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viernes 19 de marzo de 2010

jueves 18 de marzo de 2010

Lanzamiento de dos libros cubanos y pinareños

Lanzamiento de dos libros cubanos y pinareños
de Dagoberto Valdés Hernández y Virgilio Toledo López

Cuba: Hora ya de levantar cabeza.
Madrid: Editorial Hispanocubana, 2009.

La lesión antropológica y los derechos humanos en Cuba.
Madrid: Editorial Hispanocubana, 2009.

¿Cuándo? Miércoles 24 de marzo 2010

¿Dónde? Salón 2106

MDC-WOLFSON

300 NE 2da Avenida

(cruzando la calle del McDonald)


¿a qué hora?  7 p. m.

domingo 14 de marzo de 2010

El Carnaval de la Calle 8

Por Eduardo Mesa
http://www.lacasacuba.com/

Habrá personas que al leer estas líneas pensarán que estoy exagerando, que el Carnaval es un evento cultural que beneficia el empleo y el comercio, que a la gente le gusta salir a divertirse y está en su derecho de hacerlo, la vida no es sólo obligaciones y trabajo. Ese puede ser el sentir de muchos o de algunos.

No voy al Carnaval de la Calle 8 porque no tengo deseos de cumbanchear mientras en Cuba hay personas en huelga de hambre reclamando el derecho de todos. Prescindir de lo superfluo es lo menos que puedo hacer por ellos y por mí. Su sacrificio me recuerda que tengo el deber moral de ser solidario, de comunicar que sí me importa lo que les pueda ocurrir. Es verdad que siempre hubo presos, vejaciones, huelgas y nuestras vidas continuaban; pero la muerte de Zapata Tamayo, la huelga de Fariñas y los acontecimientos que están teniendo lugar han puesto a Cuba, por primera vez en cincuenta y un años, ante la mirada compasiva del mundo. Que no sea esquiva nuestra mirada por comodidad o apatía.

Siempre me he lamentado de que nadie escuchaba, de que nadie se interesaba realmente en el drama de un pueblo secuestrado por dos delincuentes con aureola de revolucionarios. Me he quejado muchas veces, con amargura, de este secuestro que ha sido posible gracias a la complicidad de muchos, antes y ahora, dentro y fuera de Cuba. Hoy, cuando la prensa comienza a tratar a los Castro y a su régimen como merecen, cuando los parlamentos comienzan a utilizar el lenguaje adecuado para esta dictadura, yo, que me he lamentado siempre de nuestra suerte, no voy a obrar con frivolidad.

Vivir es optar, decidir bien o mal ante esto o aquello. Nuestras vidas confortables, a pesar de la crisis, son vidas de reyes en comparación con las vidas de otros. No es mi intención orientar a nadie sobre lo que debe hacer, pero tengo el derecho de decir que no voy al Carnaval de la Calle 8, que no me parece correcto fiestear mientras hay cubanos en huelga de hambre, como último y supremo recurso para conseguir que el régimen respete su dignidad. No perdamos una buena ocasión de demostrarles a nuestros hermanos que nos interesa su suerte y que el mundo vea que tenemos vergüenza, que nuestras quejas no han sido vanas porque el dolor es cierto.

Testigos: Fallece en Pinar del Río la Dra. Rina Malo

Acuse de recibo: Lezama Lima, introducción al laberinto

sábado 13 de marzo de 2010

La cosa

Por Eduardo Mesa
http://www.lacasacuba.com/

Parece que la cosa se está poniendo mala, o peor, porque nunca hubo una moratoria para recoger armas de la calle, ni un play off de la serie nacional de beisbol por invitación. ¿Cuántos fusiles AK 47, cuántas pistolas modelo Makarov estarán escondidas en los solares y en los “llega y pon”, cuántas están en manos que ya no son confiables? Industriales y Habana tendrán que jugar en un pequeño estadio en San José de Las Lajas. La calle está caliente y es mejor evitar las aglomeraciones de público aunque sea en la pelota, los del D.O.R. con sus reportes diarios han alertado a la Seguridad del Estado.

El Departamento de Orientación Revolucionaria cultiva una subespecie de chivatones hormiga que salen cada día a tomar el pulso, a medir la temperatura de destemplanza o fiebre en la ciudadanía. Migdalia era del D.O.R., salía temprano con su pantalón de láster a montarse en las guaguas, a pegarse a los kioscos de prensa, a chacharear un rato en la bodega, era una mosca o una cucaracha, fue injusto de mi parte comparar su laboriosidad con la de una hormiga. La gente va cogiendo el rostro de su oficio, por eso hay quien tiene cara de médico o de cura, la cara de informante del D.O.R. también existe.

Migdalia tenía instrucciones precisas de no salir al paso a ninguna manifestación contrarrevolucionaria, no tenía que identificar al enojado ciudadano que se cagaba en la madre del Comandante en Jefe, para eso estaban otros, lo suyo era un reporte anónimo sobre las expresiones más comunes de disgusto y de rabia, dicho reporte incluía también observaciones sobre el lenguaje corporal de mujeres y hombres. Le pagaban sólo por eso, pero algunos vecinos sospechaban que ella no se limitaba a llenar cuestionarios y ejercía la chivatería a tiempo completo. Migdalia tenía hijos de un primer matrimonio, eran los más gusanos de una cuadra repleta de gusanos. Su segundo marido era un oficial de rango medio, vestido de aguacate todo el día, sin saludar a nadie.

Todos los hijos de Migdalia se han ido, viven en New York con su papá, un próspero empresario cubano americano. Migdalia se quedó sola con su marido, que ahora es oficial jubilado. Todavía sale a recorrer las calles, nadie sabe si es hábito u oficio lo que la impulsa a dar tan largas caminatas. Los que la conocieron en sus años de gloria la tratan con cuidado, sus hijos le mandan ropa, medicinas, dinero para mitigar la pobreza en que vive a pesar de su extensa hoja de servicios. Ella, aunque los retuvo en aquel infierno hasta que fueron mayores, sigue siendo su madre.

Al play off de Industriales y Habana no irán los fanáticos de siempre, el estadio de San José de las Lajas se llenará de trabajadores destacados del Blas Roca, militantes del partido o la tropa de choque del momento. La Habana está caliente, hay pistolas y fusiles perdidos que nadie va a entregar.

“La cosa” se está yendo de las manos, es la muerte de Zapata Tamayo, negro, pobre, indefenso; son las muertes que esperan en una lista que amenaza con hacerse larga, perdónenme que insista: la cosa se está poniendo mala, la gente está cansada de vivir sin futuro, los de arriba lo saben, los informantes del D.O.R. ya han avisado.

miércoles 10 de marzo de 2010

AUTOBIOGRAFÍA DE GUILLERMO FARIÑAS HERNÁNDEZ - Misceláneas de Cuba

AUTOBIOGRAFÍA DE GUILLERMO FARIÑAS HERNÁNDEZ - Misceláneas de Cuba

En el blog de Sergio Lázaro Cobarrouy: Oremos por los huelguistas

Que los cubanos que usan la huelga de hambre como forma de reclamar derechos abandonen esa vía.

Que nadie considere deshonesto tratar de salvar la vida a una persona que quiere morir.

Que las voluntades de todas las partes coincidan en resolver las causas de esas huelgas por la vía del diálogo y la reconciliación.

Que nadie tenga a menos el sacrificio de los demás aunque discrepe de la vía.

Que los que amamos a Cuba, no dejemos de trabajar porque sea mejor

lunes 8 de marzo de 2010

Mujer

Gracias por tu amor

tus brazos abiertos

y el arte de saber qué hacer con la miseria

que traigo a casa en las tardes sin sol y sin aire.

Gracias por la paciencia, los hijos, el amor,

el consuelo y la mañana.

Perdona cuando no llego a tu altura

y reza por mí,

tú que sueles estar más cerca de Dios.

http://creerencuba.org/blog/wordpress/
Blog Creer en Cuba
de Sergio Lázaro Cobarrouy


El Granma publica la condena a muerte de Guillermo Fariñas

Cuba no acepta presiones ni chantajes

jueves 4 de marzo de 2010

Yoani Sánchez y el cerco de la envidia

Por Eduardo Mesa
http://www.lacasacuba.com/

Yoani es una bloguera, una mujer que escribe crónicas con el puño, tiene de isla y de abismo, aventura de ensoñación y vértigo. Fidel y Raúl le pegarían con gusto un cabillazo: quién la manda a decir lo que piensa, a colarse en las columnas de los diarios, en las portadas de influyentes revistas. Ya ensayaron la primera paliza, ya buscarán el modo.

El peligro del golpe, del secuestro diario, del interrogador con nombre de novela no es el único, también está la envidia, ese animal silencioso que habita en todas partes, su dentellada alcanza la piel del trapecista, la sotana del santo.

Los artistas y los políticos padecen la envidia con más frecuencia que otros, al fin y al cabo construyen sus criaturas con el mismo barro.

El cerco se cierra, la serpiente va hilvanando el círculo, espiral engañosa de su abrazo. El veneno no suele tener nombre, a veces queda el rastro de una letra pero no es suficiente.

Yoani, sabe o debe saber, que los perros cumplirán con su oficio, son los perros del amo. Sabe o debe saber, que los boleros suelen tener razón cuando nos cuentan que este mundo es ingrato. Casi nadie es profeta para los suyos mientras vive. Pocos celebran el éxito ajeno, sobre todo si se trata de un éxito inesperado y rotundo.

Esta mujer tiene encima los ojos de la noche, se cierra sobre ella el cerco de los perros y el de la envidia, vivir es un asunto de vida o muerte.

martes 2 de marzo de 2010

lunes 1 de marzo de 2010

Carta abierta del Panga, amigo de Yeyito el pintor, sobre los cinco espías y las licencias de la Ciudad de Miami

Estimados compatriotas:

La justicia Americana debía revisar el caso de los cinco “héroes”, espías de Fidel Castro. Mi socio Yeyito el pintor, estaba presente el día que ellos solicitaron en la Ciudad la licencia para espiar y los burócratas no se la dieron. Es verdad que no les dijeron “no se la vamos a dar” pero les pidieron pruebas de que habían trabajado durante dos años para una compañía y un afidávit de un contratista. ¿Y qué Agencia de Inteligencia te va a dar pruebas de que tú trabajas con ellos? ¿Qué espía le va a dar un afidávit a otro espía? Son las cosas de la burocracia que está matando a este país.

Yeyito lo sabe porque él lo presenció todo y después cuando entró a la oficina de la Ciudad para solicitar una licencia de pintor de brocha gorda le dieron las mismas planillas que a los espías; cuando preguntó si eso era todo le respondieron que esos requisitos no significaban que el otorgamiento de la licencia fuera algo seguro: el Board tenía que reunirse dentro de tres meses y examinar las solicitudes de licencias.

Todos salieron de allí cabizbajos: Yeyito y los trescientos cuarenta y cinco espías que estaban pidiendo su licencia ese día, de los cuales cinco están presos, diez colaboran con la justicia americana y los otros trescientos treinta están en la calle y ejercen el oficio por la izquierda. Mi amigo Yeyito y los espías contemplaron en aquella ocasión la posibilidad de comprar las pruebas de que trabajaron durante dos años para una compañía y comprar también el afidávit, pero eso les pareció una ilegalidad aun mayor que pintar y espiar por su cuenta.

Es por eso, estimados compatriotas, que espías y pintores andan con los carros sin rotular, es nuestro deber acabar con esta carga de regulaciones para que las pequeñas empresas salgan adelante, para que los espías puedan realizar su trabajo legalmente. El pobre Yeyito está angustiado con esto, el otro día fue a dar un presupuesto en Coral Gables y enseguida tenía un inspector al lado. Oiga, si las agencias de inteligencia trabajaran con la eficacia de los inspectores de Coral Gables yo le aseguro a usted que aquí no espiaba nadie. Ni te digo de los que ponen bombitas, ni cosas por el estilo; con los inspectores de la Ciudad estaban presos ya.

La gente en Cuba no sabe lo difícil que es esto, hasta para chivatear hay que tener licencia. Cuando uno esta allá lo ve todo muy fácil, pero en Miami sí hay papeleo para cualquier cosa. Por no cumplir con el debido papeleo es que los cinco espías han tenido problemas con la justicia. No se registraron en el Condado y sin licencia no se puede espiar, ni pintar, ni “pressure cleaner”, ni nada de nada.

Para ser sincero aunque aquí hay sus trabas al final se resuelve, lo que pasa es que le vamos cogiendo el gusto a quejarnos. Cuando estábamos en Cuba no había pintura y si no anuncian pronto que Fidel se murió no va a quedar nada que pintar, eso sin entrar en el tema del espionaje, que si te cogen espiando allí vas a saber lo que es pan de piquito.

En fin compatriotas, por este medio los estoy exhortando para que hagan llegar sus protestas a Tallahase, que los políticos terminen de una vez con los abusos de la burocracia; a ver si se pueden conseguir las licencias sin tanta dificultad y el pobre Yeyito resuelve.

Por lo pronto los cinco espías van a seguir presos, ese es el riesgo que uno corre cuando hace las cosas sin licencia; es verdad que ellos cumplían órdenes, pero todos sabemos el dicho desde que éramos niños: “tanta culpa tiene el que mata la vaca como el que le amarra la pata”.

Sin otro particular

El Panga, amigo de Yeyito el pintor.

Eduardo Mesa
http://www.lacasacuba.com/

miércoles 24 de febrero de 2010

A los muertos de ayer y de hoy

Por Eduardo Mesa
http://www.lacasacuba.com/

Aidita siempre me decía que el Che era un asesino, yo iba hasta su casa en la calle Espada para pelarme porque en la Habana hubo un momento que no había barberos y a Lope el Palomero, mi barbero de siempre, le había dado un infarto.

El Che Guevara le mató el primer novio a Aidita, está de más decir que no podía ver al “guerrillero heroico” ni en pintura. Afortunadamente, Aidita estuvo varios años sin visitar mi casa, así no pudo ver cuando quitaron el Sagrado Corazón de Jesús y pusieron un afiche del Che. Yo me di el gusto de botar aquella foto años más tarde, de colocar otro Corazón de Jesús en la sala, aunque este no era tan lindo como el otro, que se deshizo de viejo en un armario.

Aunque a Aidita la gente no le hacía mucho caso, yo le creía. ¿Para qué iba a inventarse aquella historia? ¿Para qué iba a contármela? Rodeada por sus gatos, mientras me daba los cortes en la patilla con una navaja, hablaba a veces de su primer amor, con ira todavía y desconsuelo. El difunto Bobby era chofer de un patrullero, lo fusilaron en los primeros días, sin el debido proceso, como a todos. Puede que Bobby cometiera algún crimen, puede que no. El Che fusiló a muchos que eran inocentes y a otros cuyo único delito fue rebelarse ante el nuevo orden que se avecinaba, son crímenes que están documentados por instituciones y libros, son crímenes a los que nadie hace caso.

A veces me pregunto qué haremos con la estatua del Che cuando se caiga aquello, en Rusia hay estatuas que nadie quiere, pero al estar protegidas por las leyes que amparan a los monumentos, tampoco se pueden destruir; puedes comprar una cabeza gigante de Lenin y ponerla en tu patio, pero está prohibido convertirla en relleno para una cancha de tenis, lo mejor del comunismo son las herencias que deja. Aidita me confesó lo que haría con la estatua del Che que está en Santa Clara, la fundiría para hacer un tibor, estoy seguro que al tibor de Aidita no le faltarían usuarios, ni defensores.

Lo más grave de cualquier porvenir no es el destino de las estatuas candidatas a tibor o a gravilla, sino el olvido que confina a las víctimas. El olvido agravado en el tiempo, que las va relegando con fortuna a algún párrafo compartido con sus victimarios. No es ese el olvido que ayuda a sanar las heridas, es la arrogancia de pensar que el presente lo realizan sólo los vivos.

Aidita sigue en Cuba, nunca fue cederista, ni de la FMC, jugaba a la bolita, ponía La Voz de las Américas y Radio Martí a todo volumen, no tenía miedo de meterle un escándalo a la del Comité. Desde siempre ha vivido de sus oficios: costurera, barbera, zapatera; siempre al margen de la ley, siempre en Cayo Hueso, en la misma cuadra y en la misma casa. Dos de sus hijos están en Miami, pero en la Oficina de Intereses no le dan la visa para venir de visita. Ella me ha dicho que no se va a quedar y en esta ocasión también le creo, como muchos cubanos va esperar en Cuba su oportunidad. Sus hijos la quieren aquí, pero yo comprendo que no se quiera ir, ella ha esperado durante mucho tiempo para ver el final.

Yo, como Aidita, también creo que aquella dictadura está por terminar, ayer mataron a Zapata Tamayo, mañana matarán a alguno más, pero al cabo de 51 años todavía hay gente que no se resigna a huir, gente que lleva años soñando con derretir la estatua de Ernesto “Che” Guevara, para acabar con la maldad y sus símbolos, para vivir en paz.

Nota de dolor por la muerte de Orlando Zapata Tamayo





 

Nota de dolor

El PDC de Cuba comparte el dolor de todo el pueblo cubano por la perdida de la vida de Orlando Zapata Tamayo. Como resultado de una huelga de hambre de 83 dias en los que el gobierno le negó agua por 18 dias, falleció hoy el joven patriota/martir cubano. Nos unimos en oración por el descanso del alma de Orlando Zapata, y a traves de este medio compartimos con todos nuestros compatriotas, de dentro y fuera de Cuba, la admiración por una vida heróica, la indignación por todas las arbitrariedades e injusticias que no le dejaron otro camino que el martirio, y el profundo dolor que sienten sus familiares y amigos por esta pérdida, expresado por su madre: "me han matado a mi hijo".
Exhortamos a que nos den sus comentarios/opiniones sobre este hecho historico y testimonio de la grandeza humana en el martirio de Orlando Zapata Tamayo.
Marcelino Miyares
Presidente del PDC de Cuba
 

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lunes 22 de febrero de 2010

Evocación

A seis años de la muerte de Mons.Salvador Riverón
La Casa Cuba: Evocación

miércoles 17 de febrero de 2010

Crónicas de la República de Cuba

Por Eduardo Mesa

Hace unos días encontré en la biblioteca “Crónicas de la República de Cuba”, un libro de la profesora Uva de Aragón que recoge una serie de artículos periodísticos dedicados a nuestro Centenario Republicano. Aunque no son pocos los libros publicados en el exilio que abordan la República, desconocía la existencia de una síntesis de esta naturaleza, escrita sin pretensiones de estilo, con el propósito de la objetividad y el equilibrio.

Me entusiasma su hallazgo porque soy parte de una generación condenada a aprender una historia que se subordinaba a la ideología imperante hasta en los más mínimos detalles. En esos estudios la etapa que correspondía a la República era la más maltratada de todas. Uno de los símbolos más elocuentes de ese maltrato son los zapatos de Don Tomas Estrada Palma, lo único que quedó de su estatua en la Avenida de los Presidentes. La furia iconoclasta se encargó de destrozar estatuas mientras la “intelligentsia” revolucionaria reescribía una historia que padecimos sistemáticamente en las escuelas y en los medios de difusión masivos.

Aquellos textos de Secundaria y Pre-Universitario hablaban siempre de la “República Mediatizada”, “Neocolonia” o “Pseudo-república”; en ellos la gestión de nuestros presidentes se reducía al “entreguismo” y a la “botella”. Estos enfoques repetidos hasta el cansancio han dejado huellas: los he vuelto a escuchar en boca de amigos y conocidos, muchos de ellos contrarios al régimen desde su más temprana juventud pero intoxicados, muy a su pesar, por la propaganda; como dice el viejo adagio: “Calumnia que algo queda”.

En las páginas de “Crónicas de la República de Cuba” podemos ver que el “anexionista” Estrada Palma sólo autorizó dos de las cuatro bases militares que pretendían los norteamericanos, llevándose a cabo la construcción de una sola. Que a pesar de la corrupción en el gobierno de José Miguel Gómez, el país se modernizó y la economía creció de forma notable; que hubo prosperidad en el mandato de Alfredo Zayas y que nunca antes se habían respetado tanto las libertades como en el gobierno de ese político.

Una de las cuestiones más importantes de esta primera etapa siempre se soslayaba en nuestros planes de estudio: un país destruido por una guerra larga y cruenta logró recuperarse de un modo asombroso.

Esta crónica también nos invita a meditar sobre las contradicciones de nuestra historia, que no son pocas, un ejemplo de las mismas lo encontramos en el gobierno del Presidente Mario García Menocal , conocido como el “Mayoral” por su gobierno de mano dura y su talante conservador, lo que no impidió que durante su mandato las mujeres y los obreros obtuvieran reivindicaciones y triunfos.

Brinda la autora especial interés al Partido de los Independientes de Color (PIC) y a la llamada “Guerrita de los Negros”, llamándonos la atención sobre la crueldad de esos días. La discriminación racial es una herida que permanece abierta en la sociedad cubana, más aún desde que se instauró esa dictadura de blancos que rige los destinos de Cuba.

Reaparecen con otro rostro Machado, Mella, Guiteras, Grau, Mañach, Carlos Prío y otros, hombres que fueron enaltecidos o denigrados según las conveniencias de la mitología revolucionaria. Se valora con acierto la Constitución del 40, paridora de esperanzas y frustraciones, auspiciada por Fulgencio Batista, el hombre que no guardó el jacket y cometió el costoso error del 10 de Marzo. No falta la mención del Profesor García Bárcena, filósofo y poeta, quien planeó tomar la Fortaleza de Columbia con un grupo de jóvenes, anticipándose, en la locura revolucionaria, al día aciago del Cuartel Moncada.

Termina esta obra con un justo reconocimiento a los historiadores de la Isla, aquellos que han intentado, a pesar de las limitaciones, una nueva mirada a nuestra historia reciente. Falta, en este reconocimiento una mención a los considerables esfuerzos de la Iglesia Católica –patentes en infinidad de publicaciones y múltiples eventos- por redimensionar la experiencia republicana.

En el libro de Uva podemos descubrir que a pesar de las grandes dificultades que enfrentamos despues de una larga guerra por nuestra independencia, a pesar de nuestras miserias y de los errores que cometimos, no fueron pocas las ocasiones en que  hicimos bien las cosas, no pocas tampoco ni menos meritorias, aquellas otras en que hicimos lo mejor posible.

Uva de Aragón nos dice que la República es la gran desconocida, nos invita a aprender de la misma, ella sabe que la historia no se escribe en blanco y negro; por eso su crónica acentúa los matices y deja más preguntas que respuestas. Su libro me reafirma en la idea de que los jóvenes, y los que vamos dejando de serlo, tenemos la responsabilidad de indagar, de redescubrir la historia que arbitrariamente nos fue negada. En esas lecturas que nos ocultaron vive la República, un proyecto interrumpido, inacabado, un proyecto que debe realizarse alguna vez “con todos y para el bien de todos”.

Acuse de recibo: La Reconciliación es Necesaria e Inevitable

Acuse de recibo: La Reconciliación es Necesaria e Inevitable

Espiritualidad: Miércoles de Ceniza

Espiritualidad: Miércoles de Ceniza

martes 16 de febrero de 2010

Stasi-Minint Connection

Recomiendo la lectura del Blog de Jorge L García Vázquez, investigador independiente de los vínculos entre el Ministerio de la Seguridad del Estado de la ex RDA (STASI) y el Ministerio del Interior de Cuba (MININT). Autor de la Monografía: "Conexión La Habana-Berlin.Secretos de Estado y Notas sobre la Colaboración entre la STASI y el MININT". "The Havana-Berlin Connection: State Secrets and Notes on the Collaboration between the Stasi and MININT"

Link: http://stasi-minint.blogspot.com/

miércoles 10 de febrero de 2010

Acuse de recibo: Una denuncia del Movimiento Cristiano Liberación

Acuse de recibo: Movimiento Cristiano Liberación

Noches de Poesía con Joaquín Badajoz


 
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 Zu Galeria Fine Arts tiene el honor de invitarlos a Noches de Poesía  con el escritor Joaquín Badajoz.
 
 Viernes 19 de Febrero, 8pm
 
 Zu Galeria Fine Arts
 2248 SW 8th Street
 Miami, Fl 33135
786-443-5872
 
Joaquín Badajoz leera  algunos textos de los cuadernos inéditos Passar Paxaros, La inmortalidad  y Libro de las mudanzas; así como algunas cápsulas o microrelatos de Cabezas como dátiles ( Historias en busca de un autor).
 
 
Joaquin Bajadoz
 
 
 

Joaquín Badajoz. Escritor cubano-americano. Miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) y de la American Comparative Literature Association (ACLA). Miembro fundador de la Unión Católica de Prensa de Cuba (UCLAP-Cuba) y miembro de la UCIP. Es editor ejecutivo de Cosmopolitan en español y webmaster de cosmoenespanol.com. Miembro del consejo editorial de Glosas (ANLE). Fue fundador de los Cuadernos de arte y teoría de la cultura la gaveta, miembro del consejo editorial de Ediciones Hermanos Loynaz (Cuba), Cuadernos de ALDEEU, de la Asociación de Licenciados y Doctores Españoles en Estados Unidos (EE.UU.) y del consejos de redacción de VITRAL (Cuba). Ha publicado ensayos, reseñas, crítica de arte, poesía y narrativa en varias revistas de EE.UU., España, Francia, México, Panamá y Cuba. 

 
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miércoles 3 de febrero de 2010

Mazorra

Por Eduardo Mesa
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Calamar, calamar Sal del Mar ¿No ves que la vaca embiste? Pues vuelve a entrar

Con estos versos se presentó, cabía suponer que era un bromista, pero el autor de aquel poema insólito pintaba en serio la obsesión de un atardecer violeta y ángeles caídos. Lino era consciente de su mal, cuando la esquizofrenia estaba a punto de vencerlo preparaba su maletín para irse a Mazorra. Después, al cabo de unos meses, estaba de regreso: “¿Lino dónde estuviste?” “De vacaciones con el Dr. Ordaz señores, de vacaciones” y no quedaba más remedio que reír con aquel hombre.

Lino vivía en una casona construida en los años veinte, que conservaba las rejas de entonces y una mecedora en el portal. En la barriada del Cerro, en una de esas cuadras de aceras anchas donde la gente saca una mesa de dominó y juega en la calle. Su madre anciana lo acompañaba en aquel bullicioso retiro.

A esa misma casa llegaron a buscarlo, tocaron a la puerta y cuando salió lo montaron en una guagua Girón, de las que usaban en las becas y en las escuelas al campo. La guagua estaba llena de gente extraña, iban para el Mariel, desde donde embarcarían hacia Miami. La madre de Lino no estaba en la casa cuando se lo llevaron, ningún vecino se atrevió a hacer nada.

La guagua siguió su recorrido, todavía quedaban asientos vacíos y en otras paradas recogieron gente. Lino estaba mareado de tantas vueltas en aquella guagua apestosa, estaba asustado. En algún punto, antes de que salieran de la Habana, logró tirarse por la ventanilla. Los guardias lo vieron pero no pudieron hacer nada, no podían seguirlo con una guagua.

Lino no regresó a su casa, caminó hasta Boyeros, allí cogió la 76 que iba para Santiago de las Vegas y se bajó en Mazorra. El Dr. Ordaz lo recibió como siempre, le gustaban los cuadros de Lino, conservaba algunos. Ordaz le dijo que se quedara allí hasta que pasara todo, le dieron una cama y se quedó. Cuando cerraron el Mariel Lino volvió.

La madre de Lino hablaba bien de Mazorra, estaba más tranquila cuando él estaba allí. Ella creía que en aquel hospital su hijo estaba protegido y en su caso, quizás, era cierto. Mazorra tuvo un lado siniestro, de víctimas sin nombre, que Lino y su madre no conocieron.

Hace unos años murió Bernabé Ordaz, al leer la nota que publicó el Herald me acordé de Lino, de su confianza en aquel hombre. En estos días han muerto de frío más de cuarenta pacientes en el Hospital Psiquiátrico de la Habana, conocido popularmente como Mazorra. No sé si Lino estará entre ellos, probablemente nunca lo sabré; como es común en Cuba, no habrán listas, ni datos disponibles.

Lino, si vive aún, debe ser mayor. Su enfermedad era crónica, pero se iba amansando con los años, como se amansan los perros y los tigres. Puede que mi temor no sea cierto, puede que no haya regresado más a Mazorra y que esté en su casa del Cerro, envejeciendo a solas con su pelea de ángeles, en un atardecer color violeta.

domingo 31 de enero de 2010

La Base de Guantánamo

Por Eduardo Mesa
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Parece que Fidel, antes de morirse, dijo que la Base Naval de Guantánamo nos hería como un cuchillo en el corazón y la dignidad de los cubanos. Mi socio el Válvula no conoce esta frase, a él la herida se la hicieron intentando llegar a la Base, nunca me enteré bien de los detalles, pero sé que está vivo de milagro.

Después, en el Maleconazo se desquitó a su gusto. Yo no estaba en la Habana, pero la vieja me contó que el Válvula llamó a la casa para decirme que fuera para allá, que él estaba con otros volcando unas patrullas.

Mi socio el Válvula se fue con Ariel el Beluga y el Mapo en unas cámaras de camión que les conseguí. Nunca se imaginó que aquella Base, donde quiso entrar – y que según el Cadáver de Fidel es una herida- iba a ser su casa durante un par de años. Ahora vive en Miami, pero hace mucho que le perdí el rastro.

No sé cómo será el Válvula hoy en día, pero el de antes, se hubiera encabronado con la gente que quiere que los americanos suelten la Base. Y eso que nunca habló con Momblant, aquel viejito guantanamero que vendía cigarros al menudeo en el portal de la Iglesia del Carmen. Según Momblant la base trajo prosperidad a Guantánamo y más que quitarla -si él fuera el Comandante o el Presidente- lo que haría es alquilarla. Parece que Momblant, además de vender cigarros al menudeo, fungía como asesor de los alemanes, esos que le guapearon al gobierno de Bush para que no se llevara una de aquellas bases que se instalaron cuando la Guerra Fría. A lo mejor no fueron los consejos de Momblant y esos alemanes que protestaron eran unos entreguistas, y unos plattistas, y unos materialistas; pero en aquel pueblo de Alemania la Base era el sustento de miles de familias.

Visto lo visto no sé qué será lo mejor, si quitar esa Base Naval de Guantánamo para lavar la honra del Ejército Libertador –como me dijo un día el fallecido Agapito Menéndez- o alquilar más terreno para otras Bases y sacar un dinero, que falta nos va a hacer.

Habrá que ver, habrá que consultar a los estudiosos del Derecho Internacional para que dictaminen sobre materia tan farragosa y hacer un referendo donde decidiremos, soberanamente, qué hacer con la Base; aunque lo más probable es que cuando llegue ese momento tan democrático los americanos salgan corriendo de allí sin esperar a que se lo pidamos, ahorrándonos la jurisprudencia y la polémica.

En fin, compatriotas, cualquiera sabe lo que nos tiene reservado el futuro, lo que si me gustaría mucho es saber del Válvula; si alguien lee estas líneas y sabe de él, que por favor me avise.

jueves 21 de enero de 2010

Tarzán y Luis

Por Eduardo Mesa http://www.lacasacuba.com/

 Tarzán era bajito, el tipo chiquitico que hace pesas para ponerse fuerte, que aprende artes marciales para que no lo abofeteen cada dos cuadras. Cuando lo conocí manejaba un montacargas y vestía como un ranger, era un Rambo cubano con botas "Centauro" que descargaba una rastra cargada de bovinas en tres cuartos de hora.

Tarzán "explotó" porque tenía una fábrica de velas con unos socios, lo agarró un patrullero descargando dos toneladas de parafina en un solar. Se pasaba el día ofreciendo las velas en el trabajo: “oye tengo velas, para los santos y los apagones”.

Le echaron varios años para cumplirlos en el Combinado. Se destacó pronto en el “Tanque” repartiendo estrallones. Lo sacaron de allí porque el MININT buscaba entrenadores para la PNR. Tarzán terminó trabajando en la Unidad de Zanja.

Luis era diferente, era un hombrón que imponía respeto con su presencia. Vino muy joven para La Habana y desde entonces fue carnicero. Un día me reveló uno de los secretos de su oficio: el truco de la merma. Los carniceros pesaban el rollo de papel para envolver la carne, 30 libras de papel, 30 libras de carne que sobran.

Luis siempre quiso tener un Chevrolet, se compró el modelo del 52, no había pasado un mes cuando llegaron con la orden de registro. Aunque no le pudieron probar nada, lo condenaron por "convicción", tuvo suerte y fue a dar a una "Granja". Lo sacaban a cortar caña, pero no estaba en régimen de cárcel, su mujer le llevaba una "jaba" cada 15 días. A los pocos meses Luis tenía rendimiento de machetero millonario, al año era Vanguardia Nacional del Trabajo.

A finales de Abril la mujer de Luis, amiga de mi madre, llamó a mi casa. Luis, por ser Machetero Millonario, iba a estar en la Tribuna del Primero de Mayo en la Plaza. Aquel Primero de Mayo vimos a Luis en la Televisión, con sombrero de guano, un pullover naranja con la efigie de Lázaro Peña, en su pecho brillaba una medalla de Vanguardia. Después del acto regresaría a la “Granja”, se le veía tranquilo como siempre.

En la silla de al lado se sentó un joven oficial del MININT, algo pequeño para su oficio. Cualquiera afirmaría que aquellos hombres tenían poco en común, así también lo pensarían ellos que apenas se saludaron. Aquel oficial del MININT era Tarzán, un Rambo cubano fabricante de velas, que por otra sinrazón del destino, también estuvo en la Tribuna de aquel Primero de Mayo en la Plaza.

jueves 14 de enero de 2010

Jochimón (Segunda Parte)

Por Eduardo Mesa
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En Febrero hará un año que llegó Jochimón, ya no piensa en traer a la novia políglota que se quedó en la Habana y se mueve por todo Miami en un Honda del 99 que pagó cash con sus ahorros. El otro día lo vi con la vecinita Hana Montana por Main Street en Miami Lakes, pero seguí de largo porque alguna vez aprendí que el onceno mandamiento es “no pasmar”. Sé que le manda dinero a su madre y que piensa viajar pronto a la Isla, siempre le causa asombro mi temor al regreso.

 Jochimón ya domina los términos, los tópicos, las nuevas frases hechas y repite consignas del mercado con la misma indolencia con que una vez…. ya saben. El hombre nuevo, es el nuevo cliente de los vendedores, por eso a la semana ya tenía trabajo en la televisión Carlos Otero, no es cierto que en inglés los programas de entretenimiento sean mejores, los mercaderes han encontrado el queso que gusta a estos ratones. De cualquier forma, a él nadie le ha mostrado otra cosa; para una buena parte de esta gente que llega, ser cubano es ser chévere, resolver, buscar el billete y en el primer chance que tengan volver, allá están la familia, los socios y una novia políglota que espera en la estación.

Aquí hay quien se pregunta qué hacer para llegar a Cuba, pero Cuba llega a aquí todos los días y preferimos ignorarla. No es fácil la cosa porque Jochimón no está solo, en Miami están la mayor parte de los socios de la escuela y del barrio, tienen su propio ambiente, su propia nostalgia y les da lo mismo tomarse una Heineken con Max Lesnik que con Pérez Roura. Nadie quiere coger el toro por los cuernos, que es entrarle a esta parte de la nación cubana con algo más que los conciertos que prepara Hugo Cancio o con discursos que no les dicen nada.

Ni la Iglesia sabe qué hacer con esta gente, que cree en la Caridad, en Santa Bárbara, que recibió el Bautismo en los ochenta y acaso sabe rezar el Padre Nuestro. Gente que no es católica a la usanza de aquellos que llevaron las antorchas en aquel Congreso del 59, aunque después la Iglesia quedó a oscuras, con Luz pero sin luces.

El pobre Jochimón no sabe que su estampa provoca este monólogo, debía preguntarme qué haría él si supiera mis elucubraciones. Mientras yo me decido a hablarle de estas cosas, Jochimón prepara su primer viaje a Cuba, de lo que lleva en sus maletas poco es nuestro, pero él no lo sabe, ni le importa. Su pasaporte azul llegó hace una semana, me explica que “cualquiera” puede viajar a Cuba, con este pasaporte “habilitado".

Adjunto Jochimón (Primera Parte) http://www.lacasacuba.com/2009/02/jochimon_6203.html

martes 12 de enero de 2010

Don Pedro Herrera

Me avisa José Ignacio Padilla que en la mañana de ayer lunes falleció nuestro amigo el historiador Pedro Herrera. Don Pedro, como comúnmente lo llamaba, era una persona admirable. Sus conocimientos sobre la historia de Cuba y en particular sobre su amada Villa de Guanabacoa eran asombrosos, su perseverancia en la animación de la Adoración Nocturna, un movimiento tenido a menos por algunos católicos, revelan su espiritualidad profunda y su fortaleza de carácter. Deja una obra que permanece en parte inédita pero que algún día se conocerá como es debido. Fue condecorado hace pocos meses con la Cruz Pro-ecclesia et Pontifice, me alegra que haya recibido este homenaje en vida, honrar honra.

lunes 11 de enero de 2010

XI Congreso del Partido Demócrata Cristiano de Cuba

El pasado sábado 9 de enero participé como observador en XI Congreso del Partido Demócrata Cristiano de Cuba. Fue un buen momento para encontrar viejos amigos y conocer de cerca a este partido político. El PDC fue fundado hace 20 años y ha sufrido –como otros grupos políticos del exilio- el embate del tiempo. La reflexión de este XI Congreso reconoce los fracasos, valora los éxitos y mira el futuro con humildad pero con voluntad de permanencia y crecimiento. Adjunto nota de Diario de Cuba para los que deseen conocer los detalles: http://ddcuba.com/cuba/noticias/2010/marcelino-miyares-regresa-la-presidencia-del-partido-democrata-cristiano-de-cuba

martes 5 de enero de 2010

El libro de Juanita Castro


Por Eduardo Mesa
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Después de leer una biografía del Papa Alejandro VI asumí para siempre una de las conclusiones de su autor, ese genio olvidado que fue Orestes Ferrara: la historia de una familia no debe ser construida solo con testimonios de sus enemigos. Es por eso que me animé a comprar el libro de Juanita Castro “Fidel y Raúl, mis hermanos”.

Es cierto que este relato de familia contribuye a demoler lo poco que va quedando del mito fidelista. En el libro de Juanita, Fidel Castro aparece tal cual es: un narcisista capaz de cualquier cosa por alcanzar el poder y permanecer en él, un sujeto con una manifiesta incapacidad de amar a nadie que no sea él mismo, alguien insalvable ante el juicio de la historia. Con Raúl, sin embargo, no ocurre lo mismo, el querido “Muso” se presenta como alguien sensible, tierno con la familia, razonable, práctico, arrastrado por el Máximo Líder a esa locura de poder y de sangre llamada Revolución. El Raúl de Juanita es alguien que torció el rumbo por culpa de su hermano, alguien recuperable si condujera una transición democrática en la Isla, una visión coincidente con la que se ofrece en el libro “Después de Fidel: La Historia Íntima del Régimen de Castro y el Próximo Líder de Cuba” escrito por Brian Latell, quien fuera hasta hace unos años el máximo oficial de inteligencia a cargo de Cuba y Latinoamérica.

Juanita nos describe el matrimonio de sus padres y la vida en Birán de un modo idílico, algo que contrasta con lo que comúnmente se ha contado de ese lugar y de los personajes que lo habitaron; no soy quien para desmentirla, pero me inclino a pensar que la verdad debe andar extraviada en un término medio entre la habitual descripción de su padre Ángel Castro como un terrateniente español sin escrúpulos y la definición franciscana “de que Ángel era el hombre más bondadoso del mundo” que nos reitera la protagonista de este largo relato.

De cualquier modo, lo que seguirá alimentando la curiosidad de profesionales de las ciencias sociales, periodistas y escritores del mundo entero es el hecho histórico que de allí, de Birán, salieron dos sujetos capaces de secuestrar un país entero y cometer sin el menor asomo de pudor o de duda tantos crímenes. No obstante, es comprensible que al final de su vida Juanita se decida a contar su verdad, a contrarrestar lo que ella asume como un escarnio a la memoria de sus padres y abuelos. Es una pena que varios de los aludidos en su libro – que pudo ser publicado antes según su autora- no vivan para leerlo, me hubiera gustado conocer la reacción de algunos, en especial la de Orlando de Cárdenas a quien se deja en el papel de “chivato” sin otro fundamento que el rumor y la sospecha. Alguien que reclama respeto para los suyos debió tener cuidado con estos detalles.

Un dato curioso es que en estas memorias se contradice la versión del comandante Hubert Matos de que Camilo Cienfuegos no era comunista, de que Fidel sintiera celos de este o lo percibiera como una amenaza que al fin le costaría la vida. Juanita afirma que Camilo estaba influenciado por la ideología de sus padres a quienes identifica como militantes del Partido Socialista Popular; para ella, según su experiencia y conocimiento, Camilo se hubiera plegado a cualquier deseo de Fidel y nunca lo hubiera enfrentado, por eso se inclina a pensar que la muerte del comandante Cienfuegos se debió a un accidente fatal.

Su retrato del Che, de Almeida, de Celia y de otros que han sido presentados como héroes de gesta, nos revela la verdadera naturaleza de estos personajes, algo de agradecer para el provecho de las generaciones presentes y las venideras. Su forma de narrar los acontecimientos, escritos con oficio por la periodista María Antonieta Collins, alcanza la verosimilitud necesaria para un libro como este, donde debe ser muy difícil para su autor -como reza el refranero popular- ser juez y parte.

Amparada, en la verosimilitud que el libro alcanza, se concita la idea de que todos los Castro no son malos, o para ser más exacto, que uno solo es el malo y que las nuevas generaciones nada tienen que ver con las anteriores: que la “musita” Mariela es rebelde como su tía, que hay muchos Castro dispersos por el mundo y que son honrados y prósperos. Esta es una reflexión oportuna cuando el cadáver de Fidel se demora en escoger mortaja y se terminan de atar los cabos para una sucesión que se enfoca peligrosamente en los más jóvenes, quienes participan cada vez más activamente en la dictadura de sus padres. Para Fidel y Raúl pocas cosas serian más gratificantes que una dinastía de longevidad borbónica.

No creo que la justicia del futuro alcance a los hijos de Fidel y Raúl, les agradecería que un día no muy lejano se vayan para siempre, que gasten el dinero en Ibiza, que se construyan hermosas mansiones en la Coruña, que vivan como príncipes, eso sí, lejos de nosotros. Ni un ápice de mí se molestará en ellos, ni creo que a mucha gente le interese seguir el rastro de sus fortunas. Los próximos gobiernos democráticos no querrán gastar lo poco que habrá en sus arcas en perseguir el escurridizo rastro que dejan los millones perdidos por los hermanos Castro y sus descendientes.

Los esfuerzos de Juanita Castro por liberar a Cuba de una dictadura encabezada por sus dos hermanos merecen nuestra admiración y respeto, su testimonio resultará valioso para historiadores y bibliógrafos. Yo conservaré su libro como conservo otros, no lo extrañaré si lo pierdo, no tanto al menos como esa biografía de Orestes Ferrara sobre Alejandro VI que leí hace años, un libro con hermosas capitulares, encuadernado en piel, como era usual en esos libros viejos.

martes 29 de diciembre de 2009

Carlos Eloy

Les recomiendo la web del pintor Carlos Eloy, un viejo amigo.

jueves 22 de octubre de 2009

Manolito el bisco

por Eduardo Mesa
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Daniel el gordo, Argudín y yo le dijimos a Manolito el bisco que el cometa Halley iba a chocar con la tierra; al otro día Elodia, su mamá, nos andaba buscando porque el bisco no quería salir de la casa de lo asustado que estaba. Tuvimos que ir a verlo y asegurarle que el choque iba a ocurrir dentro de tres mil años y en tres mil años él ya estaría muerto, entonces el bisco salió otra vez pero miraba el cielo con desconfianza.

El bisco era así, y nosotros lo fastidiábamos con cualquier cosa, pero no era un trajín, si el bisco se berreaba había que correr porque era un mulato grande, con los brazos y las patas largas. La madre de Manolito el bisco, Elodia, era una negra fina, con peluca y tacones todo el tiempo, el padre se llamaba Manuel Ortega y era un hombre severo, muy callado, que había sido chófer de una patrulla en tiempos de Batista. En la cuadra muy poca gente conocía esta historia, yo lo sabía porque mi tío Rubén fue su compañero y vivía en Miami desde el sesenta y pico.

Ortega siempre me saludaba y me decía cuídame a Manolito. Tú le caes bien al viejo me decía el bisco y yo sabía que era verdad. Los Ortega me conocían desde que nací, como se conoce la gente en los barrios y en los pueblos. Cuidar a Manolito no era tarea fácil, una vez nos fuimos al zoológico y el bisco comenzó a tirarle piedrecitas a los cocodrilos que parecen estar quietos. El bisco cada vez se inclinaba más para tirar las piedras con su estatura larga y sus espejuelos fondo de botella se le resbalaban, no sé como pero un cocodrilo saltó y yo ví que la boca del animal se cerró cerca de las manos del bisco, le metí un halón por la camisa y él todavía trataba de fildear sus espejuelos de palo.


¿Manolito y tus espejuelos? preguntó Elodia que estaba en la bodega cuando llegamos, se le cayeron en la jaula de los cocodrilos dijo Daniel el gordo que vino todo el viaje llorando de la risa. No fue la única vez que se perdieron los fondo de botella de Manolito, hubo que bucear en el Malecón y explorar los terrenos de la Montaña Rusa en el Coney Island hasta que decidió amarrárselos con un cordón y entonces las pérdidas fueron menos frecuentes.


Los Ortega vivían con sigilo porque el viejo Manuel, además de tener su pasado, hacía zapatos. A veces se sentía el olor de la cola y el bisco entraba a avisar a su padre para que cerrara la ventanita del taller clandestino. El azar y la Reforma Urbana le colocaron a la Rubia segurosa frente por frente, en unas accesorias donde también vivía el chivatón Arsenio con su querida. Pero Arsenio nunca se encarnizó con los Ortega, la Rubia en cambio no los soportaba, ella venía con su traje del MININT en la tarde y el bisco, que siempre estaba sentado en el quicio de su casa a esa hora, la veía llegar y la miraba con las pupilas dilatadas de asco.


La Rubia sabía que era el bisco quien le escupía la puerta dejando unos gargajos que emulaban la densidad de la Via Lactea. El bisco sabía que por culpa de ella les habían metido un registro en la casa, por suerte el viejo Ortega se olió el pase y logró sacar antes los rollos de piel y la garrapata.


Al bisco le gustaba la música y bailaba bien, me tenía loco con la música disco, al fin Ortega y Elodia, que buscaban los pesos debajo de la tierra, le regalaron una grabadora cuando cumplió los dieciséis, desde entonces el bisco pasaba todo el día con la música puesta y nos llamaba cada vez que grababa un cassette.


Una tarde, mientras el bisco tenía a todo meter la grabadora tocaron a la puerta, eran el jefe de sector y la Rubia. En ese mismo momento llegó Ortega, todo era por la música pero el viejo pensó que era un registro, se puso muy nervioso y regañó a Manolito delante de todos. Al poco rato se sintió mal, llamaron a Isabel, la enfermera que vivía en la esquina, ella le tomó la presión y comenzó a gritar que buscaran un carro. No llegó al hospital, se murió antes, yo alcancé a verle por la ventanilla.


Llegamos a la funeraria como a las ocho, el bisco había buscado una silla y estaba de espaldas mirando a la pared. Elodia me dijo que no se había movido de allí en todo el día. No me atreví a acercarme, Daniel el gordo y Argudín tampoco se atrevieron. En el entierro vi que lloraba con los puños cerrados, eran casi las once cuando salimos del cementerio.


Al día siguiente no vimos al bisco, ni al siguiente, ni al otro y casi pasó una semana sin que lo encontráramos, el Lunes me llené de valor y fui a verlo, le dije que saliera, que el cometa Halley regresaría en tres mil años, sonrió sin ganas pero me abrió la puerta, hablamos un rato y a modo de despedida me prestó unos cassettes que me gustaban.

El bisco no volvió a poner la grabadora, de vez en cuando salía con nosotros pero siempre estaba en otra parte, con el tiempo él y Elodia se fueron a vivir al Vedado porque ella le limpiaba a una señora mayor que estaba sola y cuando la mujer no pudo valerse la cuidaron entre los dos para que les dejara la casa.

Elodia le dejó la casita ¨de toda la vida¨ a una prima suya, ella se daba su vuelta por el barrio a visitar la prima, pero después de la muerte de Ortega parecía un fantasma. El bisco se quedó en el Vedado, supe que al fin le pusieron lentes de contacto, nunca más regresó a visitarnos.

jueves 27 de agosto de 2009

El Buda

Por Eduardo Mesa www.lacasacuba.com Ayer soñé con el Buda de Tati, que me acercaba a tocar su barriga de porcelana y me miraba. No recuerdo cuándo descubrí que aquel chino gordo era la imagen de Buda.
Tati era un erizo pero yo tengo suerte para los erizos o acaso soy uno de ellos y no me he dado cuenta. El día en que por poco me dejan con siete dedos ella llegó al hospital primero que mami, mientras los enfermeros me echaban en la mano derecha litros de alcohol y agua oxigenada la vi entrar por la puerta. Nunca le pregunté cómo llegó tan rápido. Después vino casi todos los días a hacerme la visita hasta que me botaron del hospital 21 días después.
No le gustaban los animales pero su hijo Carlitos le coló una gata en la casa, Tati fue su verdadera dueña, le puso Reina y vivió como tal. Ella le compraba unas cajitas de picadillo de pescado que vendían en la pescadería del derrumbe del teatro Shangai. Después trajo otra gata que se llamó Milagro porque la recogió muerta de hambre y "se salvó de milagro".
Nunca cocinó bien, hay gente que no aprende nunca a cocinar, antes de que Fidel llegara a La Habana Tati tuvo un empleado que iba a la casa y realizaba parte del trabajo doméstico, su mamá cocinaba, su esposo Manolo traía la comida o salían a comer. Manolo era jefe de despacho del Ministro de Comunicaciones, los ministros cambiaban pero Manolo por su probidad y competencia permanecía. Tati y Manolo vivían holgadamente pero sin lujos, Manolo tenía delirio con ella y quizás por tener tantos mimos, Tati no aprendió a cocinar.
Carlitos se parece a Manolo en el físico pero tiene más de Tati en el carácter, heredó de ella la tenacidad ante el propósito: una vez, cuando nadie lo hacía, se empeñó en ver los canales de afuera. Yo pensé que no lo iba a lograr pero hurgó en todos los barrios de La Habana y consiguió la dirección de un hombre que fabricaba unos engendros giratorios que cogían los canales. La antena se alzaba de una planta baja a un cuarto piso, se orientaba con un sistema de polea y manigueta, pero a veces el sistema fallaba y había que recurrir a la orientación manual, entonces Carlitos me daba un grito para que le orientara la antena.
Carlitos me fastidiaba mucho con la antena, pero en mi casa no había teléfono y yo usaba el de casa de Tati. Bajaba a cualquier hora a llamar o daba ese teléfono para que me llamaran, mi hermano y yo teníamos ese privilegio que ella no otorgaba, muy pocos tenían vía expedita en su casa de erizo.
En el despacho de Manolo quedaron unas botellas de Oporto que nos bebimos años después de su muerte, todavía estaban buenas y eran de la cosecha del cincuenta y tantos. Manolo tenía afición por la historia y José Luciano Franco el biógrafo del general Antonio Maceo iba a consultarle con frecuencia. No sé que habrá hecho Carlitos con su iconografía de la Guerra con fotos de toda la oficialidad mambisa, ni con el sable toledano -que yo imaginaba- trofeo de algún pariente mambí de Manolo y que me hubiera gustado tener.
Tati sobrevivió a Manolo y murió en los noventa. Algo de mi vida murió con ellos y con ese edificio de Escobar y Zanja que visualizo cuando pienso en mi casa.
Carlitos vive en Miami y nos hablamos a cada rato, de algún modo logró traer el Buda que permanece en mis sueños, me ha dicho que adorna la sala de su casa, sé que me llamará cuando lea esta crónica.

lunes 27 de julio de 2009

Se va otro de los buenos

Leo con tristeza que el cineasta Roberto Fandiño ha muerto. Un buen amigo, cubano universal, nos deja. A veces me pregunto por qué se van los que no deben irse y los que deben irse no se van. En La Habana, en Matanzas, en cualquier parte de la Isla, "lo menos tierra de la tierra", el día de la Libertad nos vemos. Pueden leer el obituario en cubaencuentro.com: Fallece en Miami el cineasta y crítico Roberto Fandiño - Noticias - Cultura - cubaencuentro.com

lunes 13 de julio de 2009

En memoria del P. Mariano Arroyo

Hace unas horas Jorge Díaz, periodista de Radio Paz, me hizo saber que ha muerto el P. Mariano Arroyo. El P. Arroyo, de nacionalidad española, llegó a Cuba de mano de los Hijos de la Caridad con quienes tenía una gran amistad. Era un hombre sencillo y un trabajador incansable, un hombre entero. En estos momentos era Párroco de la Iglesia de Regla, fue Director del Instituto de Ciencias Religiosas y Asesor de la Pastoral de Trabajadores en el tiempo en que tuve el privilegio de trabajar con él. Todo parece indicar que sufrió una muerte violenta. Oremos por él y por los que han cometido ese crimen. Oremos por la Iglesia habanera que pierde a otro sacerdote, un hombre de Dios que lo dio todo por el Reino sin esperar otra recompensa que contemplar el rostro amoroso del Padre Eterno.

lunes 29 de junio de 2009

Memoria de Bauta

Por Eduardo Mesa
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 En un tiempo en el que las visitas no eran un inconveniente mi abuela visitaba a la familia sin previo aviso, siempre después de almuerzo porque en los años setenta el racionamiento ya era costumbre. Mi familia por parte de mis abuelos maternos es de Bauta y el domingo allá nos íbamos mi abuela y yo, como fiel escudero en el visiteo.

La ruta 43 tenía parada en Zanja, casi frente a la casa y en ella viajábamos hasta Marianao, después había que hacer la cola de la 99, la ruta que llegaba a Bauta. Me gustaba aquel viaje, casi siempre alcanzaba una ventanilla y podía mirar de rodillas la secuencia de una ciudad que todavía era hermosa. Después de Mariano venían La Lisa, Novia del Mediodía, Arroyo Arenas, Punta Brava y al poco tiempo se veía la Conaca, un tanque de hierro fundido que debió proveer de agua al pueblo y en unos minutos tocábamos la puerta de tía Yeya, primera y obligada visita.

Tía Yeya siempre tenía algún postre a mano, yo me felicitaba cuando había boniatillo y me acomodaba en un sofá para leer las historietas de Superman, el Fantasma, Mandrake el Mago y el Príncipe Valiente; alguna vez le pregunté por qué los periódicos de ahora no tenían muñequitos, por suerte existían aquellos libracos de mi tío Bebo, coleccionista de historietas, pintor de escenas taurinas y vestales, español y cubano.

Tío Bebo tenía una biblioteca de estantes de caoba con su tarjetero, tuvo una bodega que la escasez convirtió en guarapera y aspiraciones políticas, según me contaron. Hubiera sido un buen hombre público mi tío abuelo político con su bondad ordenada. Pero no pudo ser, pasó lo que pasó, perdió varias casas que tenía en el pueblo y perdió la bodega, aunque se quedó trabajando en ella hasta la jubilación. Conservaron la casa donde vivían, con sus libros y porcelanas, todo aquello detenido en el tiempo, aguardando.

Casi enfrente vive tío Chuti, el viejo militante del PSP, que combatió en Girón y fue herido en una pierna; sobrio te recitaba las cantinelas de manual y si se daba un trago comenzaban las dudas que suelen acompañar a los hombres honestos. Hoy, nonagenario, regresa a aquellos días en que los muchachones socialistas del pueblo pedían prestados al Padre Gayol los bancos de la iglesia para una reunión o cuando Mister Hedges, el americano dueño de la textilera lo iba a buscar para que regresara a sus labores de rotulista y no se metiera en problemas.

La pasión socialista de tío Chuti la heredó de su madre, mi bisabuela canaria Margarita Viña; una pasión socialista que no regresará a Cuba en mucho tiempo, que se alimenta de un odio viejo y se resiste a abandonar a España.

Salir de casa de Chuti, cruzar otra vez la carretera Central para subir por la calle lateral a la bodega del tío Bebo, atravesar la línea del tren, con las debidas y exageradas precauciones de mi abuela, que siempre mencionaba con nombre y apellidos alguna víctima ferroviaria. Entrar en un barrio más pobre, de casitas de madera pegadas unas con otras para llegar a casa de tía Tilita, la casita pobre con suelo de cemento lustrado, de limpieza absoluta. La tía viuda que conservaba la mandolina del difunto esposo colgada en la pared, que crió los hijos sola, trabajando.

Mi abuela miraba su reloj a cada rato, esto determinaba las últimas visitas, las menos imperiosas. Muchas veces llegábamos a casa de su sobrino Pepe, que vio el alunizaje del Apolo, que tocaba en un combo y criaba peces para sus hijos, hasta el último tramo de sus cuarenta años. Una tarde, en el cierre, le hicimos la visita a una hermana de mi bisabuela Margarita que alcanzó a vivir más de cien años, cuando la conocí todavía cosía las mejores guayaberas del pueblo, no recuerdo su nombre, sólo tengo la imagen de una viejita blanca en una mecedora.

Según las coordenadas finales del paseo, antes o después, siempre había que pasar frente al cine Suárez, frente a la Sociedad, cruzar por el parque de la iglesia que embelleció el Padre Gaztelu con obras de Portocarrero, Mariano Rodríguez y el escultor Alfredo Lozano. En el parque solía subir a la glorieta, gritar para escuchar el eco y visitar el busto de mi bisabuelo Carlos Valdés Rosas, recordatorio del maestro emérito, niño expósito. El bisabuelo fue muy querido en el pueblo, cuentan que su muerte provocó gran consternación y en su memoria una escuela pública lleva su nombre. Cuando triunfó la revolución quisieron cambiar el nombre de la escuela, pero la gente protestó y no lo cambiaron. Uno de los hijos del Maestro, mi tío abuelo René, escribió un libro de crónicas sobre Bauta, un libro que relata la vida de sus pobladores en los inicios del pasado siglo, las tertulias de los cafés, las bromas de entonces, un libro de tapas verdes que siempre estuvo en casa.

Al terminar la última visita, íbamos caminando hasta la terminal y en el camino mi abuela solía enumerar las tiendas y comercios que habían, los platos y postres que se servían en fondas y restaurantes, la variedad de revistas y periódicos locales, la textilera que benefició tanto al pueblo y el buen recuerdo de sus dueños americanos, la fábrica de fósforos, la ferretería el Candado, los San Román, los Maruri, los bailes, las fiestas y yo iba de la mano de mi abuela imaginando un paraíso, pregúntandome que había pasado con todo eso.

Para el regreso muchas veces alquilábamos un carro de Anchar en la piquera, los viejos carros de alquiler, una de las pocas actividades privadas que sobrevivieron a la confiscación revolucionaria. El viaje costaba dos pesos por persona y mi abuela me llevaba sentado en sus piernas para pagar un solo pasaje. Al regresar caía la tarde sobre el campo, con la sombra perfecta de los ficus que cubrían grandes tramos de la carretera central. Y después la ciudad de noche, el recorrido a veces laberíntico para dejar a los viajeros, bajarnos en Zanja y Cerrada del Paseo, caminar hasta casa, comer algo mientras se cuentan las incidencias del viaje y a dormir los niños, que después de un paseo siempre se acuestan con muchas más preguntas que respuestas.

domingo 14 de junio de 2009

Al profesor Luis Aguilar León

Por Eduardo Mesa

Profesor, juego la lotería cada mañana y la juego con fe, sé que algún día seré agraciado con el premio. Cuando esto suceda tengo entre mis planes financiar la cuarta edición de su libro: “Reflexiones sobre Cuba y su futuro”.

Quiero que todos mis amigos en Cuba lo lean, quiero que en cada biblioteca de barrio o de pueblo se encuentre un ejemplar disponible, quiero darme ese gusto ya que no tuve el inmenso placer de ser alumno suyo, de poder invitarle a un café en el Versailles y escucharle.

Sí profesor, me hubiera gustado ser su amigo –de algún modo lo soy y usted lo sabe- , su libro lo leo a cada rato y su prosa me inspira en este exilio de tierra firme.

En sus reflexiones he encontrado cabal respuesta a muchas preguntas sobre el destino, sin lugar a dudas trágico, de nuestra patria. En sus palabras está el diagnóstico y la cura, la introspección que conmueve, la verdad que lacera, la invitación a la esperanza.

Usted escribió: “Trabajen con igual fervor por el retorno a la patria y no se preocupen por cuando ha de llegar la hora del retorno. ¿O es que el amor tiene una cuota de tiempo y la esperanza un término fijo, y el deber un plazo limitado?”

Yo profesor no me marché de un lugar imperfecto preñado de esperanzas, no me marché pensando en el retorno. Me fui de un lugar triste, siempre triste, con más de pesadilla que de sueño. Me fui pensando en no volver jamás y sin embargo, algo tienen sus textos, su contagiosa entereza moral.

Su infatigable vigilia hace que Cuba se nos meta en la sangre con lo mejor de ella, con lo mejor de usted, que me conmueve.

Sí profesor, lamento mucho no haberlo conocido. En la librería de Ediciones Universal me contaron que era usted un asiduo visitante, que no dudaba en regalar una anécdota o una ocurrencia, que era usted un caballero.

Luis Aguilar León: un sabio, un caballero de Cuba.