitivamente, volvimos a encontrarnos después de varios años en Madrid por los buenos oficios de la Providencia y de amigos comunes y encontrarla confirmó mi intuición de buscar en mi huída esa tierra que siempre me pareció propia.

España es mi desierto y mi historia de amor, es la mayor rebeldía y la reconciliación con mi fe, el lugar donde supe la muerte de familiares y amigos sin poder hacer nada y el lugar en donde me casé y nacieron mis hijos.

Cuba es como una piedra de arrecife y te gastas, el trabajo pastoral siempre tiene ese riesgo pero en Cuba ese riesgo es inmenso: puedes hacer tantas cosas, quieres hacer tantas cosas que puedes perder el norte y cansarte; yo perdí el norte y me cansé, seguía haciendo lo mismo y cada vez más pero perdí de vista el verdadero motivo para hacerlo, soy responsable de esto y llegué a España con un fardo de enojo, de frustración, de rabia.

No sé que hubiera sido de mí sin ese encuentro, todavía no sé que sería de mí. Gilda tiene una fe que puede hacerte a la fe, ella arrancó “la corteza –entera y dura- que se creía fruta, que tenía la forma de una fruta.”, me ha dejado sin rabia y me ha enseñado el beneficio de no tenerla.

Todo hombre tiene su desierto y yo tuve el mío, una estación de ese desierto fue cuidar enfermos en un hospital católico que está en un barrio de clase alta en Madrid, allí supe de llagas , de la soledad de la muerte y rememoré muchas veces las palabras de Ignacio: ¿de qué vale ganarlo todo si pierdo el alma?

Perder el alma, yo creo que uno siente cuando pierde el alma, que hay un momento en que vemos con claridad la verdad sobre nosotros mismos y ese momento espanta. Yo siempre creí que ante la iniquidad tenía el deber moral de la batalla y todavía lo creo, pero a veces es mejor alejarse si no hay fuerzas para la batalla.

Madrid es el recuerdo de los Carmelitas de la Plaza de España, es un paseo por esa plaza y por los jardines del Palacio de Oriente, es el aroma del romero que se queda.

En España hay una sabiduría quieta, un saber antiguo que habla desde el ser, que está en Valladolid o en Sevilla, que está en la gente y en las cosas. Gilda me ayudó a descubrirlo, intentando mirar hacia adentro, vivir desde adentro, desde lo profundo del ser.

De España esta breve memoria, este pensar enamorado en ella.

Palabras para Gaby

Por Eduardo Mesa

Gaby me escribe desde España, no le gustó mi glosa de Saramago, digo que el evangelio de Saramago pasa por el hueco de mis manos, que el evangelio de Saramago me quitó la voz y ella sin conocerme me supone un “blanquito rico y racista” de Miami. No sabe que viví en España varios años, que fui un sin papeles, que llegué un día de julio a Barajas sin tiempo y sin nombre, con un dolor anónimo.

No sabe y me ofende, nos ofende sin conocer nuestro dolor. No soy racista Gaby y no comprendo la razón del insulto, no creo en la pureza de ninguna raza y menos en la pureza de la mía, me críe en Escobar y Zanja, en Centro Habana, una calle y un barrio en donde tú no has vivido, a lo mejor pasaste un día por allí y te parecieron románticas la ciudad detenida en sus ruinas y la sonrisa despreocupada de las muchachas, pero vivir en Cuba es una experiencia que no es nada romántica.

Tampoco soy “rico”, no tengo nada en contra de serlo, pero nací en el “Año del Esfuerzo Decisivo” y los que fueron ricos también eran pobres, corría el año 1969 y ya no quedaba nada por nacionalizar; Fidel había logrado la igualdad en la miseria material y pretendía lograr la igualdad en la miseria moral, esto último, afortunadamente, nunca lo ha conseguido.

Mis amigos negros y mulatos no estarían de acuerdo contigo, no consideran a Fidel su “campeón” sino su opresor; un racista que tiene un feudo regentado por blancos, un ejército de generales blancos y un poder que los excluye de los mejores trabajos que se pueden conseguir en la isla, que no los deja entrar en los hoteles donde los turistas se hospedan y en las playas privadas donde los turistas se bañan.

No Gaby, Miami no es un hervidero de blanquitos ricos y racistas, es la ciudad de un exilio continuo, un exilio de cincuenta años, cubanos de toda procedencia y origen: aristocrátas que tuvieron que trabajar en multitud de oficios para sobrevivir, profesionales, obreros, campesinos que se quedaron sin tierra y sin palmas y que han traído semillas nuevas a esta tierra grumosa logrando el milagro del aguacate y del anón. Miami es la ciudad hispana de Estados Unidos, una ciudad mestiza, hija del azar y de unos cubanos que se vieron conminados a marcharse de su tierra por la violencia de una revolución que no nos ha redimido de ningún mal.

Miami no goza de buena prensa en España, ahora, con los muchachos de Maleni y Zapatero, imagino que menos. La cosas han de ser blancas o negras, lo mismo sucedió con Fidel, suscitaba entre muchos de ustedes una extraña simpatía. Hasta el Generalísimo sintió en algún momento simpatía por Fidel, y Manuel Fraga todavía recibe a los Castro como a primos indianos. Fidel en el imaginario colectivo español es la venganza anti-yanqui por la derrota del 98.

En el exilio hay gente que quisiera matar a Fidel y hay gente que desea su muerte, no comparto la idea de matarlo pero la entiendo, entiendo la rabia que engendran los dictadores de cualquier signo, por eso no me extrañé demasiado cuando ustedes, hace sólo unos años, retiraron la estatua de Franco de Nuevos Ministerios y eso que la guerra civil terminó en el 1939. Yo estaba en España cuando retiraron la estatua del “Caudillo”, por cierto, si mal no recuerdo, por allí había una estatua de Largo Caballero y la dejaron, puestos a quitar, hubieran quitado las dos.

Así es la vida Gaby, yo no deseo la muerte de Fidel o evito desearla, sólo Dios sabe lo que es conveniente y yo confío en Él; aunque es probable que al morir el tirano habría un punto y aparte, una oportunidad de enderezar el rumbo de una nación deshecha, una brecha para la esperanza de millones de cubanos que sólo piensan en marcharse de aquella pesadilla.

Tu no te extrañes Gaby, busca en internet videos de balseros arribando a Florida, o videos de balsas con los balseros muertos, o esas balsas vacías que se filmaron para los noticieros del mundo entero. Esa es la historia reciente de Cuba, la huida a donde sea, ese es el éxito del “campeón”; y no me digas que es el bloqueo y la amenaza Imperialista, ese cuento ya no lo creen ni los oficiales de Villa Marista.

Perdona esta descarga, pero es que no me gustan los libros de Saramago, se me caen de las manos, me dejan una malsana sensación de vacío, otra cosa es que el hombre pose con Fidel, que renuncie a la distancia crítica que un intelectual debe tener ante un sátrapa.

Siento decepcionarte Gaby pero no me gusta el evangelio de Saramago, un evangelio que terminó felizmente en Berlín, un evangelio falso. No me gusta que se opine a la ligera, que se frivolice con nuestro dolor; estoy harto de oír a gente como tú, gente que no sabe o no quiere saber que mi pueblo sólo está dividido por el odio y la desidia de algunos, por el mar de todos.

martes 4 de diciembre de 2007

El trompeta

Por Eduardo Mesa
http://www.lacasacuba.com/

Cuando mis amigos comentaron su fantasía de ejecutar al chivatón Arsenio, pensé en su querida. Los corredores del subconsciente me llevaron hacia esa pobre mujer de repuesto. Ella amaba a Arsenio o al menos demostraba una conmovedora devoción por él. Nosotros bien sabíamos que el chivatón Arsenio no daba nada, una noche completa bajo el guao puede parecerte una caricia si conociste a Arsenio de uniforme; de civil era igualmente malo, pero intentaba parecer amable, su sonrisa socarrona siempre era presagio de tormenta. Cuando la broma aquella de los tenis tortolov él también se mandó una carcajada, acariciaba el asqueroso mocho de tabaco y se reía, antes del noticiero todos presos, a mí me soltaron esa misma noche por ser menor, los demás estuvieron dos días comiendo pan con mostaza y espaguetis al cebo. Daniel el gordo por tener antecedentes pasó 14 días con idéntica dieta. Estuvimos más de un mes sin hablarnos.

Argudín siempre dijo que matarlo no era suficiente, su muerte además debía ser lenta, alguien habló de una gotera de salfumán en los huevos o amarrarle un bistec y soltarle un dobermann. En el quicio del 314 se celebraban estas reuniones, el ancho portón de antiguo palacete nos congregaba, la saturada atmósfera del solar nos protegía, si esas pesadas puertas pudieran hablar nos reiríamos, de todas formas tantas maneras de matar a Arsenio no sirvieron de nada.

La querida a menudo pasaba por delante del piquete arrastrando la bolsa con los litros de leche o una jaba con boniatos. Su sayita de laster y las blusas ajadas delataban su pobre condición, siendo querida de Arsenio no podía aspirar a más, o sí, podía abandonarlo, cambiarle el yale a la puerta y no dejarlo entrar más a la casa. Claro; que el tipo es una hiena, la cosa seguramente no iba a quedar así.

Definitivamente la defunción de Arsenio beneficiaría a todos, en especial a su querida. En el grupo nadie hablaba del tema pero entre todos compartíamos una secreta lástima por aquella mujer joven aún. Los sábados salían todos juntos: ella, las cabezonas criaturas de Arsenio -hijos de su esposa oficial - y el trompetón. Nadie aflojó los clanes del antiguo Chevrolet por los niños y ella, pero en las noches un aluvión de piedras y baterías de radio se estrellaban en su carrocería.

Al ver pasar a esta mujer alguna vez tuve la intención de hablarle, pero Daniel el gordo me aconsejó no hacerlo "ella es buena gente, pero nunca se sabe y cuando está con él es por algo". Él también la quería, era la única persona a quien no le haría daño, se rumoraba que a su esposa oficial la había echado pa’ lante por culpa de un cuñado, la mujer se metió en tremendo lío y por poco va presa, nunca supo que Arsenio era el culpable o prefería fingir que no sabía.

Argudín insiste sobre la muerte lenta, encerrarlo en la cisterna del caserón del chino loco es su última idea. La cisterna es muy grande porque el negocio de los chinos era un tren de lavado. Los chinos ya se han muerto, sólo queda el loco y está encerrado en uno de los cuartos al final de la casa. La cisterna se cierra con una barra de hierro y un candado, se le echa encima medio camión de escombros, nadie escuchará nada. Hasta el mismo Argudín se echó a reír al saber que tanto inventar la muerte del chivatón Arsenio no sirvió de nada.

Al final del verano la querida andaba más desgreñada que de costumbre, un inmenso pesar se volcaba en sus ojos, Argudín lo notó, era el genio del grupo, su talento le hacía ver las cosas con antelación. Arsenio vendió el carro, nos quedamos sin tiro al blanco y Argudín repetía que había gato encerrado.En la antesala del misterio comenzaron las especulaciones, Daniel el gordo sostenía la hipótesis de que la hiena se convertiría en trabajador por cuenta propia y ay de aquel infeliz que le vendiera insumos de dudosa procedencia. Algunos más ingenuos suponían precariedad económica o una posible boda con su querida. Argudín se mantenía al margen de las suposiciones, "de este tipo se puede esperar cualquier cosa pero ninguna buena, hay que estar preparados".

De la casa de Arsenio discretamente se sacaban paquetes, le donó al comité militar las obras completas del camarada Kim Il Sung, saludaba a la gente con benevolencia y nosotros que bien lo conocíamos llegamos a afirmar que andaba distraído. El rumor más vibrante en el barrio recreaba la idea de una misión internacionalista como maestro o algo así, pero Arsenio malamente llegaba a un sexto grado de ahora y si era dudosa su capacidad de enseñar más lo era la de aprender. A pesar del esfuerzo de Argudín por desmentir aquel rumor la hipotética misión se hizo vox populi.

Argudín no tragaba "este es un camaleón, algo está componiendo, el problema es qué". La querida, por su rostro de "ayuno y abstinencia", me hacía dudar de todas las variantes, ni Argudín con su olfato de cazador se acercaba a la presa.Además de sentarnos a sentenciar a Arsenio y consumir alcohol de policlínico con extractos diversos, escuchar FM era otra distracción, en el piquete la música en inglés tenía muchos adeptos. Transcurrían las horas entre chillidos de heavy metal y la ondulante paciencia del reggae. Un radio Selena nos permitía salir al exterior e increíblemente en esos días podíamos hacerlo sin tener que ocultarnos. Arsenio andaba perdido del barrio, ya nadie reparaba en nuestra música, esta de más decir que no volveríamos a tener otro ingenuo desliz como el de los tenis tortolov, con el trago y la música estábamos felices.

Se descolgaba lentamente la noche y la ansiedad de los estómagos no permitía más dominó, ni alcohol, ni onda corta. Llegó Argudín corriendo, su papá le había mandado un aviso, le saludaría por "puente familiar" esa noche. Mandamos a callar a los muchachos que andaban correteando en el solar, la radio estaba prendida. Al rato comenzaron los recados y el viejo de Argudín fue el segundo en hablar. Mientras abrazabamos a Argudín el gordo metió un grito, se hizo silencio, el gordo no era trágico, subió el volumen y le dimos oreja al último recado. Era Arsenio saludando a su esposa y a los cabezoncitos, de la estupefacción pasamos al berrinche y de éste a la risa. Hubo un clamor, un grito en el solar, la calle se llenó de vecinos, nadie podía creerlo y hubo alguno que hasta nos desmintió. ¿Cómo que no se fue compadre? ¿Tú no estás oyendo que habló por Radio Martí ahora mismo? le gritaba Argudín a un incrédulo.

Entonces la querida salió de su casa y se acercó a la puerta del 314 "lo que ustedes oyeron es verdad, se fue para Miami". Nadie le respondió, nos quedamos mirándola hasta que abrió la puerta de su accesoria y con un gesto de cansancio entró.

El gordo se sacudió la nariz "caramba, este chisme me dio alergia". Argudín sonrió "yo sabía que había gato encerrado, la hizo buena el cabrón". "Sí, la hizo buena" pensé mientras recogía el transformador del Selena, entonces nos dimos cuenta que ya era tarde y cada uno se fue a su casa a comer.

lunes 19 de noviembre de 2007

Los venezolanos

Por Eduardo Mesa

Los venezolanos tienen un dictador en ciernes y un remedo del café Versalles que se llama Arepazo, el lugar ideal para un discurso, para un festín de arepas.

Los venezolanos, muy a su pesar, nos imitan; pierden su tiempo en discusiones formales, en la agotadora tarea de criticar a Chávez y conceptualizar el chavismo. Se enredan en desacreditar a los posibles líderes y no comprenden que los esquemas de la política tradicional no sirven para enfrentar a esa marea de camisas rojas.

Los escucho, los veo y no logro salir de mi asombro: "que las fuerzas armadas van a dar un golpe", "que no vamos a ser tan cobardes de permitir eso", "que los estudiantes tomaron las calles" y en el exilio, como si fuera un juego, se suponen gobiernos.

Ellos tienen un monstruo que no merecen y se resisten a aprender de la historia, poco a poco, desde la nostalgia ignorarán las grietas de aquella sociedad que un día alumbró al chavismo. Dentro de veinte años (ya falta poco) habrá una Venezuela perfecta en la memoria y en esa ciudad arrecha de Miami que se llama Doral comenzarán a aparecer las avenidas clónicas de Caracas.

Los venezolanos todavía poseen algunas libertades, pero es cuestión de tiempo, la enfermedad del totalitarismo concita complicidades y deshace en multitud de hombres cualquier escrúpulo, conoce a fondo las miserias humanas y juega con lo peor de ellas.

También están los pobres, los que creen que emergerán en este mundo nuevo, los que parecen tener por primera vez un espacio en una realidad que aparentemente los dignifica: hay un salario mínimo para estudiar y un consultorio médico y una escuela; los pobres serán los primeros en ceder una libertad que hasta ahora les ha servido de poco.

Los venezolanos aún pueden quitarse a Chávez de encima; será un gran esfuerzo posponer las diferencias, los intereses de cualquier índole y concentrarse en derrotar al déspota de manera pacífica; para esto necesitan de una unidad sin fisuras, necesitan consensuar liderazgos de prestigio y trabajar a deshora por fortalecer la sociedad civil y cualquier vestigio de democracia. Los exiliados pueden apoyar esos esfuerzos e influir en Washington, en la U. E. , en la O. N. U y en cualquier foro que lo amerite, y es que el exiliado poco más puede hacer, tiene ante sí el desafío de establecerse y esto le ocupa la energía y el tiempo. No obstante, lo que vayan a hacer unos y otros deben hacerlo pronto, mientras puedan.

Los venezolanos y muchos otros que no lo son subestiman a Chávez, sólo ven al personaje esperpéntico que canta rancheras, al petrodictador ansioso de luminarias. Yo no creo que un tonto pueda llegar tan lejos, creo que tiene un proyecto obvio y maligno, realizable a corto o mediano plazo para nuestra desdicha.

Los venezolanos, a pesar de todo, tienen varias ventajas, no están convencidos de que los americanos resolverán "el problema" y los americanos ya han dejado claro que "el problema" es de Lula, de Bachellet, de Uribe, de todos los vecinos del basto condominio al sur de Río Grande. No habrán de batallar con el mundo en su contra, recibiendo los peores epítetos mientras gobiernos, instituciones y personas aplauden al tirano; no tendrán, además, ley de ajuste ni una frontera cerrada por el mar.

Mientras todo sucede fluyen las transacciones, el Doral crece de un modo impresionante a pesar de la crisis inmobiliaria y en una esquina de la 58 street se encuentra el Arepazo, open las 24 horas del caluroso día floridano, con variedad de arepas, mesas de dominó y una tribuna ajena al tiempo, ese señor que tiene la última palabra.

domingo 28 de octubre de 2007

Juanki

Por Eduardo Mesa

Juan Francisco Pulido Martínez, Juanki, prometía un escritor, un brillante escritor. Él vivía en Cinfuegos, la ciudad que le gustaba al Benny, y no quiso votar en unas elecciones que no son elecciones y las barbaridades que por esto le hicieron amargaron su vida para siempre.

Cuando me fui de Cuba llegué a Madrid y trabajaba de noche en un bar de copas, que es algo parecido a una discoteca en donde se bebe más de lo que se baila, un lugar de noches largas y anónimas; un día sonó el teléfono del bar a las tres de la mañana, era Juanki desde Miami, me decía nombretes y reía, lo encontré con el ánimo de una vida nueva, cuanta alegría me dio esa llamada. Después supe que comenzó a estudiar en una universidad, que tenía novia y parecía que la vida le iba a dar un respiro.

Juanki era un niño que escribía como un hombre, un muchacho devoto de Salinger que jugaba a fabular. Si aquellas elecciones no lo hubieran matado hoy estaría embromándonos con la invención de una amante rusa, un loro y una lámpara para leer de noche. Nos diría cualquier cosa y le creeríamos sus personajes de espanto, le creeríamos un dolor que era cierto.

Un amigo común me llamó una noche para decirme que Juanki había muerto, que se había suicidado en su cuarto de la universidad, fue un manotazo duro, un golpe helado, una noche en Madrid que sólo tiene preguntas y plegarias truncas.

Cuando le dieron la visa me alegré, si seguía en Cuba iba a tener más problemas, él no soportaba el sistema y el sistema no lo soportaba, Juanki partió al fin y todos los que le queríamos respiramos aliviados. Unos días antes preferí no publicarle un cuento en la revista Espacios, no se enojó conmigo, él ya tenía suficientes problemas y yo tenía los míos.

Unos meses antes de marcharse ganó un premio literario en Vitral y en la misma revista le publicaron un libro de cuentos, al recibir los libros me dedicó un ejemplar, tenía una prosa que se dejaba querer, que auguraba una obra mayor, aunque la lectura de aquel primer libro, acaso el único, me dejó el sinsabor de un laberinto.

Aquellas elecciones no le perdonaron su abandono del acto ante el castrismo y los sicarios se esmeraron para que Juanki no tuviera descanso. Con sus ademanes de monaguillo bueno llegó y les dijo que no iba a votar, que se quitaba la máscara y ellos vieron que era un muchachón, que tenía la vida por delante y por eso le alargaron la muerte. Sólo hay una justicia que puede juzgar tanto mal, sólo una misericordia que puede perdonar. El domingo 21 de octubre se celebraron otras elecciones, otra mascarada que hizo vomitar a mucha gente cuando llegó a su casa. Dios permita que esa pesadilla termine, Dios nos ayude a todos.


jueves 25 de octubre de 2007

Un perro mediano

Por Eduardo Mesa

Los niños siempre quieren un perro y yo quise uno. Los niños siempre prometen que lo cuidarán y mi hermano y yo lo prometimos. Los niños nunca cuidan del perro y los padres lo saben pero nos permitieron aquella perrita medio amarilla; los adultos a veces comprenden la felicidad de un niño.

Mis hijos también quieren un perro, todavía son pequeños y no es un deseo pujante; dentro de un tiempo nos abordarán en el desayuno y la cena, y antes de la bendición, en la noche, pedirán un perrito con voz quejumbrosa y yo no tendré voluntad para negarme por mucho tiempo.

Es inevitable que uno se vea reflejado en sus propios hijos y de algún modo vuelva a ser niño. La infancia es la luz de los hombres y cuando no lo es hay un dolor muy grande, hay días en que uno quiere volver a aquella casa y de puntillas asomarse otra vez a la ventana o al muro prohibido. Hay días en que el mundo se te viene encima y entonces recuerdas que alguna vez fuiste un niño y te cuidaban.

Mis hijos juegan, el varón ya comenzó la escuela y la pequeña corre, baila, yo los veo reír con risa pícara y me digo: Dios mío como crecen y el tiempo transcurrido te parece un instante y acaso es un instante. ¿Cómo cuidarlos Dios mío? ¿Cómo hacer que sean vidas felices las suyas?

La madre se desvela, ella entiende la felicidad y el dolor de los niños mejor que yo, su comprensión profunda es un privilegio de la maternidad, una intuición que nos ha sido negada. Me deleito cuando ella los abraza, me embarga su risa y experimento por qué es sagrado el amor.

El niño me explica las ventajas de un perro mediano, sabe dar sus razones, es un diplomático risueño y convincente. No sé de dónde sacó lo del perro mediano y quiero mostrarme severo, sé que el asunto tiene cola y ladra. La niña viene en su ayuda, sin palabras maneja los mismos argumentos y al fin me dice: papá un perro mediano es chiquito, es bueno; entonces me río y ellos me abrazan y se ponen a hacer otra cosa y se olvidan del perro mediano.

Yo los miro en su juego y hay un momento en que estoy a su altura, en que el sol y las nubes están conmigo; siento que viene un carro y me levanto, corretean por el jardín y son muchachos sin noción del peligro. Pasa el carro y me quedo tranquilo. Yo sabía que los niños siempre quieren un perro, ahora sé que es mediano, que mediano es chiquito y bueno, lo adultos a veces comprenden la felicidad de un niño.

El evangelio según Saramago

El evangelio de Saramago pasa por el hueco de mis manos.

El evangelio de Saramago me quitó la voz.

El evangelio de Saramago es la historia de nombres olvidados por el bien de todos.

El evangelio de Saramago cuenta medias mentiras a la barriga llena.

El evangelio de Saramago puede ser en Lisboa, en Milán, en París.

El evangelio de Saramago me aburre desde niño.

El evangelio de Saramago terminó felizmente en Berlín.

El evangelio de Saramago sigue escuchándose cerca de las brasas,

igual que una historia de súcubos

sirve para asustar a una muchacha.

domingo 16 de septiembre de 2007

Opción, actitud, propósito

Por Eduardo Mesa

Alguien me enseña unas fotos, son rostros anónimos con el esbozo de una sonrisa. La gente luce su mejor ropa, busca la pared mejor pintada y algún adorno al fondo, pero aún así las fotos son la imagen del desaliento, del cansancio sin límite.

Esa sensación generalizada de que no hay futuro provoca una depresión permanente, una melancolía que se desvanece ante la estampida migratoria o algún estímulo mundano y forzosamente pasajero.

El daño antropológico de cinco décadas de tiranía supera las posibilidades de cualquier imagen o relato, es un daño tangible e inconmensurable. Los que hemos vivido en ese sistema hasta la edad adulta con frecuencia descubrimos heridas nuevas que han dejado en nosotros. El comunismo no te prepara para confiar en tus posibilidades, su andamiaje se sustenta en obligarte a creer en la imposibilidad de vivir al margen del Estado Todopoderoso. El sistema ha logrado personas tristes y aparentemente moldeables con una notable inclinación al suicidio. Ha conseguido que el pesimismo dejara de ser un pasatiempo snob, una obsesión de élites ilustradas. Ahora es un sentimiento popular, una carga pesada para el cubano de a pie que sale cada mañana a resolver algo para inventar un magro almuerzo.

La recuperación del alma cubana llevará algo de tiempo, bastante más que el de recuperar la economía y las infraestructuras necesarias; no obstante la recuperación de la esperanza, el restablecimiento de los valores tradicionales y la inclusión de valores nuevos es fundamentalmente cuestión de opción, de actitud, de propósito.

Hace algunos años descubrí a Víctor Frankl y la narración de sus experiencias en varios campos de concentración me conmovió profundamente, el eminente médico vienes pudo percibir que en aquel infierno no sobrevivían los más jóvenes y fuertes sino aquellos que tenían la esperanza de reunirse con seres queridos o que sentían la imperiosa necesidad de concluir algún proyecto, o aquellos que tenían una gran fe. Así sobrevivieron madres famélicas que tenían el firme propósito de recuperar a sus hijos, frágiles ancianos empeñados en encontrar a sus nietos, hombres de profunda fe religiosa y hombres de ciencia como Víctor Frankl que se aferraron a la vida porque tenían el deber de sobrevivir para contar al mundo aquellos horrores y conjurar con su pensamiento a los demonios del fascismo.

Probablemente no todos los que optaron por vivir sobrevivieron, pero todos los que sobrevivieron hicieron una fuerte opción por la vida para llegar al final del camino. La experiencia de Víctor Frankl testimonia el valor de un propósito firme, de una actitud de esperanza. Esa actitud es cuestión de opción, de opción personal y de opción comunitaria. Y es que los cubanos, a pesar de todo, podemos optar entre un proyecto realizable que nos conduzca a la normalidad democrática y ese pesimismo real a la vez que inútil, siempre presente de un modo u otro en nuestra breve historia nacional. Podemos optar por el protagonismo mesurado, pero activo del hombre común o contemplar apáticos desde la platea la sucesión de actos. Tengamos por seguro que no hay acciones neutras, que estamos en un camino que se bifurca hacia la fatalidad o la esperanza, esta última, es imprescindible para superar el castrismo y vital en cualquier escenario posterior.

He vivido en Cuba la mayor parte de mi vida adulta, he presenciado las fugaces aperturas que ha ensayado el régimen en el campo económico y he visto la energía creadora que estas mínimas aperturas han desatado. He presenciado el paulatino auge de la oposición aún cuando la hostilidad del régimen ha ido en aumento. He visto las iglesias llenas de penitentes pidiendo paz y la Plaza Cívica, hoy de la Revolución, bendecida por el Corazón de Jesús. Esto me invita a pensar el futuro, ese eterno presente que se hace cada día; a constatar que existe una reserva moral que la tiranía no ha conseguido agotar. Que no tenemos ningún condicionamiento genético que nos conduce al masoquismo y que podemos hacer efectivo cualquier proyecto que consensuadamente nos propongamos.

Perdónenme que insista: el futuro existe, la recuperación de los valores y de la esperanza es cuestión de opción, de actitud, de propósito.

jueves 6 de septiembre de 2007

Cuando los inviernos eran más largos


Por Eduardo Mesa

Leo en primera plana del Nuevo Herald que comienza a gestarse un ciclón, luego encuentro las profecías de Al Gore sobre el cambio climático. No me interesan las tesis del vice presidente y los dinosaurios que entusiasman a mis hijos desaparecieron antes que las plantas nucleares irrumpieran en el paisaje y los bosques fueran maldecidos por la lluvia ácida, pero es cierto que el clima no es el mismo en ninguna parte; el tiempo ha cambiado y nosotros hemos cambiado en él.

Estoy seguro que los inviernos de antes eran más largos y alguno de ustedes, sonriendo, me dirá que los mangos también eran más dulces; pero no es una idea traída por la nostalgia, sé bien que el frío duraba más y a mí me embutían en un abriguito de corduroi amarillo para ir a la escuela y en toda la mañana no me lo quitaba porque el frío pelaba en aquella casona de Jesús María donde hice la escuela primaria.

Yo aún no sabía que el invierno era un agente de la uniformidad, la tela de mi abrigo la había por donde quiera y en la calle encontrabas camisas, pantalones, chaquetas con motivos idénticos. Eran inviernos de corduroi y laster, unos tejidos que se perpetuaron hasta un verano sin muro de Berlín.

No obstante, fue en la secundaria cuando el clima propició la lucha de contrarios, el sentimiento del clan o la tribu. Dos modelos de abrigo en todas las tiendas, uno era de paño a cuadros, bolsillos diagonales, botones de resina y el forro interior como de seda, creo que lo he visto en alguna película que recrea las calles de Belfast en los años sesenta. El otro modelito era el de los llamados impermeables, mangas rectángulares, botonadura en broches de cortina o cremallera plástica y una costura que le hacía los dibujos. Este modelo conquistó su espacio en el capitalismo y es de uso obligatorio para entrar a los frigoríficos de Burger King y Walt Mart.

En la "William Soler", mi secundaria, el invierno engendraba dos grupos visibles: los cuadrados y los impermeables, yo pertenecí con honra a los primeros, mi abrigo de paño llegó a gustarme y me acompañó a fiestas y escuelas al campo hasta que mi abuela, desde Hialeah, comenzó a mandar paquetes subversivos con la peor propaganda enemiga: polos de Ralph Lauren, zapatillas de Nike, pullovers del pulguero con letreros de Miami Beach y abrigos distintos y nuevos, que me duraron hasta que los cambié por viandas o por carne en el agobio de los años 90.

Y en el 92 llegó el dolar y los compañeros se deprimían en masa al comprobar que había tiendas desiertas y tiendas surtidas, y en las tiendas surtidas sólo valían los méritos de Lincoln y de Hamilton, catarsis de un capitalismo subterráneo que ha resistido con éxito los cíclicos amagos de apertura y las inevitables represiones. Ese fue un tiempo sin abrigos porque el frío duraba muy poco y yo tenía una enguatada Guess y un suéter que me trajo de Portugal la Hermana Socorro.

Luego recuerdo navidades sin frío y veranos muy largos, y un cumpleaños compartido entre La Habana y Madrid, ausencia definitiva en inviernos felices y epifanías propias de un sueño.

Sí que ha cambiado el tiempo, aunque en Bainoa sigue haciendo frío y en Jaruco y Tapaste el mercurio se pega al cero, los inviernos no son lo que eran antes cuando todas las tiendas tenían el mismo abrigo y habitábamos la uniformidad sin saberlo.

sábado 18 de agosto de 2007

El pecado de Eva

Por Eduardo Mesa

Un teológo español afirmaba que el pecado de Eva no fue querer ser como Dios, sino quererlo por la vía rápida. La tentación de la serpiente se presenta como el camino más corto.

Los cubanos también sucumbimos al pecado de Eva, a la ilusión del cambio urgente que traería a la sociedad perfecta. Este ideal revolucionario, que no es exclusivamente de inspiración marxista, sedujo a muy disímiles actores de nuestra historia, al menos en algún momento de sus vidas; emparentando a hombres de ideas diferentes e incluso antagónicas. Participaron del ensueño revolucionario intelectuales y artistas, jóvenes estudiantes y acádemicos, militares, periodistas, políticos, aventureros y gansters.

Muchos de los protagonistas de nuestra historia reciente hubieran rechazado de forma visceral la denominación de comunistas, pero habrían aceptado con gusto la de revolucionarios. Algo difícil de definir porque ser revolucionario es una extraña mezcla de predestinación e ingenuidad, que no vacila en imponer un modelo de sociedad vertical, supuestamente más justa, en donde se decide lo mejor para los otros sin el consentimiento de éstos; un sacrificio de la libertad individual en aras de la justicia social que deja a los pueblos en el peor de los desamparos porque no se consigue la justicia y se pierde la libertad.

La entrada triunfal del Ejército Rebelde el 1 de enero de 1959 es el colofón de esos afanes justicieros fallidos, el resultado de una república frágil, signada, con demasiada frecuencia, por la violencia de unos y de otros. El triunfo del castrismo no es ajeno a una sociedad que cedió al pesimismo, al escepticismo irracional que es el cardo de cultivo del revolucionario y sus revoluciones, perdiendo una república perfectible a pesar de sus males. El régimen de Fidel Castro en un momento aclamado por muchos y sustentado en la promesa de establecer una sociedad más justa y democrática ha sido, sin lugar a dudas, la consecuencia más cruel y desdichada de nuestra superficialidad y de ese asentimiento u omisión ante la violencia.

Si algo debemos al castrismo es el antídoto que su amarga experiencia ha inoculado. La oposición interna da fe de ello con su lucha pacífica y consensuada, con su aprendizaje de discrepar prescindiendo de la dentellada, de la descalificación del rival político. Estos hombres y mujeres que con su lucha pacífica resquebrajan los cimientos de esa dictadura tienen ante sí el reto de irradiar en la sociedad cubana la eficacia y la altura moral de una actitudes y valores que han ensayado con éxito.

Nadie sabe cómo, ni cuándo terminará ese régimen, pero ante cualquier escenario debe prevalecer la fuerza de la razón, una razón que va ganando terreno porque es expresada por hombres y mujeres de recta conciencia, es el "poder de los sin poder", el poder del testimonio, el poder de la coherencia. La acción política de estas personas se ejecuta a la luz del día y es cuidadosa con los medios que utiliza; cuidad los medios que el fin se cuidará por si mismo diría el Mathama.

Más allá del final de la dictadura hay un futuro que debe prescindir del camino que conduce a la violencia revolucionaria o a cualquier violencia, a la tentación del predestinado que no permite cuestionamiento alguno a su buena voluntad de hacernos felices y que está dispuesto a todo para lograrlo. Un futuro que debe sustituir la descalificación por la argumentación, la pugna por la conversación que busca el entendimiento y el consenso. No dejemos que nuestras miserias, e incluyo formalmente las mías, nos hagan perder otra oportunidad y parafraseando a ese pastor y profeta del exilio que fue Mons. Boza Masvidal: que sea más fácil encontrar cubanos dispuestos a vivir todos los días por Cuba que a morir por ella.

viernes 17 de agosto de 2007

Plegaria

Por Marcel Légaut
Tomado de la revista "Cuadernos de la diáspora".

Padre,
(...)

Danos el don de creer en nuestro prójimo
como Tú crees en nosotros,
y de ser capaces de acompañarlo en su camino
como Tú nos acompañas en el nuestro.

Ayúdale a extraer un bien
del mal que le hemos hecho
(involuntario a menudo, inevitable a veces)
a fin de que lo repare y pueda absolvernos,
como Tú tornas útil para nosotros
el mal que hemos cometido,
el mal que hemos sufrido,
por los cuales te bendecimos.

Inspiranos una inteligencia
de los acontecimientos,
incluso de los más dolorosos,
que nos los torne beneficiosos.
Que ellos nos lleven
al conocimiento de nuestra condición humana
y nos acerquen a las fronteras de la vida,
el umbral del absoluto,
lindero con la nada.

¡Que ellos afinen nuestra fe
si echan por tierra nuestras creencias¡

¡Que ellos traspasen nuestro corazón
y sellen nuestros labios
pero que nos dejen la esperanza¡


sábado 4 de agosto de 2007

El loro de Churchill

Por Eduardo Mesa

Hace unos años la prensa británica redescubrió al loro de Churchill, la longeva criatura pasa sus días en una tienda de mascotas de un barrio londinense. Todavía repite las palabrotas y frases picantes que le enseñara su antiguo dueño, se burla de Hitler y rechifla para sus actuales cuidadores con la misma prestancia que hace cincuenta años.

Cuentan que Churchill pasó sus últimos años entregado a la pintura, al deleite que proporcionan los habanos y a reír con su loro pícaro. Dejó unas acuarelas prescindibles y un mito que, con merecimiento, perdurará. Suya es la expresión de que la democracia es el peor sistema que existe excepto todos los demás y el tiempo le sigue dando la razón al genial político inglés.

No, no es perfecta la democracia y es por eso que alguno, con cierto cinismo, ha dicho que dar la vida por la democracia es como darla por el sistema métrico decimal. Para Ignacio Sánchez Cámara, catedrático de filosofía del derecho "La democracia es una forma o método político que posee valor moral, pero que no garantiza la moralidad de sus resultados, pues estos dependerán, sobre todo, del criterio y de la formación moral de la mayoría de los ciudadanos."

No obstante, a pesar de sus imperfecciones, que a veces nos acercan al borde del desfiladero, la milenaria democracia funciona mientras muchas sociedades se hunden en el pantano del totalitarismo. Si ha perdido la fe en el género humano observe como transcurren unas elecciones en cualquier país democrático. El acatamiento de los resultados que convierten a una parte de la sociedad en triunfadora y a la otra en perdedora nos remite a lo mejor de nuestra humanidad. Los perdedores no aceptan los resultados por resignación, los aceptan porque reconocen en los votos de sus conciudadanos el valor del sistema democrático.

Es una pena que Occidente padezca ese complejo de inferioridad crónica. Inventamos, poseemos y practicamos con éxito el único sistema de convivencia que funciona garantizando la libertad y los derechos individuales de las personas y sin embargo, no somos capaces de sentirnos orgullosos de ello. En otras coordenadas geográficas valoran positivamente su sabiduría milenaria, su religión y su cultura; nosotros preferimos avergonzarnos de nuestra herencia greco-latina y de nuestra fe judeo-cristiana, de la urdimbre de esas raíces y de ese valioso fruto, entre tantos, que es la democracia.

Vivimos inmovilizados por un absurdo sentido de culpabilidad y un mal entendido respeto a las minorías y a los factores culturales y religiosos. Este respeto que es imprescindible para un estado moderno, no puede convertirse en un subterfugio. Nadie puede utilizar las libertades, que el estado de derecho y sus instituciones propician y garantizan, para poner de rodillas a la sociedad democrática.

Devaluar la democracia es fácil; de hecho, es fácil desvalorizar casi todo y además, está de moda. Ahí están, por ejemplo, los grupos anti-sistema, amparados en Asociaciones, ONG y otras fórmulas jurídicas efectivas en los Estados de Derecho y subvencionados en muchas ocasiones por nuestros impuestos. Estos muchachos anti-sistema no aparecen en las calles de Libia, ni de Mozambique, ni de Corea del Norte, ni de Cuba, los señores que gobiernan en estos lugares no permiten ninguna fiestecita al margen del orden establecido.

No nos engañemos, las sociedades regidas por ayatolas y dictadores de distinta especie distan mucho de ser un modelo de convivencia. En los medios de comunicación pululan personajes que legitiman a las autocracias y dictaduras más aberrantes, tienen en el mundillo de la progresía europea y norteamericana patente de corso para denostar y negar cualquier valor de los estados de derecho, del capitalismo liberal y el funcionamiento consensuado y pacífico de nuestras sociedades, eso sí, no ofrecen nada cambio. Estos profetas no regalan sus libros, ni enseñan gratuitamente a la multitud, sus títulos se presentan y encuentran en las aborrecibles vitrinas de la sociedad consumo. Su ira antisistema se factura en euros, en dólares, en libras, poderosas divisas.

Todo esta gente que trabaja para salvarnos de la humillación capitalista viaja en primera clase, cobra cifras sustanciosas por una conferencia y se aloja en lujosos hoteles, quiero decir que no hacen asco del capitalismo y siempre están dispuestos a compartir su sabiduría en esos eventos que se sufragan con nuestros impuestos.

Sí, es generosa la democracia y es lo mejor que puede sucederle a cualquier sociedad; un sistema que a todos se nos antoja perfectible y que de hecho lo es. Como hombre de fe comparto la afirmación de que la democracia está institucionalmente abierta al futuro y por eso también al futuro último del hombre. Mientras tanto me quedo con una ingeniosa frase del periodista cubano Carlos Alberto Montaner: en democracia vamos a las urnas en vez de ir a la guerra. Sólo por esto merece la pena.

martes 31 de julio de 2007

Elogio de la abuela

Por Eduardo Mesa

Los patios de Miami esconden sus matas de orégano, ají cachucha y otras hierbas. Te sorprenden aquí olores viejos, el pasado regresa cuando encuentras un aroma perdido.

El olor del orégano fresco me lleva a una azotea de lozas rojas y a un cielo azul que siempre estaba a mano. Bajo el tanque del agua cultivaba mi abuela sus matas, y el tanque que se desbordaba a cada rato las refrescaba. Ahí tenía cintas, mantos, helechos, en un jardín urbano, minúsculo, al amparo del sol por el capricho de una arquitectura sin nombre.

Yo disfrutaba alcanzarle un ramito de orégano, ella al fin me peleaba porque siempre le traía el ramito pegado a la nariz. Con un poco de ají, laurel, orégano, ajo y cebolla, azúcar, sazonaba mi abuela el festín de unos frijoles negros. Los frijoles de Tito, como le decían, eran famosos en la familia.

Para mi abuela la cocina era su feudo particular e inaccesible, no dejaba que nadie entrara en ese recinto porque según ella le gastaban las cosas; y es que para lograr tres comidas diarias debía combinar con mucho acierto la austeridad y el milagro. El milagro de tantas madres y abuelas en Cuba: cocinar cada día, mantener la casa y la ropa limpias, hacer habitable el hogar en medio de una pobreza extenuante que hoy raya en la miseria.

Mi abuela se tomaba el domingo libre, a veces iba a misa, siempre sola, y a veces nos llevaba de paseo a mi hermano o a mí. Le gustaba pasear, visitar la familia, mirar las tiendas vacías que aún conservaban algo de su antiguo esplendor.

Cuando me fui de Cuba sabía que no la vería más. El día que murió no pude evitar la amarga sensación de haberla abandonado. Me cuenta mi madre que pasaba los días rezando un libro de oraciones que le compré en el Cristo del Buen Viaje. Mi madre, más de una vez le preguntó por quién rezaba y siempre le decía que por los niños. Rezaba por nosotros, dispuesta a cuidar de los demás hasta siempre.

Las últimas veces que hablé con ella noté que estaba lúcida, que la voz le brillaba como los ojos.

En Madrid siempre extrañé­ los olores de Cuba y alguna vez soñé un aguacero. Ahora, en Miami, redescubro los olores de mi niñez que los patios guardan y en el cantero de casa también hay cintas y helechos, tampoco falta el sacramento, al menos para mí, de la mata de orégano.



lunes 16 de julio de 2007

ETA rompe la tregua

Por Eduardo Mesa

Cuando España mandó tropas a Irak las turbas comenzaron a gritarle asesino al presidente. Después vino el desastre ecológico del Prestige y ante el derrame del crudo, otra vez se escucharon los gritos. Asesino, asesino: le gritaban con furia al presidente Aznar, acaso algún chamán de la izquierda española había vaticinado la matanza de Atocha y los muchachos de la calle Ferraz sabían a quien culpar.

Pobre presidente, le gritaron sin merecerlo y todavía le gritan. Aznar, el hombre que trajo prosperidad, que gobernó a España con firmeza pero respetando escrupulosamente la democracia, el hombre que acorraló a ETA, que desafió a los nacionalismos de ficción que dividen a España, le ha tocado pagar un alto precio por su coherencia y su carácter.

Vivimos en un tiempo en que el carácter es algo ajeno a los políticos. El carácter no consigue votos y los políticos se parecen cada vez más al relaciones públicas de una tienda por departamentos. Rodríguez Zapatero, el actual presidente español hace gala de una sonrisa inexpresiva, vacía; el pudo ser un funerario exitoso o el gerente del Corte Inglés de Goya, pero escogió meterse en política y ahora gobierna a España, pacta con los terroristas una tregua fantasma y nadie le grita asesino.

En España los socialistas son muy consentidos, se les permite casi cualquier cosa. Ellos han negociado muchas treguas con ETA y saben que no hay tregua, que los terroristas no quieren la independencia, sino el sometimiento de la sociedad y la disolución del Estado Español. Saben que no lo conseguirán en las urnas y recurren al chantaje y al habitual cóctel de pólvora y de sangre.

En España los ciudadanos pagaban para recibir un tiro en la nuca. Batasuna, el partido al servicio de ETA y toda su órbita, se beneficiaba de los impuestos que pagan las víctimas. Batasuna contribuía con información, dinero, refugio, armas, contactos y aseguraba representatividad para la causa etarra en el territorio español y en el extranjero. El gobierno de Aznar hizo valer las leyes y Batasuna fue ilegalizado y comenzó el ocaso de ETA y parecía que la pesadilla iba a terminar.

Pero los socialistas, tan generosos con el dinero ajeno, han tejido en el tiempo alianzas poderosas y controlan la tupida maraña de un funcionariado que incluye mandos de la policía, la guardia civil, el Centro Nacional de Inteligencia y otros espías y videntes que pululan por las cañerías de Ferraz. Por eso sabían a quien culpar por la matanza de Atocha -nadie conoce mejor la eficacia del miedo que la izquierda- y el gobierno de Aznar, instalado en la suficiencia del que ha hecho bien las cosas, era un gobierno ciego, que veía por los ojos de otros.

Pobre España de gobiernos ciegos. Ahora resulta que los mensajes de esta tregua, de este proceso de paz curricular llegaban a la pandilla etarra a través de oficiales cubanos. Ellos revisaban la sintaxis de Rubalcaba, pulían su estilo.

A Zapatero, el hombre de la sonrisa estática, no le alcanzan los fontaneros de Ferraz, ni los leones de Felipe para sus acrobacias y necesita los amanuenses del castrismo.

ETA rompe la tregua, casi me hecho a reír cuando lo supe, pero me duele España.

jueves 5 de julio de 2007

La Iglesia en Cuba II

Por Eduardo Mesa

Escucho en la radio una desafortunada comparación entre las Conferencias Episcopales de Cuba y Venezuela, lamento que perdamos el tiempo en comparaciones estériles.

En las últimas semanas varios obispos venezolanos, han denunciado el carácter totalitario del chavismo. Ante el cierre de Radio Caracas Televisión los obispos alertan a los chavistas, a la oposición y al pueblo venezolano en general del peligro que encierra la radicalización del llamado Socialismo del Siglo XXI.

Los obispos cubanos, a lo largo de estas cinco décadas, también han denunciado al régimen castrista, si alguien lo duda puede consultar el libro titulado “La voz de la Iglesia en Cuba, 100 Documentos Episcopales”. El impacto de estas pastorales que han intentado iluminar las conciencias de los católicos cubanos se puede analizar desde varias perspectivas y merecería la pena hacerlo con el detenimiento que el asunto merece. No obstante, las denuncias de aquellos pastores que afrontaron el advenimiento del castrismo no consiguieron impedir la implantación, ni la radicalización del mismo.

No soy tan optimista como algunos y rezo porque Chávez no logre el control totalitario al que aspira. Es cierto que la sociedad venezolana todavía no está totalmente paralizada por el terror; tampoco lo estuvo la sociedad cubana en los primeros años de Revolución y buena cuenta de ello lo dan los millares de presos políticos y la cifra de los que murieron en el paredón o en combate: todos pagaron un alto precio por su lucha. Esperemos que el chavismo no llegue a tanto.

Las sociedades que terminan secuestradas por un régimen de inspiración leninista son, en muy poco tiempo, paralizadas por el terror. En ellas los pronunciamientos eclesiales o civiles poco pueden hacer. Lo comprobé de manera definitiva cuando salió a la luz la Carta Pastoral “El Amor todo lo espera” que al ser respondida de un modo furibundo por los medios oficiales alcanzó una imprevista notoriedad, fue tal la magnitud del interés popular que sorprendió al régimen y a la misma Iglesia. Este mensaje, ampliamente divulgado, concitó la atención de los cubanos y generó una gran expectación., no sabemos como influyó en las conciencias de aquellos que lo leyeron pero hasta donde me fue posible saber no provocó ningún levantamiento popular.

Tengo, por otra parte, el convencimiento de que la lucha no violenta de los opositores cubanos, muchos de ellos jóvenes, está en gran parte inspirada en los valores del Evangelio. Así lo confirman las actitudes y gestos de la mayoría de ellos.

Y yo me pregunto: ¿ Ejercería tal influencia el Evangelio en los opositores cubanos de hoy si la semilla no se hubiera sembrado, si la Iglesia no hubiera mantenido contra viento y marea sus catequesis, su misión puerta por puerta, su prédica incesante? Qué bueno que Ia Iglesia cubana ha anunciando a Cristo a tiempo y a destiempo, Él es la auténtica libertad, su seguimiento, la verdadera liberación.

Es una pena que nos empeñemos en establecer comparaciones poco afortunadas, Cuba no es Venezuela, ni Polonia y si no los cubanos seríamos otra cosa distinta a lo que somos. En el arte de sacudirse una dictadura se pueden aprovechar las experiencias de otros pero no hay recetas pre establecidas.

La Iglesia cubana no debe ser comparada con nadie, nada tiene que demostrar. Sobrevivió con dignidad en los tiempos peores, cuando fue barrida de la vida cotidiana del pueblo cubano y de la historia. Eran los tiempos en que la tiranía, por miedo, simpatía u omisión, contaba con una amplia base popular. Esta Iglesia logró reconstruir una institución que había quedado en ruinas y a partir del Encuentro Nacional Eclesial Cubano (E. N. E. C.) celebrado en 1986, abandonó la pastoral de conservación que la había caracterizado para asumir una creciente actividad evangelizadora y humanizadora de la sociedad cubana.

Me gustaría citar este breve fragmento del discurso inaugural del Encuentro Nacional Eclesial Cubano (E.N.E.C.) que estuvo a cargo de Mons. Adolfo Rodríguez y que define con claridad las prioridades de la Iglesia cubana durante los últimos 20 años: “No aspira nuestro E.N.E.C. (nuestra Iglesia) a una reconquista de poderes, a un rescate de posiciones, favores o privilegios para la Iglesia. La Iglesia no quiere otra cosa que el espacio necesario para cumplir su misión; para dar también su juicio ético, moral, no político, aún sobre problemas no estrictamente religiosos, pero sí humanos, lo cual no constituye un privilegio sino un derecho y un servicio: el derecho que tiene el hombre a recibir la palabra de Dios y a iluminar toda su vida con la luz de esa Palabra. (…) La Iglesia, en fin, espera que la fe deje de ser aquí un problema, una debilidad o un diversionismo ideológico; y que el futuro no se parezca al pasado.” La razonable mesura de las palabras de Mons. Adolfo Rodríguez no ocultan la firmeza de su reclamo.

La Iglesia en Cuba, fiel al Evangelio ha ido consiguiendo y agrandando espacios, sin contraer compromisos con el régimen que la desprecia y que intenta de forma permanente constreñirla al ámbito exclusivo del culto. Es cierto que no dice, ni hace las cosas como muchos quisieran, pero hace lo que por mandato de Jesús tiene que hacer, hace lo fundamental y lo hace bien.

Para que el futuro no se parezca al pasado aprovechemos mejor el tiempo. No dejemos que el mal nos convoque a la crítica facilona o amarga, él conoce nuestro dolor y está alerta.

viernes 22 de junio de 2007

Finca de Peñalver

Por Eduardo Mesa

Llega el calor, es el mismo calor de esos días en julio y agosto en que se celebraban las Convivencias de Verano que comenzaron en Guanabo y después se llevaron a la Iglesia del Carmen. Posteriormente se trasladaron a la Finca de Peñalver en Guanabacoa.

Yo participé en estos encuentros cuando se hacían allí, en la Finca de Peñalver, una casa atendida por las hermanas salesianas que fieles a su vocación nos acogían. Era un fin de semana una vez al año, pero te cambiaba la vida. Una experiencia de fraternidad, formación y oración que te fortalecía y motivaba.

En las Convivencias hicimos amistades duraderas y varios matrimonios cristianos salieron de aquellos encuentros. Éramos pocos y la Iglesia encontró la forma de que no nos sintiéramos solos. Además de tener momentos fuertes de oración, disfrutamos de ponentes de muy buen nivel, la formación que se impartía en esos días era más sólida de lo que sospechábamos.

Años más tarde, estando en las Pastoral de Jóvenes Trabajadores, me tocó preparar Convivencias con mis hermanos del equipo diocesano. Además de crear los contenidos y buscar las dinámicas apropiadas había que conseguir comida y transporte. Fueron varios veranos agotadores porque con los rigores del Período Especial la logística de aquellos encuentros se “resolvía”, muchas veces, en los últimos momentos. Valió la pena tanto trabajo, lo percibo hoy, cuando examino mi vida y veo con claridad el bien que me hicieron aquellos encuentros.

Una semana antes de irme de Cuba regresé a la Finca de Peñalver, ahí estaban las monjas, vestidas de blanco, con los hábitos inmaculados a pesar del trabajo diario. Repasé con la vista los albergues, la cancha de baloncesto, el comedor, los espaciosos pasillos con sus sillones que te invitaban a la conversación y al descanso. Ahí estaba la Capilla con su San Juan Bosco y su María Auxiliadora grande, que habían sido rescatados de algún colegio que les quitaron y entonces en silencio me despedí de mucha gente, de un tiempo generoso que siempre me acompañará.

A veces, en la noche, cuando mi esposa y yo aprovechamos para hablar un rato, concurren esos días que allí disfrutamos, y con frecuencia, la conversación se apasiona y nos sorprendemos discutiendo otra vez alguna cosa que discutimos ya, cuando teníamos diecisiete o dieciocho años y no podíamos imaginar tanta bondad recibida.

Entonces, descubro que afortunadamente aún vive lo que fuimos, que aquellas Convivencias no fueron un evento más en nuestras vidas, que debía quejarme menos porque he tenido, en medio del espanto, mucha suerte y algunos privilegios que no merezco.

Ojalá podamos regresar un día a la Finca de Peñalver y juntar allí a nuestros hijos y podamos contarles que con unas libras de arroz, espaguettis y unas latas de spam pasábamos tres días celebrando la vida y nada teníamos y nada nos faltaba.

En la capilla que trasluce el campo, que deja ver las palmas, en otra eucaristía volvamos a encontrarnos. Ojalá, algún día.

martes 5 de junio de 2007

América Latina: el cansancio de la espera

Por Eduardo Mesa

Viví en en España por varios años y siempre experimenté cierta perplejidad ante la fascinación que una buena parte de los españoles siente por el Partido Socialista Obrero Español (P.S.O.E.) Un partido al que de obrero le queda muy poco y que gobernó a España dejando un nefasto record de corrupción, abuso de poder, paramilitarismo, grave déficit en las arcas públicas y un alto índice de desempleo.

Experimento la misma perplejidad ante el deslumbramiento que hoy experimentan amplios sectores de América Latina por el llamado Socialismo del Siglo XXI y su máximo exponente el Chavismo.

¿Por qué los españoles votan por el P.S.O.E. con tanta facilidad? ¿Por qué los latinomericanos persisten en la idea de implantar un sistema que ha fracasado estrepitosamente incluso en la propia América Latina?

La explicación es compleja, pero en ambos casos, hay algo que es evidente: los seres humanos perdonamos casi todo menos la humillación. La humillación genera un profundo resentimiento, que se convierte con el paso de los años y de los siglos en un odio terrible. Las cien fortunas más grandes de España son más o menos las mismas desde hace 70 años, la imagen del señorito de feudo y abolengo todavía está presente. Es verdad que España no es la misma de antes, que es un Estado moderno y democrático donde la gente vive cada vez mejor; pero el fantasma de una derecha rancia, poseedora del linaje y de todos los bienes es un fantasma útil para la izquierda, hay una herida aún fresca en la memoria colectiva de España.

En Latinoamérica, donde la humillación no es aún memoria, sino algo cotidiano y evidente no debemos extrañarnos de que se entronicen en el poder sujetos como Chávez, Morales, Ortega y Correa. Los latinoamericanos se han cansado de esperar por una clase política ajena al bien común, de unos sistemas políticos que no sirven a sus ciudadanos y de unas oligarquías instaladas en el más absoluto desprecio a su propia gente.

La realidad indica que mucha gente está perdiendo la paciencia y el neopopulismo está ganando adeptos, no sólo en las franjas más pobres sino en un contingente de profesionales y técnicos que deben padecer unas sociedades con muy pocas oportunidades de ejercer sus profesiones y escasa capacidad de estimular la iniciativa privada y la empresa.

Salvo las notables excepciones de Chile y Costa Rica, el panorama de América Latina es desolador. La Iglesia no puede ser ajena a esta realidad y Benedicto XVI ha expresado en el Santuario de Aparecida su preocupación ante el retorno de autoritarismos e ideologías que se consideraban superadas.

No le falta razón al Santo Padre, algo ocurre en una América Latina que no acaba de encontrar el sendero de la prosperidad y la paz social, algo que también concierne a la Iglesia Latinoamericana. Recuerdo una .encuesta que el CELAM dio a conocer hace algunos años, ésta revelaba que la mayoría de los políticos del continente había estudiado en colegios privados (fundamentalmente católicos) y la mayoría de los obispos había estudiado en colegios públicos. Algo muy grave ocurre cuando la fe de tantos millones de católicos no tiene el impacto y la influencia que cabría esperar.

El Papa, como buen filósofo, deja a un lado la hojarasca para acercarse al meollo del asunto. Para que existan sociedades justas tiene que haber en la ciudadanía un consenso moral sobre los valores fundamentales y sobre la necesidad de vivirlos. Tiene que haber cierta capacidad de colocar estos valores por encima del interés personal. "Donde Dios está ausente –el Dios del rostro humano de Jesucristo- estos valores no se muestran con toda su fuerza, ni se produce un consenso sobre ellos."

Los latinoamericanos tenemos que buscar a Dios, dejar que Él venga a nosotros; sin una conversión profunda no habrá una regeneración moral en nuestros países. De nada vale ensayar métodos keinesianos o liberales, si nuestras vidas están separadas de nuestra fe; si no podemos confíar mínimamente en los políticos, en los jueces, en los funcionarios, en los policías. En la conformidad con un Macondo perpetuo, el llamado continente de la esperanza será, cada vez más, el continente de la desesperación.

No es cuestión de seguir culpando al capitalismo, de endilgarle adjetivos como salvaje o monopolista y desconocer que ese capitalismo, a pesar de sus graves defectos, funciona en otras latitudes debidamente enmarcado por las leyes y las instituciones. Tampoco resolveremos nuestros problemas culpando permanentemente a Estados Unidos o a Europa de nuestros males. Ni siquiera emprendiendo una cruzada contra el neopopulismo de Chávez y sus secuaces, que ciertamente secuestran las libertades al amparo de falsas promesas, vamos a conseguir resultados duraderos.

La gente se cansa de esperar y quiere algo a cambio. No podemos reinventar nuestros países todos los días. No somos tan especiales, ni originales; más que perder el tiempo en inventar la fórmula del éxito, bien podemos copiar las fórmulas que existen, las que han traído prosperidad y paz social a Chile y a treinta o cuarenta naciones más. La Iglesia Latinoamericana tiene una buena oportunidad de promover y proclamar un cambio de actitud en nuestros pueblos, una revolución silenciosa hacia la honradez, la coherencia y el sentido común. Cuando digo la Iglesia digo todos.

miércoles 23 de mayo de 2007

La última batalla

Por Eduardo Mesa

De un tiempo a esta parte la omniprescencia de Castro se ve limitada a unos esporádicos artículos en Granma. El gran timonel de la revolución dicta sus notas a algún amanuense o viceversa. Castro camina el tramo final de su existencia como teórico del etanol y del socialismo de mercado.

Posada, su enemigo jurado, queda libre. El viejo samurai, ahora exhausto, no renuncia a librar su última batalla, tiene el tiempo en su contra y la arena pierde toda esperanza de presenciar el duelo.

Castro me cansa desde siempre, sus peroratas se robaban el poco tiempo de música y películas en la televisión. Cuando explotó el avión de Barbados yo era un niño pero recuerdo aquel discurso porque en mi casa nunca los ponían y ese día lo pusieron.

Posada no es mi héroe -no me gusta la violencia, el ineludible tributo de sangre-, aunque respeto su trágica obstinación, su voluntad de cuajar la venganza o la justicia.

Castro, en el infierno consumaría su papel de víctima. Yo le deseo un limbo de cordura casi eterno, con un espejo y una mecedora.

Posada, como todos, tendrá un juicio justo.

Todavía no están muertos, participan de este eterno presente augurando su ausencia. Ya no sientan guerreros en su mesa, ya no hay hombres dispuestos.

En la antigüedad los jefes valerosos luchaban frente a sus ejércitos, la caída de alguno daba fin a la batalla. Castro de algún modo ha caído, las plañideras lloran en torno a su cadáver político, nunca fue valiente pero su temeridad lo ha dotado de una leyenda.

Posada, aún conserva el aliento del jefe valeroso, pero la armadura no encaja en su cuerpo de anciano.

A veces la paz llega sola, hay batallas que sólo terminan con la muerte de los guerreros y la tierra se cubre de flores y de pájaros.

jueves 10 de mayo de 2007

La Iglesia en Cuba

Por Eduardo Mesa

Cuando alguien vive en Cuba y se compromete con la Iglesia Católica enseguida se convierte en un enemigo más o menos tolerado, alguien a quien el gobierno no quiere, excluye y reprime de una forma sutil y selectiva

Esta experiencia es común a cualquier católico cubano, así viven los laicos, las religiosas, los sacerdotes y los obispos. Mons. Adolfo Rodríguez definía con acierto esta atmósfera de tensión permanente: la Revolución comprende que ha fracasado en su intento de eliminar la religión, ahora se preguntan en qué fallaron, revisan la metodología y tratan de hallar la estrategia correcta para eliminarla, todo esto en vez de preguntarse por qué la fe es consustancial al género humano.

Con cierta frecuencia aparecen en los medios de comunicación opiniones sobre la Iglesia cubana, uno de los temas preferidos por algunos de estos observadores es el perfil de los obispos cubanos, así vemos análisis que pretenden establecer quiénes son los conservadores y los progresistas, los que luchan contra el gobierno y los que servilmente se pliegan a sus decisiones, estableciendo una caricaturesca clasificación de obispos buenos y valientes ante los obispos malos y cobardes. Siento que este tema se trate con tan poco rigor y que pierdan la mesura y el sentido común personas que demuestran sagacidad en otros asuntos.

Se suma a esto que desde hace unos años se viene dando un paulatino relevo en la Conferencia Episcopal Cubana, relevo rutinario que obedece fundamentalmente a razones de edad pero que ha contribuido a alimentar la teoría de una "conspiración vaticana" que prentende sustituir a los obispos "sociales" por otros, más moldeables y afines al régimen. El que conozca un poco sobre la vida de la Iglesia en Cuba sabe que esto no es serio.

Intuyo, que muchas de las elucubraciones que circulan en torno a la vida de la Iglesia cubana obedecen a esa necesidad de vaticinio que es inherente a la mayoría de los seres humanos, pienso que no son necesariamente malintencionadas y que en ocasiones, la tradicional reserva de la Iglesia contribuye a dar crédito a estos informadores.

No obstante, me gustaría comentar algunos aspectos positivos que sucumben en la crítica desmesurada, que se soslayan o que se suelen juzgar con excesiva severidad llegando a transmitir una imagen, cuando menos distorsionada de la realidad eclesial cubana que conocí y que no ha sufrido grandes modificaciones en mis pocos años de exilio.

1- La Iglesia es el único lugar donde las personas pueden encontrar consuelo espiritual y algún soporte emocional ante la desesperanza y la habitual escasez de las cosas más elementales.


2- La Iglesia es el único espacio de libertad que no ha sido secuestrado por el régimen: a excepción del núcleo familiar más intímo, no existe otro ámbito donde las personas puedan crecer en dignidad. No existe otro ámbito donde las personas puedan ensayar la sociedad civil y prepararse para participar en ella. Este ensayo de sociedad civil se realiza de un modo más o menos evidente en todas las diócesis de Cuba.


3- La Iglesia no tiene poder de mediación ante las autoridades cubanas porque estas autoridades nunca han deseado que la Iglesia intervenga en ningún aspecto de la vida pública. La Iglesia sólo tiene un canal de acceso al gobierno de Cuba en la persona de la Responsable de Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido, esta persona no tiene siquiera rango de ministro, es un recadero cualificado que como la mayoría de los funcionarios cubanos no se atreve a tomar ninguna iniciativa.


4- La Iglesia, aunque tiene muy limitado acceso a las cárceles, tiene una pastoral de prisiones que funciona a nivel nacional y que trabaja sistemáticamente con los familiares de los presos, sean estos políticos o comunes. También desarrolla desde la aparición del SIDA un trabajo pastoral sistemático con estos enfermos


5- La Iglesia en Cuba ha contribuido a conservar y atesorar valores distintivos de nuestra cultura, casi siempre a contracorriente de las múltiples ofensivas ideológicas.


6- La Iglesia es la única institución independiente que funciona a lo largo y ancho de la Isla, de forma organizada y con un liderazgo visible.


7- La Iglesia, además del trabajo pastoral que le es propio, desarrolla una invaluable promoción humana. Esta promoción humana se concreta en infinidad de pequeños proyectos que no son eminentemente religiosos y que constituyen un servicio a la sociedad cubana en general.


8- Los obispos, sacerdotes y religiosas son altamente apreciados por sus fieles y tienen autoridad moral ante el pueblo.


9- Los obispos, que gobiernan sus respectivas diócesis de forma independiente y autónoma, asumen de forma colegiada desafíos y prioridades comunes; discrepan, como es natural, en muchas cuestiones que no atañen a la moral, ni a la doctrina, ni a las buenas costumbres pero ponen especial cuidado en testimoniar su unidad, en no dejar resquicio alguno. Son conscientes de que viven en un régimen comunista, hostil por naturaleza a la religión y a cualquiera de sus manifestaciones.


Esta Iglesia que es cuestionada dentro de Cuba porque hace más de lo que las autoridades cubanas quisieran y criticada desde fuera por hacer menos de lo que muchos desearían está atrapada en una encrucijada que la enaltece. Por una parte, no puede exhibir, ni publicitar sus logros, esto molestaría a los gerifaltes de línea dura de Partido Comunista y esos espacios que tanto ha costado conseguir, peligrarían. Por otra, esta obligada discreción le hace parecer a los ojos del exilio como una Iglesia apocada, sin iniciativa, ni proyección evangélica.


La Iglesia cubana es una Iglesia profética, que anuncia la Esperanza del Resucitado a todos los cubanos. Una Iglesia que a través de la historia ha denunciado las injusticias, aunque evite el enfrentamiento constante con un estado todopoderoso que no duda en usar su poder. Una Iglesia que prefiere construir y fundar antes que desafiar. Una Iglesia que trabaja por un cambio más profundo que el sólo cambio de los poderes establecidos.

(Publicado en el Suplemento "En Comunión" de la Voz Católica y ACI PRENSA)

lunes 23 de abril de 2007

Las mariposas que hablan bajito

Por Eduardo Mesa
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Mi hijo me cuenta que las mariposas hablan bajito, que las abejas hablan alto y yo le pido a Dios que me dé tiempo para seguir aprendiendo de su inocencia. Hoy, cuando probablemente el tirano agoniza, yo prefiero pensar en el futuro que pasa por los ojos limpios de mi hijo que no tendrá que aprender a mentir.

Un niño de mi generación, no podía repetir lo que escuchaba en casa, lo bueno era malo, lo malo era bueno, y en esa partida terminó ganando lo que convenía decir, un ejercicio de supervivencia que embota la libertad hasta dejarla inerte. Un niño no debe soportar el peso de unas verdades "que no se pueden decir", ningún niño debe ser entrenado para tener dos vidas, dos respuestas, dos caras.

Recuerdo cuando me enseñaron en la escuela que sólo éramos materia evolucionada, una materia sin antes ni después. ¿De qué vale vivir si venimos de la nada y vamos hacia la nada? No sé cómo le pueden enseñar estas cosas a un niño, un niño sin esperanza es un hombre enfermo.

Llegó la adolescencia en el "paraíso socialista" que se pretendía eterno, un paraíso sin alternativas, sin espacios, el lugar ideal para que las familias y las personas se fragmenten como granadas de película rusa. Yo pensaba que alguien vendría en mi ayuda y mi padre se atrevió a hablarme por primera vez de Dios, lo hizo como un acto de clandestinaje, como quien ensaya un remedio con poca fe. La mención de un Dios abstracto, que ahora me convenía conocer, no podía salvarme.

De aquellos años tengo una sensación de cansancio, de calor sofocante, de días que amanecen en vano. Es un tiempo que no tiene cronología, porque el dolor no se ajusta a medidas de espacio-tiempo. Una vida sin futuro y sin presente, esperando a salir de Cuba todos los años, todos los meses, con la ingenuidad de que la familia podía empezar otra vez. Sin capacidad de concentración en ningún estudio fue también una época de expulsiones y rebeldías.

He hablado alguna vez de estas cosas, pero es la primera vez que puedo escribir someramente de ellas, aún así estas palabras sólo son un esbozo, un tímido acercamiento a una zona oscura. A pesar de todo, en el fondo de mi existencia me aferraba a la esperanza de que algo bueno iba a suceder; entonces vino Dios a mi encuentro, no era una nueva conveniencia, ni un escape, era algo diferente que me empujaba a vivir.

Si me preguntaran por lo mejor de mi vida hasta aquel momento, tendría que decir que es el encuentro con Dios en la Iglesia Católica. Una Iglesia que tenía los brazos abiertos en un tiempo de gracia. Mucho se debate sobre el papel de la Iglesia en Cuba, sobre sus cartas pastorales, su compromiso social o su profetismo, yo puedo escribir de estas cosas como uno más, pero no puedo olvidar que la Iglesia es la parte visible de una roca donde me aferré para vivir una vida más digna. La Iglesia en Cuba anuncia la Esperanza en un lugar que muere, yo vivo porque mucha gente escogió anunciar esa Esperanza, ofrecer su vida y no es una exageración decir que a muchas de esas personas yo les debo la mía.

Han pasado más de veinte años desde que me acogieron en la iglesia de Reina, dedicada al Sagrado Corazón de Jesús, en estos años han sanado las heridas de muchos cubanos, el espíritu de aquellos eventos ha dado frutos, algunos de ellos son cuantificables, otros, los mejores, no lo son.

Mi hijos se divierten en la misa, son pequeños pero asocian la iglesia con un lugar en donde se está bien, ya saben de Dios y rezan en la mesa con nosotros, yo no tuve esa suerte y ellos la tienen. De niño yo veía las iglesias como lugares raros de los que nadie se atrevía a hablar. Pasaba por la iglesia de San Nicolás camino de mi escuela y me asomaba a las puertas entreabiertas y veía a la gente rezar, yo decía que era la casa de los locos, o no sé ahora si alguien me lo dijo. Tuve que crecer y buscar mis propias respuestas hasta llegar a una "casa de los locos" y atreverme a entrar.

Mis hijos, con el favor de Dios, no tendrán que pelear tanto para existir, ellos son el futuro, y yo veo la vida en sus ojos limpios. En estos días de incertidumbre mi hijo de tres años parece decirme que escuche a Dios en las mariposas que hablan bajito y en las abejas que hablan alto.

viernes 13 de abril de 2007

Las palomas

Por Eduardo Mesa
www.lacasacuba.com

En el vecindario nadie recuerda quién trajo la dichosa costumbre de criar palomas. Balcones y azoteas constituyen los estratégicos soportes para las cajoneras, ahí se guardan los “bichos”, los “monstruos”. Los "bichos de cría" se mantienen casados la mayor parte del tiempo, ellos dan los pichones que al año ya están al robo. Hembras abiertas para robar los machos, machos al robo para traer hembras, pero a veces no basta que un animal bien entrenado traiga a su ocasional consorte, el palomero tiene que ayudar a que la hembra entre; en esta ayuda se evaporan los turnos de clase y las jornadas laborales se espantan. En el afán de “partir algo” comienzan las acrobacias, el bicho hace lo suyo pero la habilidad del palomero cuenta, saltar sobre el vacío de algún respiradero, correr por las cornisas, a menudo se estremece el suelo porque cayó una maceta y a veces porque cayó un muchacho.

En el barrio todos estaban para partir al palomo azul de barras negras, cogerle a Evelito su animal era una suerte de consagración, además el azul no da tregua, por cada tarde que sale a volar hay una hembra en la buchera. El azul no coge celo, se pasea por tu palomar, no cae en las trampas, no entra por las gateras, al fin algo se lleva.

Todo fue bien hasta que empezaron a caer una tras otra las hembras de los Cumbá. Nadie se atrevía con el palomarcito de estos negros porque eran muchos; los cuatro hermanos tenían su historia y nadie quiere complicarse tanto, pero Evelito también vivía lo suyo, un tatuaje en la mano, un colmillo de oro...

Las tardes de julio son excesivamente calurosas, parece real la fragmentación del concreto, los bodegueros tratan de escapar y el mostrador en cotidiana burla se ensancha un poco más, la calle es crónica de cotidianas tragedias y el sol se ríe de la ingenua resistencia del asfalto. Evelio y los Cumbá llegaron al unísono, contaban con la imparcialidad de los transeúntes, era el barrio, nadie podía meterse.Los Cumbá eran cuatro, había que emparejar; a ambos lados de Evelito se situaron Chachi Bencomo y Luis el pelotero, iban a transitar por los senderos de sus propios destinos. Cuando terminen, la ley los tratará de a hombre.

No había cuadre, se intercambiaron los insultos de siempre, las palomas no se devolverían. Los Cumbá dejaron de reclamar lo suyo, querían otra cosa. Evelito lanzó el escupitajo, se fueron a las manos, de las manos se fueron a las piedras... Alguien bajó del solar con un bate, una manguera, una cadena, no querían parar. Se dieron con sus vigorosos dieciocho o diecinueve años, pocos para darse tan duro. La policía llegó cuando debían llegar las ambulancias, la madre de Evelito, asustada, traía varios carnets de identidad en las manos.Al mayor de los Cumbá se lo llevaron inconsciente, un ojo le colgaba, se veía feo el negro, más que feo. Se podía decir que estaba muerto. A Luisi el pelotero le dieron un batazo, salió con la clavícula zafada - que ironía- le dieron con un bate al pelotero. Los demás, bien magullados, irían a entretener al personal de Emergencias.

Para las palomas nada es más importante que el cielo. La tarde se disfraza de tonos rosas, de pausados violetas, el barrio ha cambiado, hay puertas cercenadas, verjas que subrepticiamente cambiaron de lugar: aventuras de nuevos dédalos, esta vez naturales de Guantánamo. El barrio no es el mismo, la ciudad no es igual, es verdad que puedes besarla si se te antoja, pero peligras bajo cualquier balcón, aún así te imantan a sus fachadas los viejos edificios casi en ruinas y no deseas marcharte porque allí nadie es nadie y sin embargo, todos te conocen y te saludan.

A la madre de Evelio en tanto ir y venir se le torció el tobillo, "voy a la Unidad" me dijo y era tan lastimoso su estado que venciendo mi fobia policial la acompañé. Evelito y Chachi quedaron detenidos, Luis el pelotero debía esperar por el ortopédico de guardia. Mal de muchos, consuelo de tontos, pero al mayor de los Cumbá sólo le queda esperar por el forense, no hay remedio, el muerto, muerto está... Sus hermanos se recuperan en una sala del hospital, ya saben y callan.Por casi media hora esperamos al oficial de guardia, apareció secándose el sudor y se dirigió a la carpeta. En la Unidad hay que hablar despacio, mover poco las manos; entregamos los carnets y el oficial quiso saber quién comenzó la bronca; la madre de Evelito le explicó, nunca nos miró a la cara. Por suerte otro oficial que estaba allí era del barrio y dejó que pasaran un jarro de café y los cigarros. La secretaria levantaba el acta, la palabra homicidio quedó escrita.

La madre de Evelito sacó de un maletín las palomas, aún así era bonito el azul de barras, era noble su color entre los mármoles grises de la carpeta, del mismo bulto salieron la ceniza buchirroja, la mosaica, la negra aliblanca, aunque atontadas se dejaron cortejar por el azul todavía entre mis manos. "Todo por esa mierda" comentó el oficial y por primera vez me miró a los ojos; la secretaria se rascó la cabeza y la madre de Evelito lloró. Yo mismo recogí las palomas, el acta concluída quedó en el mostrador de la carpeta, me acerqué hacia la puerta, el guardia de la posta me miraba, las fui soltando una a una, en el aire no tienen dueño y en el barrio se mata y se muere por ellas.

(Este relato lo publiqué hace años en la revista Espacios)

sábado 31 de marzo de 2007

En memoria de Osvaldo Mesa Morán


Por Eduardo Mesa

Me avisa el amigo José Ignacio Padilla que Osvaldo Mesa ha muerto. El cáncer, siniestro contrincante, le ganó la batalla de la muerte, no así la de la vida. La vida, esa hora presente que Dios nos da, Osvaldo la vivió intensamente.Todavía lo escucho defender con pasión sus opiniones en algún encuentro de la Pastoral de Trabajadores. Recuerdo que una vez lo invitamos junto a Aurora, su esposa, a una convivencia de jóvenes para que nos hablaran del matrimonio, queríamos testimonios de primera mano y fue buena aquella experiencia y desde ese día los estimé más.

De todos modos Osvaldo no contaba sus penas: su temprana "depuración" en el pre-universitario de Guanabacoa, su estadía en aquel campo de concentración tropical que fue la UMAP, su lucha militante contra la dictadura que lo llevó de nuevo a la cárcel, cumpliendo seis años de presidio político. No era dado a las quejas y sorteando muchas dificultades logró graduarse de ingeniero, optó por permanecer en Cuba y constituyó una familia y crió a sus hijos cristianamente y siguió luchando por la libertad desde el silencio. Fue una fe grande la suya, grande el convencimiento de que nada es más convincente que la rectitud de un testimonio, que no hay salvación sin cruz. Yo no le entendí siempre, pero ahora cuando escribo estas líneas, entiendo.

Todavía hay gente que dice que la Iglesia cubana precisa santos, precisa mártires, yo me pregunto cuántos. Osvaldo fue un apóstol de la esperanza, "si vivimos, vivimos para el Señor y si morimos, morimos para el Señor, en la vida y en la muerte somos del Señor" (Rom 14, 8). Jesús es la única esperanza, la mayor, la verdadera esperanza, Osvaldo lo sabía, no como se "saben y aprenden" las cosas, lo sabía desde dentro, desde una certeza profunda y sagrada que sólo se recibe como un don.

Desde hoy le pediré a mi hermano que interceda por nosotros ante Dios Padre para que nos ayude a sanar las heridas, para que reine la paz en nuestros corazones, para que renunciemos a cualquier violencia y confiemos en la justicia. Nosotros, que vivimos lejos de casa, que queremos caminar juntos y no sabemos cómo; necesitamos hoy de su intersección, es por eso que me apresuro a pedirla, yo sé que está mirando ya por nosotros, que no le importará tanta prisa.

viernes 23 de marzo de 2007

El fantasma de Markus Wolf

Por Eduardo Mesa
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Hace sólo unos días tuve la oportunidad de leer la autobiografía de Markus Wolf, jefe durante décadas del servicio de espionaje de la llamada República Democrática Alemana , los servicios de inteligencia Occidentales lo llamaban el hombre sin rostro, su identidad fue por mucho tiempo una incógnita y la eficacia de sus agentes llegó a convertirse en una leyenda.

Este excepcional protagonista de la guerra fría falleció hace poco. El testimonio que nos legó en su libro no es el de un hombre totalmente arrepentido, Wolf no reconoce el fracaso de la ideología comunista, se limita a reconocer digamos que errores de implementación. Se enorgullece de su Servicio Secreto, la poderosa Stasi que a tantos hizo temblar y reconoce que no tuvo escrúpulos, que el fin justificaba los medios. Sus adversarios Occidentales tenían límites, marcados por las leyes, por los controles parlamentarios y por la repugnancia natural que provocan algunos actos. Wolf se felicita porque estas “limitaciones” de sus adversarios le sirvieron para ganar más de una partida.

Esta lectura poco edificante coincide con la reciente denuncia de un ex agente de la KGB llamado Ion Mihai Pacepa , este señor explicó a la revista National Review Online cómo en los años sesenta el Kremlin y la agencia antes mencionada fraguaron una feroz campaña contra la Iglesia Católica. El principal objetivo de este plan fue el Papa Pío XII, que ya había muerto, y por tanto, no tenía derecho a replica. “Los muertos no hablan”, fue este el motivo que los decidió por el Papa Pacelli.

Debilitar el prestigio de la Iglesia ha sido la obsesión de muchos jerarcas comunistas y es por esto, que los servicios de inteligencia soviéticos con suma habilidad tejieron la leyenda negra del antisemitismo de Pío Xll, basándose en que éste fue Nuncio en Munich y Berlín. Para esto consiguieron documentos originales del Vaticano que fueron posteriormente modificados.

Estos documentos adulterados fueron utilizados para producir una obra de teatro que sustentaba la tesis de que Pío Xll había alentado a Hitler a realizar el Holocausto, dicha obra se estrenó en Alemania en 1963 y un año después en New York, con posterioridad fue traducida a 20 idiomas y la divulgación de la misma ha generado una abundante literatura que acusaba a Pío Xll de antisemita y amigo de los nazis.

Aunque la vida de Pío XII está documentada por más de un historiador y los archivos vaticanos han desclasificado toda la documentación referente a este pontífice, muchos seguirán creyendo, sin fundamento alguno, en esa calumnia. Ese es el poder del maligno, la mentira. La mentira que engendra la duda, una duda que en ocasiones acompañara de un modo injusto y para siempre a la persona que ha sido calumniada.

La labor de los servicios secretos del bloque soviético siguen dando de que hablar, en Polonia la forzosa dimisión del recién nombrado Arzobispo de Cracovia, por su colaboración con el régimen comunista, ha conmocionado a la nación polaca. El caso de monseñor Wielgus ha provocado ya la renuncia de otros sacerdotes presuntamente implicados con el antiguo régimen. Es éste, sin lugar a dudas, un momento de dolor para Iglesia Polaca que ha dado hombres de la talla del padre Popieluszko , el Cardenal Wyszynski y el mismo Juan Pablo II.

No obstante debíamos meditar sobre la veracidad de todo lo que aparezca en los archivos de esas antiguas agencias del terror, en qué medida esos funcionarios no tenían también que mentir a sus superiores para “cumplir” con las tareas asignadas. Los que hemos padecido un régimen comunista sabemos que la cadena de engaños y simulación es infinita, nada me invita a pensar que dentro de sus cuerpos policiales las cosas ocurren de otro modo.

¿Quién se beneficia con estas persecuciones, con esta obsesión de encontrar hasta el último culpable? En este sentido son esclarecedoras las palabras del P. Federico Lombardi, actual portavoz de la Santa Sede: “…es conveniente observar que el caso de monseñor Wielgus no es el primero y probablemente no será el último caso de ataque a personalidades de la Iglesia en base a la documentación de los servicios secretos del pasado régimen. Se trata de material abundante y, al tratar de medir su valor y de sacar conclusiones fiables, no hay que olvidar que fue producido por funcionarios de un régimen opresivo y chantajista.

“A tantos años de distancia del final del régimen comunista, ausente la grande e inalcanzable figura del Papa Juan Pablo II, la actual oleada de ataques a la Iglesia católica en Polonia, más que una sincera búsqueda de transparencia y de verdad, parece una extraña alianza entre perseguidores del pasado y otros adversarios, y una venganza por parte de quien, en el pasado, la había perseguido y fue derrotado por la fe y por el anhelo de libertad del pueblo polaco. “

Cuando termino de escribir estas líneas, un escalofrío me recorre el cuerpo, pienso en el mal, esa entidad intangible pero real, que siempre merodea, con peligrosos espejismos que nos alejan de la verdad y el fantasma de Markus Wolf, con cierto cinismo, sonríe desde lejos.

Entrevista al P. José Joaquín Espino

viernes 16 de marzo de 2007

En un bar de Madrid

los amigos sacuden la noche de los párpados
son cubanos
al emigrar se llevaron un traje
que pudo ser mantel o casulla
y no sabían abrir el cenicero en el avión
y rechazaron las raciones por si había que pagarlas
y al ver las luces de Madrid lloraron un mojito
porque la noche vive en el Malecón
y las camisas Azzaro

no valen para comerlo todo en un plato

los amigos que gustan de todas las mujeres
todavía no saben escoger ni comprar
esperan el amor que ha de venir
una razón que apunta a lo sagrado
y mienten en la pasión del aguafuerte
para escribir su destino en las paredes

son cubanos y buscan
una mujer que fue bandera
o fantasma de rara anatomía
una mujer como esta suerte circuncisa
como esta nación propia

son cubanos y son
amigos míos

El camino equívoco de la violencia

Por Eduardo Mesa
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Crecí con los cuentos de mi abuelo, un hombre duro con frecuencia irascible que sin embargo sentía un gran cariño por sus nietos. Mi abuelo participó de la violencia republicana, esa devoción por el revólver bajo la guayabera impoluta, esa idolatría por la violencia justiciera que tanto nos ha costado.

Él estaba preso en la Fortaleza de la Cabaña cuando estalló la revolución del 1933, en su galera conservaban el garrote vil en desuso, y meditaba el viejo sentado en tan macabra silla cuando llegó la orden de libertad firmada por Antonio Guiteras, él, como muchos cubanos de su epóca fue testigo de aquella furia que trajo linchamientos y barbarie.

Siendo un hombre maduro vivió el cuartelazo de Fulgencio Batista y el triunfo de Fidel Castro. Era teniente de la policía, cuartel maestre de la Cuarta Estación, tenía su propia crónica de aquellos horrores, su propia colección de héroes y villanos. Conocía mi abuelo los vericuetos del poder que se perdía y la revancha urgente de los vencedores, henchidos de la falsa ilusión de la justicia.

Mi abuelo me enseñó que nuestra historia, en multitud de aspectos luminosa, es también una historia de ajustes de cuentas. Nunca podré olvidar la soberana bronca que se formó en mi cuadra en los días del Mariel, cuando vinieron a pegarle a aquel repartidor de telegramas que nunca se metió con nadie. Con el tiempo supe que aquellos enfurecidos revolucionarios habían trabajado con él en otra empresa y le debían dinero, sus motivaciones estaban muy lejos del celo ideológico. Por suerte la gente de mi cuadra salió a defender a aquel pobre hombre y muchos vecinos quedaron detenidos al menos una noche.

Cuando se desata la violencia se suele tomar partido, es más que nada puro sentido de supervivencia. Decía Ernest Hemingway que el valor es una huida hacia adelante y ese es el peligro de llegar a situaciones extremas. No me considero un pesimista y creo que, a pesar de todo, entre nuestra gente prevalecerá el sentido común, pero ante un régimen que ha basado su éxito en administrar la fuerza con una eficacia difícil de superar y que confía ciegamente en el uso de la misma, cabe también esperar la violencia como respuesta. Cabe esperar el desahogo ante tantas decádas de humillación, ese daño moral que tanto cuesta perdonar.

Es por eso que conviene escuchar lo que al respecto dice la Iglesia en Cuba. Ella conoce el clamor intímo de un pueblo que no se expresa en encuestas ni marchas.

El Reino de Dios está cerca, dice el Cardenal arzobispo de la Habana, titula así su mensaje de navidad para el año que termina, mensaje de esperanza para el año que comienza. Ante un pueblo cada vez más triste el obispo se esfuerza por encontrar las palabras apropiadas, el tono cercano que preferimos y aprovecha esta navidad para animar a su pueblo, para decirles que recen, que pidan esa paz que tanto necesitamos.

En el mensaje la petición no se refiere exclusivamente a la paz del espirítu, también invita a orar por lo consecución de esa paz social ausente de Cuba desde hace decádas.

Sobre esta noche oscura, que comienza a vislumbrar luz, gravita la violencia endémica de nuestra historia, demonio a exorcisar con la abstención a cualquier exceso. Y el cardenal se extiende en una lúcida catequesis sobre la violencia como camino equívoco para cualquier fin y advierte “que para un cristiano no bastan para actuar las causas nobles o el bien subjetivamente u objetivamente considerado como urgente.”

La Iglesia que vive en Cuba es pueblo, conoce el clamor del pueblo, lo escucha y en Cuba todo el pueblo es creyente, quizás no es católico, ni santero, ni protestante ferviente pero cree y regresa cada año a sus santuarios y allí se abraza a la fe de sus mayores, a la esperanza profunda que cincuenta años de obcecado ateísmo oficial no ha podido arrancar. Los obispos cubanos han estado presentes en estas celebraciones y presienten la novedad del momento.

Ghandi decía que no hay camino para la paz, la paz es el camino. Puede que, a mediano plazo, tengamos a mano una preciosa oportunidad de recomenzar nuestra andadura como nación soberana, como persona nueva. Para esto tenemos que abstenernos de cualquier violencia.

La voluntad de reconciliación no contradice el justo reclamo de justicia, una justicia que ha de realizarse en el ámbito de la ley si queremos sentar las bases de una paz duradera en nuestra tierra. No obstante, si posponemos la voluntad de perdonar y el afán reconciliador hasta que se haga justicia corremos el riesgo de cierta frustración, todas las leyes y la minuciosa aplicación de las mismas no alcanzarán para juzgar el mal que se ha hecho.

Un amigo poeta escribió hace tiempo “ el que ha visto los regresos del mar sabe la Isla, sabe de su rencor tranquilo, de su crueldad marítima”. El Cardenal Ortega sabe la Isla, aquí y allá debíamos escucharlo, quiere evitar otro atolladero, el del camino más corto, el de la justicia rápida que entroniza a los déspotas y paraliza a los buenos, cuando comienzan a caer los inocentes.

jueves 15 de marzo de 2007

Esta gente que llega

Esta gente que llega
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Por las mañanas me acompaña la radio, no soy asiduo a ninguna emisora, voy buscando en el dial casi siempre noticias, así encontré que hablaban sobre un señor que estudió medicina y ahora canta. Resulta que este señor le deseó salud y larga vida a Fidel Castro, provocando una catarata de reacciones en los medios de comunicación. Hasta ahí nada nuevo, las opiniones que escuché expresaban una razonable irritación con el personaje, reprochándole esa frivolidad que suele acompañar a los oportunismos de cualquier especie, como les dije antes, nada nuevo en la ínsula.


No obstante escuché criterios que me sorprendieron, porque al enjuiciar la actitud del cantante enjuiciaban a todos los cubanos que viven en la Isla y especialmente a los recién llegados. Entre todas, hubo una llamada que me ensombreció el día, era la voz joven de una mujer que se expresaba con claridad y corrección. Ella, en síntesis, afirmaba "que los que están allá son comunistas, que los que nacen allá son comunistas porque se criaron en ese sistema y por tanto ese sistema les gusta". El moderador, después de intercambiar con ella algunas ideas, no logró que la joven matizara ninguna de sus afirmaciones, con la elegancia propia de las personas bien educadas, ella sostuvo sus opiniones sin perder el control.


Pasé toda la tarde haciendo un inventario de rostros y recuerdos. ¿Cuantos de mis amigos fueron comunistas alguna vez? Sólo recuerdo a dos, uno se deshizo muy pronto de El Capital , el otro es ahora oficial del Ministerio y al cabo de los años le tocó hacer de policía bueno en un remedo de interrogatorio.

No, si reviso los rostros, si palpo los recuerdos no hay nadie más que califique.

Es triste escuchar a personas así, personas como esta joven, que habiendo recibido todos los beneficios de la democracia no les tiembla la voz a la hora de etiquetar a otros seres humanos de forma tan categórica. Algo falla cuando dejamos que el dolor gobierne nuestras vidas, es cierto que son muy diferentes las vivencias de quien llegó hace cuarenta años y los que hemos llegado en los últimos tiempos, y en la valoración de esas diferencias pudiéramos emplear muchas cuartillas que no nos conducirían necesariamente a un mayor entendimiento. De nada vale que comuniquemos nuestras experiencias si no hay una mínima voluntad de escuchar, de acoger las vivencias del otro aunque sea un instante.

Hay mucho dolor a ambos lados del mar, hemos padecido durante mucho tiempo un régimen que desconoce y margina sistemáticamente la dignidad de las personas, un régimen que se regocija cuando caemos en la tentación de excluir o ningunear al otro, tomando un camino que termina por acercarnos a lo que tanto aborrecemos.

Nacer antes o después, aquí o allá, sólo es un accidente, un día, una estación que no escogemos. Es cierto que son muchas las diferencias pero no tantas como para olvidar que somos hijos de un mismo Dios, que tenemos una Patria, una Historia común. "Esta gente que llega" es nuestra gente, la responsabilidad por este tiempo largo y oscuro es de todos, no es justo que recaiga sólo sobre los que llegan o peor aún sobre los que allá permanecen.

Ojalá que algún día podamos mirar con misericordia a los que nos han hecho tanto daño. Ojálá que algún día no muy lejano, contradiciendo a Borges, bien podamos decir: hoy nos une el amor y no el espanto.

Evocación

Por Eduardo Mesa
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Hoy se celebra la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, recuerdo que me levantaba muy temprano y caminaba hasta la Catedral de La Habana, mi parroquia, para preparar las cosas y ultimar todos los detalles de esa celebración. En un día así es inevitable que recuerde a mi amigo el P. Salvador Riverón, que se paraba en el atrio para ver si estaban los bancos y candelabros en perfecta simetría, si la raída alfombra no dejaba escapar una curva. Un santo celoso de la geometría y de la Iglesia como de una novia, un obispo que muere joven y a muchos nos deja con el sabor de la horfandad.

Cuando llegué a la Catedral tenía dieciseis años y se acababa de celebrar el ENEC, es un recuerdo vago porque a veces me parece que fue un poco antes. No era el lugar que un joven escogería, iba muy poca gente y la mayoría eran esas viejitas que se han ido como caen los pétalos. Esas señoras que no se amedrentaron ante las bestias, rezaban un rosario, te regalaban una estampa y cuidaban la Fe; a mí rezar me parecía una pérdida de tiempo, pero ellas sabían que el tiempo de Dios es otro, y también rezaban por mí.

Allí crecí, crecimos, un grupo que nunca fue grande, que intentaba vivir en un ambiente de socialismo eterno. Recuerdo aquellas tardes de sillón con el parróco adusto, hablando de mil cosas que nos llevaban inexorablemente al tema de la Verdad, a la urgencia de la búsqueda, al Misterio, y después de tanta hondura yo me sentía el mismo, con las mismas miserias, pero puede la gota de agua horadar la roca y hacerle al menos una pequeña marca.

De aquellas tardes me ha quedado para siempre la alegría de un gran descubrimiento: yo podía ser, existía otro mundo al margen de ese mundo obligado. Ser en Cuba, existir en Cuba, y luego descubro que es difícil en todas partes, que a todos nos toca sufrir el anonimato, la indiferencia, la soledad y todo lo que ronda cualquier exilio; pero nadie, nada me puede quitar que respire profundo y diga: estoy aquí mi Dios, ante ti.

Hoy trabajé todo el día y me hubiera gustado ir a misa, hoy en la Catedral entonarán "Pueblo de reyes, asamblea santa, pueblo de Dios, bendice a tu Señor" y el turiferario esparcirá el incienso, y recuerdo que el Padre Salvador tenía guardado una cajita de incienso del Monte Athos para las grandes celebraciones, y se enojaba si lo ponían en una celebración ordinaria pero nunca se enojó tanto como el día que nos robaron el Copón del Sagrario con el Santísimo. Qué enojo y desesperación en aquel hombre tan comedido, que no podía recuperar de la necedad aquel pan consagrado.

El día que supe de su nombramiento como obispo auxiliar de La Habana me alegré mucho, al mediodía fui a felicitarlo y estaba contento, tenía luz en el sereno rostro. Nunca olvidaré su consagración episcopal y esa sensación que aquello que estaba sucediendo era algo que debía ocurrir y ocurría para bien. No me atrevo a preguntarle a Dios por qué le llamó así, tan duro, tan pronto.

Unos días antes de su repentina enfermedad y muerte, en el Primer Encuentro Nacional de Comunicadores Católicos el Padre pronunció una conferencia titulada "La Cuestión de la Verdad" y sin quererlo, dejaba escrito su testamento intelectual. Recuerdo que le regalé un temprano ejemplar de la Veritatis Splendor (El brillo de la verdad), porque yo regresaba de España y en esos día el diario ABC la había publicado, Juan Pablo II y él coincidían en la misma obsesión. "Si la libertad se transforma en un absoluto, si no está referida y subordinada a la verdad, desaparece como libertad y se convierte en arbitrariedad absoluta (...) es el imperio de la fuerza... ¨ Esas palabras de Juan Pablo II destacaban en su último esfuerzo pedagógico, pero antes las escuché en el aula y en el pulpito mil veces y regresan a mi memoria con asentimiento, tenía razón el párroco misericordioso, una razón que compruebo día a día y que me salva.

A veces sueño que estoy sentado en un banco de la Catedral en la tarde, cuando la luz cae desde los vitrales y se queda quieta en los bancos de caoba, va a comenzar la misa del martes o del jueves a las ocho, la misa de unos pocos y rezo al fin, como un día me enseñaron aquellas señoras que no perdían el tiempo. Todos los días le encomiendo a mi amigo, a mi párroco, que no me pierda de vista cuando salgo en el carro, casi siempre le digo: mira por los niños, que no sea nada la erupción, la fiebre, mira por nosotros, pon ante Dios estas cosas que me inquietan, que estemos bien, que no falte el trabajo, que se haga ( y ayúdame a aceptarlo) la voluntad de Dios.